jueves, 18 de junio de 2026

La mezquita aljama de Šiḏūna en el Muqtabis de Ibn Ḥayyān

Hace unos días, al conocer la noticia sobre la reciente traducción al castellano del Muqtabis II-2 de Ibn Ḥayyān, me reencontré con una de esas noticias que uno guarda desde hace años, casi dormida entre papeles, apuntes antiguos y lecturas de estudiante. La había visto hacía ya mucho tiempo, unos treinta años, cuando cursaba la carrera de Semíticas en Granada y empezaba a asomarme a las fuentes árabes de al-Andalus con esa mezcla de entusiasmo, torpeza y deslumbramiento que uno conserva de sus primeros años de formación.

Recreación por inteligencia artificial de la ciudad de Šiḏūna, a los pies de la Sierra de San Cristóbal

A veces las fuentes tienen estas cosas. Permanecen ocultas, calladas, como si no acabaran de encontrar su momento. Y de pronto, un día, vuelven a la luz. No porque no estuvieran allí, sino porque nosotros hemos aprendido a mirarlas de otra manera. La noticia en cuestión aparece en Ibn Ḥayyān dentro del pasaje dedicado en esa obra mencionada, el Muqtabis II-2, al cuidado que el emir Muḥammad I puso en completar y embellecer la ampliación de la mezquita aljama de Córdoba emprendida por su padre, ʿAbd al-Raḥmān II. Al ponderar la importancia de aquella gran mezquita cordobesa, el cronista recuerda que el emir ya había renovado otras mezquitas aljamas de al-Andalus. Y entre ellas cita, junto a Écija, la aljama de Šiḏūna:

والإمام ـ أصلحه الله ـ، فقد جدّد جامع إستجة وجامع شذونة، وعمر بيوت العبادة بكل جهة، فكيف بهذا المسجد العظيم الذي هو بيضة المسلمين في جميع سلطان الإسلام ـ أصلحه الله ـ وعماد مساجدهم وغيظ عدوهم؟!

«Y el imán —Dios lo proteja— ya ha renovado la mezquita aljama de Écija y la mezquita aljama de Šiḏūna, y ha restaurado las casas de culto por todas partes. ¿Cómo no habría de hacerlo, entonces, con esta gran mezquita, que es el baluarte de los musulmanes en todo el dominio del islam —Dios lo guarde—, el pilar de sus mezquitas y motivo de rabia para sus enemigos?».

La alusión es breve, pero tiene un valor enorme. Ibn Ḥayyān no habla de un simple oratorio rural ni de una mezquita secundaria, sino de un ŷāmiʿ, una mezquita aljama. Es decir, el lugar donde se celebraba la oración comunitaria del viernes y donde se pronunciaba la juṭba, acto religioso, pero también político, porque en ella se hacía visible la autoridad legítima del poder emiral.

Esta noticia encaja muy bien con lo que sabemos sobre la antigua cora de Sidonia. En algunos de mis trabajos defiendo que la capitalidad de esta circunscripción no fue estática, sino itinerante, sometida a reajustes internos entre los siglos VIII y X. La antigua Šiḏūna conservó durante la primera etapa emiral un papel principal, heredero en parte de la vieja centralidad tardoantigua y episcopal de Asido/Sidonia. Sin embargo, desde mediados del siglo IX, y especialmente tras las incursiones normandas de 844-845 y los cambios políticos posteriores, comenzó a percibirse el ascenso de otros núcleos de la cora, entre ellos Qalsāna y Šarīš, la Jerez andalusí. La aljama de Šiḏūna debe entenderse, por tanto, dentro de esa red religiosa, administrativa y urbana. Allí donde hay una aljama hay comunidad organizada, autoridad religiosa, predicación oficial y vida institucional. No se trata solo de un edificio, sino de un espacio en el que confluyen culto, derecho, poder y comunidad. Y esto se confirma por otra clase de fuentes: los repertorios biográficos andalusíes.


Ibn al-Faraḍī, en su Taʾrīj ʿulamāʾ al-Andalus, conserva varias noticias de hombres de religión, juristas, cadíes y responsables del culto vinculados a Šiḏūna y a su entorno. Sabemos, por ejemplo, que Muḥammad b. Yūsuf al-Ŷumaḥī, muerto en 886, dirigía la oración en Sidonia. Este dato resulta especialmente significativo a la luz del pasaje de Ibn Ḥayyān, pues el ṣāḥib al-ṣalāt, literalmente “encargado de la oración”, era el responsable del culto en la mezquita aljama: organizaba las oraciones colectivas, de modo especial la oración del viernes (ṣalāt al-ŷumʿa), y coordinaba al imán y al jatib, aunque según los contextos podía asumir él mismo una o ambas funciones. La aljama de Šiḏūna, por tanto, era un espacio vivo, con culto organizado y personal religioso encargado de su funcionamiento. A este dato se suma una amplia nómina de alfaquíes, muftíes, cadíes y consejeros jurídicos vinculados a Sidonia. 

Entre los alfaquíes aparecen ʿAlāʾ b. ʿAddī, que vivió en Patría —localizada en el actual término municipal de Vejer de la Frontera—; ʿUmar b. Mūsà al-Kinānī, Abū Ḥafṣ, muerto en 868; Qāsim b. ʿAsākir, Abū Muḥammad, muerto hacia 961; y Yūsuf b. Wahbūn, Abū ʿUmar, también residente en Patría. Todos ellos muestran que la cora era desde el siglo IX un territorio con hombres formados en derecho islámico, enseñanza y transmisión doctrinal. La lista de cadíes es aún más expresiva. Jalaf b. Ḥāmid b. al-Faraŷ b. Kināna al-Kinānī fue nombrado cadí de Sidonia por ʿAbd al-Raḥmān III, después de que el emir ʿAbd Allāh hubiera pensado incluso en promoverlo al cadiazgo de Córdoba. Sulaymān b. Bāŷ o Nāŷiḥ, muerto en 976, fue consejero del cadí, muftí y juez de Sidonia, Algeciras y Ceuta por nombramiento del propio ʿAbd al-Raḥmān III en el año 333/944-945. También ejercieron como cadíes de Sidonia ʿAbd al-Raḥmān b. Muḥammad b. Ṣāʿid b. Waṯīq, Abū l-Muṭarrif, muerto en el año 1000; ʿAbd Allāh b. Muḥammad b. Rabīʿ b. Ṣāliḥ b. Maslama b. Bannūš al-Tamīmī, que fue juez en Málaga, Sidonia y Algeciras durante el primer reinado del califa al-Mahdī; ʿAbd al-Wahhāb b. ʿAbbās b. Nāṣiḥ al-Ṯaqafī al-Maṣmūdī, muerto en 882; Muḥammad b. Tamlīḫ al-Tamīmī al-Magribī al-Ṭabīb, muerto en 972; Muḥammad b. Jaṭṭāb Ibn Abī Jaṭṭāb; Muḥammad b. Jalaf b. Ḥāmid b. al-Faraŷ b. Kināna; y Wahb Allāh b. Ḥusayn, muerto en 852. No menos reveladora es la presencia de muftíes y consejeros del cadí. Ismāʿīl b. ʿArūs, Abū Ḥamza, fue muftí de Sidonia. También lo fue Ibrāhīm b. Qays, Abū Isḥāq, que vivía en al-Buḥayra y murió en 970. Ḥakam b. Saʿd, mawlà Muḥarrar al-Šaḏūnī, aparece igualmente como muftí de Sidonia. Saʿīd b. Aḥmad b. Ramḥ al-Ḫawlānī, Abū ʿUṯmān, muerto en 961, ostentó en Sidonia los cargos de consejero del cadí, muftí y responsable de sentencias. Saʿīd b. Yūsuf b. Kulayb al-Ḫawlānī, Ibn al-Bayḍāʾ, muerto en 976, fue consejero del cadí y muftí, y sabemos incluso que Ibn al-Faraḍī lo conoció en Sidonia en el año 363/973-974. También Hišām b. Muḥammad b. Abī Ruzayn, Abū Ruzayn, muerto en 947, fue muftí en Sidonia.

Todo este conjunto de nombres permite dar profundidad histórica a la breve noticia de Ibn Ḥayyān. Si el emir Muḥammad I renovó la mezquita aljama de Šiḏūna, y si conocemos en Sidonia a responsables de la oración, cadíes, muftíes y consejeros jurídicos, la conclusión parece evidente: Šiḏūna fue, en época emiral y califal, un núcleo de notable entidad religiosa, jurídica y administrativa.

El panorama se completa cuando observamos el desplazamiento posterior de la centralidad hacia Qalsāna y Šarīš/Jerez. En Qalsāna conocemos a Abū Muḥammad Qāsim b. Nāṣir b. Raqqāṣ Ibn Abī l-Fatḥ, muerto en 338/950, alfaquí, gramático, poeta y lexicógrafo, que dirigió la oración en Calsena y compuso un dīwān poético que no se ha conservado. También aparecen Muḥammad b. Yūsuf, cadí y jatib en Calsena en tiempos del emir ʿAbd Allāh; Qāsim b. ʿAsākir, alfaquí; y Yūsuf b. Muḥammad b. Sulaymān, Abū ʿUmar al-Hamdānī, muerto en 383/993-994, que fue jatib en Calsena.

En Jerez, la documentación biográfica es todavía más expresiva. Abū Ayyūb Sulaymān b. Muḥammad b. Sulaymān al-Šiḏūnī, muerto en 371/982, fue designado jatib de Jerez por el califa al-Ḥakam II. Abū Jālid Yazīd b. Asbaṭ al-Majzūmī fue también jatib en Jerez, y su hijo Abū Yazīd Asbaṭ b. Yazīd b. Asbaṭ al-Majzūmī, muerto en 392/1002, ejerció igualmente como jatib jerezano y fue además poeta. Junto a ellos aparecen otros hombres de letras y de religión, como Abū l-Manāzil Firās b. Aḥmad al-Majzūmī, Abū l-Ḥakam Munḏir b. ʿUmar al-Šiḏūnī, natural de Sidueña pero residente en Jerez, o Abū Muḥammad ʿAbd Allāh b. Muḥammad b. Aḥmad b. Abī ʿAwsaŷa, secretario de Sidueña que vivía en Jerez.


No se trata, por tanto, de menciones sueltas. Estamos ante una verdadera red intelectual y religiosa articulada en torno a Šiḏūna, Qalsāna y Šarīš. La antigua capital de la cora, la ciudad intermedia de Calsena y el Jerez andalusí aparecen unidos por trayectorias familiares, cargos religiosos, nombramientos califales, formación jurídica y circulación de saberes. Todo ello permite entender mejor la noticia de Ibn Ḥayyān. La aljama de Šiḏūna fue el reflejo de una ciudad que, antes de ceder progresivamente su centralidad a otros núcleos de la cora, contó con vida religiosa, élites jurídicas, culto público y reconocimiento institucional. Después, el protagonismo pasaría en buena medida a Qalsāna y a Šarīš/Jerez, pero no por ruptura absoluta, sino por desplazamiento interno de la centralidad dentro de un mismo territorio histórico.

En definitiva, la historia de Sidonia fue la de una cora con distritos, alquerías, fortalezas, ciudades, cadíes, muftíes, jatibes, responsables de la oración y mezquitas aljamas. En ese marco, la breve frase de Ibn Ḥayyān adquiere todo su sentido. Šiḏūna tuvo una aljama que fue renovada por el poder omeya, y su recuerdo, conservado en el Muqtabis, nos permite devolver a aquella ciudad una parte de la dignidad histórica que las fuentes árabes nunca le negaron.

A veces una línea basta, una línea escondida durante años, casi olvidada entre viejas notas de estudiante, que un día vuelve a aparecer y nos recuerda que la historia no siempre se descubre de golpe. A veces espera, y cuando llega su momento, se manifiesta.


Notas

  1. Ibn Ḥayyān, al-Muqtabas min anbāʾ ahl al-Andalus [al-Muqtabis II-2], ed. Maḥmūd ʿAlī Makkī, Beirut, Dār al-Kitāb al-ʿArabī, 1973, p. 224.

  2. Sobre la capitalidad itinerante de la cora de Sidonia y la identificación de Šiḏūna/Sidueña, véase Borrego Soto, Miguel Ángel, «La capital de la cora de Sidonia (siglos VIII-X). Claves para su identificación», en José María Gutiérrez López y Virgilio Martínez Enamorado, eds., A los pies de Matrera (Villamartín, Cádiz). Un estudio arqueológico del oriente de Šiḏūna, Villamartín, Ayuntamiento de Villamartín / Editorial La Serranía, 2015, pp. 15-57.

  3. Para Muḥammad b. Yūsuf al-Ŷumaḥī, responsable de la oración en Sidonia y muerto en 886, véase Ibn al-Faraḍī, Taʾrīj ʿulamāʾ al-Andalus, ed. ʿIzzat al-Ḥusaynī, El Cairo, 1954.

  4. Para los alfaquíes, cadíes, muftíes y consejeros jurídicos vinculados a Sidonia, véase Ibn al-Faraḍī, Taʾrīj ʿulamāʾ al-Andalus, ed. ʿIzzat al-Ḥusaynī, El Cairo, 1954, 2 vols.; y Borrego Soto, Miguel Ángel, «La capital de la cora de Sidonia», pp. 36-47, y también, Borrego Soto, Miguel Ángel, 2025, «Voces de El Puerto de Santa María andalusí: poetas de Šiḏūna y al-Qanāṭir», conferencia pronunciada en las Tertulias del Aula Menesteo, El Puerto de Santa María, octubre de 2025, inédito.

  5. Para los sabios de Qalsāna y Šarīš/Jerez, véase Borrego Soto, Miguel Ángel, «Poetas del Jerez islámico», Al-Andalus-Magreb, 15, 2008, pp. 41-78, especialmente pp. 42-43. Allí se remite, entre otras fuentes, a Ibn al-Faraḍī, Taʾrīj, II, pp. 206-207, nº 1636; I, p. 396, nº 1046; I, p. 280, nº 740, entre otras fichas.

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