jueves, 10 de agosto de 2023

El legado andalusí en Jerez. Rumbo a la capitalidad europea de la cultura 2031

Transcribimos el artículo que se publica hoy en el Diario de Jerez, firmado por Diego Bejarano Gueimúndez y Miguel Ángel Borrego Soto (Centro de Estudios Históricos Jerezanos), reinvindicando el glorioso pasado andalusi de nuestra ciudad como valor fundamental de cara a la candidatura de Jerez como Capital Europea de la Cultura 2031 (enlace al texto en Diario de Jerez):


"Jerez, como ente urbano, y mientras las investigaciones arqueológicas o de otra índole no demuestren lo contrario, remonta sus orígenes a época andalusí. De aquellos momentos, uno de los más esplendorosos que ha vivido la ciudad a lo largo de su historia, contamos con un rico patrimonio arqueológico, arquitectónico y monumental, artístico y cultural que, con la venia, es más que suficiente para ser tenido en cuenta a la hora de glosar los merecimientos de Jerez como Capital Europea de la Cultura 2031.

Y es que todo suma: nuestro museo arqueológico y las salas con materiales islámicos procedentes del casco histórico, en especial los recuperados en las excavaciones de la actual Plaza Belén y el cercano yacimiento de Mesas de Asta; el Alcázar, que conserva en su interior restos arqueológicos andalusíes visitables; las murallas, fechadas con seguridad entre los siglos XI y XIII, aunque hay referencias documentales sobre ellas de época califal, y que uno puede contemplar dando un agradable paseo o adentrándose en muchos comercios del centro; los claustros de Santo Domingo, con el muro almenado y el poderoso arco de herradura localizado en una de las galerías del claustro de procesiones; y todo esto sin descartar que, cualquier día, alguna de nuestras iglesias o edificios y calles intramuros sigan deparándonos alguna que otra sorpresa, como los restos de la mezquita aljama aparecidos no hace mucho en la Casa del Deán de la plaza de la Encarnación.

El otro legado, menos tangible, que la ciudad andalusí de Jerez nos ha dejado, es el intelectual. La ciudad vivió varios momentos de esplendor que se iniciaron en el siglo X. De aquellos años conocemos el nombre de algunos de los intelectuales y expertos en ciencias religiosas que poblaron la medina, como el secretario Abd Allah b. Muhammad b. Ahmad b. Abi Awsaya; el celebrado maestro, muftí y experto en “cuestiones del derecho”, Abu Razin; el prestigioso gramático y poeta, Mundir b. Umar b. Abd al-Aziz; o al jatib Sulayman b. Muhammad b. Sulayman, nombrado director de la oración en la mezquita aljama jerezana por el propio califa al-Hakam II.

Tiempo después, la importancia política y económica que la ciudad llegó a alcanzar entre inicios del XII y las primeras décadas del XIII, hasta su conquista cristiana, produjo también su máximo esplendor cultural. Los sabios jerezanos, en su mayoría aristócratas y notables que, junto a su ocupación erudita, ostentaban cargos religiosos y jurídicos de responsabilidad en la ciudad, acudían, al igual que otros ulemas de su tiempo, a aprender, perfeccionar su formación e, incluso, enseñar, a los lugares de referencia de la época, es decir, Córdoba, Sevilla, Málaga o Granada, sin olvidar las peregrinaciones en busca de conocimiento a Oriente. Es el caso de Ibn Lubbal, Ibn Zarqun o Ibn Azhar, convertidos pronto en prestigiosos maestros en la propia Jerez, a la que elevaron a centro de obligada visita para muchos sabios de al-Andalus y, en menor medida, del resto del islam, que acudían a nuestra ciudad para aprender. El poder, asimismo, promovió y se impregnó de ese ambiente ilustrado, pues el reyezuelo de la última taifa de Jerez (1231-1261), el visir y poeta Abu Umar Ibn Abi Jalid, llegó a rodearse de una corte literaria que tuvo como invitados a poetas de la talla del sevillano Ibn Sahl al-Isra’ili, entre otros. Los jerezanos más conocidos de aquellos años fueron el gramático Ibn Abd al-Mu’min, del que este año se cumple el VIII aniversario de su muerte, muy conocido por su excelente comentario a las Macamas de al-Hariri de Basora; el médico y poeta Ibn Rifa’a; el cadí Ibn Shakil, o el visir y también vate Ibn Giyat quienes, a su vez, y junto a otros muchos sabios conciudadanos suyos, continuaron la labor de instruir a nuevos discípulos de la misma Jerez y de otras partes de al-Andalus y el islam. No olvidemos que, aún en la actualidad, el mencionado comentario de las Macamas de Ibn Abd al-Mu’min, o los realizados a la casida en ra’ del sufí jerezano Abu l-Abbas Ahmad Taj al-Din, reivindicado por la erudición marroquí como suyo, se siguen estudiando en las universidades del mundo árabe.


Una vez que la ciudad pasó a manos castellanas en 1267, su herencia continuó manteniéndose en el rico y original mudéjar jerezano, creación propia de nuestros paisanos de entre los siglos XIV y XV, o en la fisonomía urbana de ciertos sectores de nuestro maltratado casco antiguo, la otrora medina almohade que se mantiene en pie, casi íntegramente, a pesar de la reordenación que supuso el auge de la industria bodeguera en el siglo XVIII, las alineaciones decimonónicas de calles, o las barbaridades cometidas en la centuria pasada por la especulación urbanística, la piqueta y la ignorancia.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, resultaría chocante que nuestros responsables políticos olvidaran un patrimonio tan valioso, nacido en la época que vio nacer a nuestra ciudad, para optar a la candidatura como capital europea de la cultura 2031. No lo olvide usted tampoco, querido lector, y reflexione sobre ello cuando pasee por la ciudad intramuros saboreando, por qué no, unas deliciosas almojábanas de queso y miel, tan populares en la Jerez del siglo XII."


Diego Bejarano Gueimúndez. ARQUEÓLOGO. MÁSTER EN GESTIÓN TURÍSTICA DEL PATRIMONIO diegobejaranoarqueologia@gmail.com

Miguel Ángel Borrego Soto. PROFESOR. DOCTOR EN ARTE y HUMANIDADES. MÁSTER EN PATRIMONIO HISTÓRICO-ARQUEOLÓGICO borrego.miguelangel@gmail.com

(Centro de Estudios Históricos Jerezanos)

miércoles, 29 de marzo de 2023

Artículo sobre una estela funeraria islámica jerezana

Traemos a nuestro blog este enlace al interesantísimo artículo de Rafael Jiménez-Camino Álvarez. arqueólogo municipal de Algeciras, sobre esta estela funeraria islámica aparecida en Jerez y que se expone en el Museo de la ciudad. 

https://www.jerez.es/fileadmin/Image_Archive/Museo/Estela_funeraria_islamica.pdf



domingo, 5 de marzo de 2023

Limeta o botella de Mesas de Asta

Hasta hace unas décadas, las únicas piezas de los siglos X y XI halladas en el municipio jerezano pertenecían al yacimiento de Mesas de Asta, población constituida por una serie de elevaciones rodeadas de marismas y localizada a once kilómetros al noroeste de Jerez. En la colina más alta, actualmente olivar del cortijo “El Rosario”, es donde la historiografía sitúa el núcleo principal de la ciudad de Asta Regia. Las diferentes campañas en el lugar, dirigidas por Manuel Esteve Guerrero durante las décadas 40 y 50 del siglo pasado, aportaron numerosas piezas cerámicas, marmóreas y de todo tipo que evidenciaban el esplendor de la urbe durante las épocas turdetana y romana. Con todo, la sorpresa de las labores arqueológicas fue el hallazgo de un importante asentamiento andalusí sobre las ruinas de aquélla, pues no se tenían noticias por aquel entonces, de que las Mesas de Asta hubiesen albergado una población de ese periodo.

Del siglo X eran, efectivamente, las ruinas de un edificio descubierto en la primera de las campañas, que Manuel Esteve relacionó con la posible residencia del señor de la villa, atendiendo al lujo de la cerámica asociada al mismo. Las paredes de la construcción conservaban restos de estuco rojo y solerías formadas por verdaderos sillares. Si bien en un principio se pensó que estos restos se correspondían con una almunia o alquería aislada, el hallazgo de otros materiales de la misma época durante la segunda campaña, en un punto diferente y distante al primero, hizo pensar a Manuel Esteve que se encontraba ante una verdadera ciudad.

De las piezas recuperadas en las Mesas por Manuel Esteve y que presentan epigrafía, destaca una botella o limeta de cuerpo cilíndrico con la leyenda al-mulk, “el poder”, escrita de modo encadenado en su superficie. El alifato de la inscripción presenta los característicos ápices triangulares del cúfico simple, escritura que se corresponde con el reinado de al-Ḥakam II (350-366=961-976). Bajo este monarca, el lema exclusivo de las cerámicas producidas en la ciudad palatina de Madīnat al-Zahrāʼ fue al-mulk. Su significado recuerda al buen creyente musulmán la omnipotencia divina, aunque ya en el siglo X en al-Andalus y en el siglo XI en Ifrīqiya la locución completa, al-mulk li-l-lāhi, “el poder es de Dios”, acabó reduciéndose a su mínima expresión, al-mulk, de ahí que se confundiera, tal vez premeditadamente, el sentido religioso con el de la mera exaltación del poder político califal de turno. El perfil de las letras se dibuja en manganeso mientras que el interior, como en la limeta de Asta, se rellena uniformemente de verde. El motivo bajo la forma encadenada es frecuente, y las cinco letras que lo conforman suelen diferenciarse sin dificultad, aunque a veces la figura 11f (kāf) mimetiza a la letra 1i (alif) del artículo de la palabra siguiente, no siendo éste el caso.

La cerámica en verde y manganeso está inequívocamente vinculada con Madīnat al-Zahrāʼ. Su aparición en al-Andalus parece iniciarse en la segunda mitad del siglo X, coincidiendo con el gobierno de al-Ḥakam II. Esta vajilla de lujo fue concebida como objeto de distinción o dádiva que el califa regalaba a sus funcionarios a modo de emblema, de símbolo o propaganda de estado que se difundió por todo al-Andalus gracias al trasvase de gobernadores de las marcas, que durante aquellos años pasaban constantemente de un lugar a otro. El color básico de esta cerámica es el blanco, el color de los Omeya, siendo el verde el del islam, el de Mahoma, fuente de legitimidad de los Banū Marwān. El morado del óxido de manganeso serviría simplemente como recurso técnico para resaltar la yuxtaposición del blanco y el verde, y no tendría por sí mismo ningún significado.

La epigrafía al-mulk es la leyenda mayoritaria inscrita en esta cerámica. La relación del término con el poder dinástico parece clara y supone a mediados del siglo X la expresión estricta y rigurosa de la legitimidad omeya, del orden califal instaurado y proclamado. Es hacia el año 336 (=947-8), momento en que la ceca se traslada de Córdoba a Madīnat al-Zahrāʼ, cuando según Barceló arranca la producción masiva de vajillas cerámicas en blanco, verde y morado. En todo ello fue primordial el papel del joven califa Abū l-Muṭarrif al-Ḥakam y su profundo interés por las actividades científicas y culturales.

Número de inventario: IG.0779.
Campaña 1945-46.
Cronología: Siglo X.
Forma o tipo: Limeta o botella
Inscripción: /Al-mulk/: el poder.
Medidas: Altura: 26,5 cm; diámetro de la base: 14 cm; diámetro máximo: 20 cm.
Bibliografía: BORREGO SOTO, M. Á. (2014): Epigrafía andalusí. Inscripciones árabes de Jerez de la Frontera, PeripeciasLibros.

domingo, 22 de enero de 2023

En el 800 aniversario de la muerte de al-Šarīšī

Abū l-῾Abbās Aḥmad b. ῾Abd al-Mu’min b. Mūsà b. ῾Īsà b. ῾Abd al-Mu’min al-Qaysī nació en Jerez (¿557=1161-2?, ¿577=1181-2?) y allí murió el 10 ḏū l-ḥiŷŷa 619=14 enero 1223, por lo que este año de 2023 conmemoramos el octavo centenario de su muerte. Fue un importante gramático, lexicógrafo, hombre de letras y maestro, el autor más celebrado de las letras jerezanas de época andalusí. 

En su ciudad natal era conocido como al-Šarīšī. Según Ibn ῾Abd al-Malik, sus paisanos también le llamaban Ibn Mu’min aunque su verdadero laqab fuera Ibn ῾Abd al-Mu’min. En opinión de este mismo autor, es probable que el cambio de nombre se debiera al recelo de la familia del califa ῾Abd al-Mu’min por compartir la šuhra de sus antepasados con otras personas. La fecha de su nacimiento no se conoce a ciencia cierta, pues Muḥammad Abū l-Faḍl Ibrāhīm afirma en la introducción a su edición del Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī de al-Ḥarīrī (I, 17-8) (Comentario de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī) que nació en 577 (=1181-2), mientras que Kaḥḥālā (Mu‛ŷam, I, 304-5) sostiene que fue en 557 (=1161-2). Si tenemos en cuenta que buena parte de los maestros de Ibn ῾Abd al-Mu’min al-Šarīšī fallecieron en torno a 583 (=1187-8), sería más conveniente datar el nacimiento de nuestro biografiado en el año 557 (=1161-2), como señala Kaḥḥālā.


Como ya hemos apuntado, Ibn ῾Abd al-Mu’min al-Šarīšī es, sin duda, el ulema más conocido de Jerez debido a su Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī (Comentario de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī), obra que aún hoy en día se estudia en las universidades del mundo árabe. Tal vez resulte pretencioso afirmar que Jerez fue uno de los núcleos destacados en la difusión de esta obra en al-Andalus, pero no es fruto de la casualidad que de allí surgiera la glosa más sobresaliente de las mismas, sobre todo tras la llegada a la ciudad del talaverano ‛Īsà b. Ibrāhīm b. ‛Abd Rabbīh Ibn Ŷahwar, quien alrededor del año 500 (=1106-7) aprendió en Basora del propio al-Ḥarīrī las Maqāmāt. Ibn Ŷahwar murió en Sevilla en 527 (=1132-3), ciudad en la que ejerció de maestro, como antes lo había hecho en Córdoba y Jerez. En esta última población, inició una importante cadena de transmisión (isnād) de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī, de la cual el segundo eslabón lo constituyen los personajes siguientes, todos ellos pupilos suyos y, posteriormente, preceptores de Ibn ῾Abd al-Mu’min al-Šarīšī:

- Abū l-Ḥasan ‛Alī b. Aḥmad b. ‛Alī Ibn Lubbāl al-Šarīšī (m. 583=1187-8), destacado gramático y poeta jerezano del que se conservan muchas casidas, que fue cadí de su ciudad y que también escribió un comentario, hoy desaparecido, a la obra de al-Ḥarīrī.

- Abū Bakr Yaḥyà b. ‛Īsà b. ‛Abd al-Raḥmān b. Azhar al-Ḥaŷrī al-Šarīšī (m. 584=1188-9), yerno de Ibn Ŷahwar y cadí y maestro en Jerez, que recibió las Maqāmāt no sólo de su suegro, también de Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf al-Quḍā‛ī al-Undī (m. 542= 1147-8), otro de los principales difusores de la obra en al-Andalus.

- Muḥammad b. Mālik b. Yūsuf b. Mālik, Abū ‛Abd Allāh y Abū Bakr al-Fihrī al-Šarīšī (m. 592 ó 593=1195-6 ó 1196-7), al que Ibn Ŷahwar y Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf al-Quḍā‛ī al-Undī le transmitieron las Maqāmāt de al-Ḥarirī.


En Jerez, Ibn ‛Abd al-Mu’min fue discípulo, además de los anteriores, de Abū l-῾Abbās Ibn ῾Abd al-Wāḥid, y de Abū Bakr Ibn ῾Ubayd al-Saksakī, importante maestro nacido en Arcos, aunque habitante de Jerez, que aprendió en Sevilla y Córdoba con Ibn Baškuwāl (m. 578=1183) e Ibn Quzmān (m. 555=octubre 1160), respectivamente. Al-Saksakī falleció cuatro días después de la batalla de Alarcos, es decir, el domingo 13 de ša‛bān de 591 (=23 de julio de 1195).

Al-Šarīšī completó sus estudios en Sevilla, Ceuta, Algeciras y Fez: en la primera de estas poblaciones, recibió las enseñanzas de Abū Bakr Ibn ʿAbd al-ʿAzīz al-Sulāqī –a quien acompañó durante todo un año–; de Muḥammad b. ʿAlī Ibn al-Murjī (m. 615=1218), de la familia de los Banū l-Murjī, procedentes de Šarāna, en la cora de Sidonia; de Abū l-Ḥasan Naŷaba; o del jerezano Abū ʿAbd Allāh b. Saʿīd Ibn Zarqūn (m. 586=1190-1), con el que aprendió algunas de las obras esenciales para la formación en adab: Al-Kāmil de Mubarrid o los Nawādir de Abū ʿAlī al-Qālī, como él mismo narra en su Šarḥ (III: 444-5). También fue discípulo del hijo de Ibn Zarqūn, Abū l-Ḥusayn Muḥammad b. Muḥammad (621=1224-5); y de Abū l-ʿAbbās Ibn Muḥammad b. Miqdām. En la propia Sevilla y luego en Fez, oyó del mencionado Abū Ḏarr Musʿab b. Muḥammad. En esta última ciudad tuvo también como maestros a Abū l-Ḥasan Ibn ʿAtīq b. Muʾmin; Abū l-Ḥasan Ibn Mūsà b. al-Naqarāt; Abū l-Ḥusayn Yaḥyà b. Muḥammad b. al-Ṣāʾig; Abū ʿAbd Allāh Ibn ʿAbd al-Karīm b. al-Kinānī; y Abū ʿAbd Allāh Ibn ʿAlī b. al-Saqqāṭ. En Ceuta, aprendió de Abū l-Ḥasan Ibn Jarūf; Abū l-Ḥasan Ibn ʿAbd Allāh al-Ḥadramī; Abū l-Ḥusayn Muḥammad b. Aḥmad b. Ŷubayr; Abū l-Ṣabr Ayyūb; Abū l-ʿAbbās Ibn Muḥammad b. Aḥmad al-ʿAzafī; y de Abū l-ʿAbbās Ibn Muḥammad b. ʿAlī b. Ŷahwar al-Layzī al-Fāsī al-Ḥaṣār, al que estuvo muy ligado desde su primer encuentro en Siŷilmāsa. De él escribió al dictado cuando era cadí en Ceuta, y fue éste quien elevó a al-Šarīšī a la dignidad de juez de matrimonios en dicha ciudad. En Algeciras, nuestro biografiado aprendió del jatib Abū l-Ḥasan Ḥāŷiz; y en Córdoba, de Abū Ŷaʿfar Ibn Muḥammad b. Yaḥyà. Viajó a oriente en busca de ciencia, y en Egipto y Siria tuvo maestros diversos, de los que no sabemos nada.

Ibn ʿAbd al-Mu’min al-Šarīšī obtuvo iŷāza de Abū l-Qāsim ʿAbd al-Raḥmān b. ʿĪsà b. al-Malaŷūm, al cual vio en Fez y en Sevilla, aunque no llegó a hablar cara a cara con él. Cuenta Ibn ʿAbd al-Malik que al-Šarīšī recibió asimismo licencia docente de otros maestros a quienes jamás llegó a conocer personalmente, gente del Magreb y de al-Andalus como Abū ʿAbd Allāh Ibn Aḥmad b. ʿAbd Allāh al-Hamadānī, de Algeciras; Abū ʿAbd Allāh Ibn Ibrāhīm b. al-Fajjār, de Málaga; Abū ʿAbd Allāh Ibn ʿAbd al-Ḥaqq al-Tilimānī; Abū ʿAbd Allāh Ibn Qāsim b. ʿAbd al-Karīm; y de maestros de oriente como Abū ʿAbd Allāh Muḥammad b. Muḥammad b. al-Ḥasan al-Rabā’ī al-Karkantī.


Sus semblanzas lo califican como hombre ávido de saber, erudito y transmisor de confianza. Entre sus paisanos era digna de admiración su condición de memorión (ḥāfiẓ) de numerosas obras sobre lengua, ḥadīṯ y literatura, y de toda la poesía preislámica e islámica. Cultivó las bellas letras y, tras su periplo por oriente, regresó a al-Andalus, donde enseñó y tuvo fama como maestro experto en lengua (luga), adab y prosodia (῾arūḍ), tanto en su maŷlis de Jerez como en Murcia y Valencia. En su ciudad natal, algunos de sus discípulos fueron ‛Alī b. Ibrāhīm al-Sakūnī al-Karannānī (m. 660=1261-2), natural de la alquería jerezana de Karannāna (Grañina, hoy perteneciente a El Puerto de Santa María); Abū Isḥāq Ibrāhīm al-Būnasī (o al-Burnusī), nacido en Būnas, aldea jerezana (aunque hay quien lo hace originario de Bornos) autor del Kanz al-kuttāb wa-muntajab al-ādāb (Tesoro de los secretarios y selección literaria), fallecido en 651 (=1253-4); Abū l-Qāsim ‛Īsà b. Yaḥyà b. Azhar (m. 637=1239-40), hijo de Yaḥyà b. ‛Īsà, maestro del propio al-Šarīšī; y el conocido ulema y cadí sevillano Abū l-Ḥasan Ibn Muḥammad al-Ruʿaynī (m. 24 ramaḍān 666=7 junio 1268), quien el año 615 (=1218-9) estuvo en Jerez aprendiendo de algunos de sus ulemas, y al que Ibn ʿAbd al-Mu’min al-Šarīšī concedió iŷāza de toda su obra.

Abū ʿAbd Allāh Ibn al-Abbār (m. 21 muḥarram 658=6 enero 1260) relata cómo se encontró con al-Šarīšī en casa de su maestro Abū l-Ḥasan b. Ḥarīq de Valencia, antes de marcharse Ibn al-Abbar a Sevilla, en el año 616 (=1219-20). En aquel momento, al-Šarīšī le leía a Ibn Ḥarīq su comentario de las Maqāmāt, que Ibn al-Abbār oyó en parte, e Ibn ʿAbd al-Mu’min al-Šarīšī le dio la iŷāza del resto del comentario y de toda su enseñanza y obra. Ibn al-Abbār volvió a encontrarse con él después de que al-Šarīšī volviera de Murcia, donde también ejerció la docencia. Otros discípulos de Ibn ʿAbd al-Mu’min al-Šarīšī que citan las fuentes son Abū l-ʿAbbās Ibn Yūsuf b. Fartūn y Abū ʿAlī al-Ḥasan b. ʿAlī al-Māqirī, al que encontró en Marrakeš. Algunos de los personajes que transmitieron de él por iŷāza fueron Abū Bakr Ibn Aḥmad b. al-Banāʾ al-Kātib, y Abū l-Ḥasan Ibn Yaḥyà b. ʿImrīl al-Kinānī b. al-Fajjār.

Ibn ʿAbd al-Mu’min al-Šarīšī murió en Jerez, el 10 de ū l-ḥiŷŷa del año 619 (=domingo 14 de enero de 1223).

Escribió diversas obras, pero sin duda la más difundida y estudiada es su Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī (Comentario de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī), obra dedicada al califa almohade al-Manṣūr (m. 595=1199), lo que delata no sólo el fructífero mecenazgo intelectual de la dinastía, sino también la cercanía al poder de Ibn ῾Abd al-Mu’min al-Šarīšī. Según Ibn al-Abbār, el comentario se componía en realidad de tres versiones: una extensa en la que su autor se jacta explicando su sentido literario, otra mediana en la que hace una selección de la anterior, y una breve, en la que se limita a comentar sus aspectos lingüísticos. Las Maqāmāt de al-Ḥarīrī pronto obtuvieron mayor notoriedad que las de su predecesor al-Hamaḏānī y, sobre todo en al-Andalus, fueron usadas recurrentemente como modelo para el estudio de la gramática y las bellas letras, por lo cual necesitaban rigurosos comentarios que aclararan los aspectos más singulares u oscuros de la lengua de las mismas. Buena parte de los diccionarios biográficos las citan entre los libros y materias que los maestros transmitían y enseñaban a sus alumnos, y fueron varios los andalusíes que las oyeron del propio al-Ḥarīrī en su maŷlis de Bagdad. Uno de ellos fue el ya mencionado ‛Īsà b. Ibrāhīm b. ‛Abd Rabbīh Ibn Ŷahwar de Talavera que comenzó en Jerez una cadena de transmisión (isnād) de las mismas de la que se hace eco el propio al-Šarīšī en la introducción a su magno comentario (Šarḥ, I: 5-6):

 El primero del que tomé su transmisión y de quien aprendí [las Maqāmāt] en mi ciudad, fue el maestro, alfaquí y almocrí Abū Bakr Ibn Azhar al-Ḥaŷrī. Me instruyó en ellas a partir de la enseñanza de su suegro, el alfaquí, tradicionista y rāwiya Abū l-Qāsim Ibn ‛Abd Rabbih al-Qaysī, conocido por Ibn Ŷahwar quien, a su vez, las había recogido de su autor, Abū Muḥammad al-Ḥarīrī. También en mi ciudad me las transmitió el alfaquí y transmisor (rāwiya) Abū Bakr Ibn Mālik al-Fihrī, que las aprendió del mencionado Ibn Ŷahwar y del maestro y alfaquí Abū l-Ḥaŷŷāŷ al-Ubbaḏī al-Quḍā‛ī, ambos a su vez de Abū Muḥammad al-Ḥarīrī. También me las transmitió el maestro, alfaquí y tradicionista Abū Muḥammad ‛Abd Allāh b. Muḥammad Ibn ‛Abd Allāh al-Ḥaŷrī, con autorización de al-Qūḍā‛ī, y el kātib y asceta Abū l-Ḥusayn Ibn Ŷubayr [m. 614=1217-8], que las tomó del maestro al-Ŷalīl Barakāt b. Ibrāhīm b. āhir b. Barakāt al-Qurašī, conocido por al-Jušū‛ī [m. 598=1201-2], que las recibió de al-Ḥarīrī. Del mismo modo, me las transmitió el maestro y alfaquí Abū Ḏarr Mu῾ab b. Muḥammad b. Mas‛ūdī al-Jušānī que, tras estudiar –Dios lo bendiga- este comentario, lo autorizó […]

Aunque reconoce en el mismo prólogo de su Šarḥ que se basa en los comentarios de al-Fanŷadīhī e Ibn Ẓafar, al-Šarīšī afirma también que en su obra va a ofrecer una nueva exposición basada en la revisión de los datos anteriores con un mayor rigor y espíritu científico. La intención de su comentario estará centrada, pues, en despejar la ambigüedad de las palabras, concordar los dichos con quienes los dijeron, explicar los nombres de lugar aparecidos en las Maqāmāt, así como los refranes y genealogías, y dar cumplida referencia de los relatos inacabados.

El texto se compone de las cincuenta maqāmāt de al-Ḥarīrī seccionadas en diferentes fragmentos, sin un orden preciso ni preestablecido, tras los cuales al-Šarīšī introduce sus glosas, bien para aclarar los términos de peor comprensión o interpretación, bien para exponer con ejemplos extraídos de obras poéticas o en prosa (cuentos, anécdotas, relatos, etc.) el uso que otros autores han dado a ciertas expresiones, palabras o asuntos tratados por al-Ḥarīrī en algún fragmento de su composición. En estas explicaciones o comentarios, al-Šarīšī aprovechará para alardear de su saber en disciplinas como la gramática, la ortografía, la lengua, la retórica o las bellas letras en general. Para ello, a lo largo del texto aparecen secciones destinadas a aclarar referencias del corpus de al-Ḥarīrī y alguna otra que servirá para instruir al lector sobre prosodia o, incluso, tratamiento del léxico. De este modo, al-Šarīšī nos ofrece un compendio breve de cuestiones relacionadas con la métrica y las figuras literarias (II: 552-97) y, por ejemplo, su particular teoría del plagio (II: 555-64). Con todo, lo más interesante de los comentarios de al-Šarīšī va a radicar en los cuentos y relatos que introduce para ilustrar algunas de sus explicaciones gramaticales, léxicas o literarias. Es curioso que no haya demasiados ejemplos relacionados con la literatura andalusí y sus autores, pero muchos de los que hay están ligados a su ciudad de Jerez y a dos de sus maestros, Ibn Lubbāl, del que recopila diferentes versos, y Abū ‛Abd Allāh Ibn Zarqūn, protagonista de un curioso diálogo entre él y el sevillano Abū Bakr Ibn al-‛Arabī (m. ¿543=1148?), que contiene un interesante intercambio de hemistiquios con temática jerezana.

Para saber más: 

lunes, 16 de enero de 2023

Una anécdota de al-Šarīšī a propósito del estornudo

Ahora que estamos en enero, pleno invierno, y los virus no dejan de acosarnos y atacarnos, conviene recordar lo que, en su comentario a la maqāma XXII (Šarḥed. Muḥammad Abū l-Faḍl Ibrāhīm III 53-4), narra al-Šarīšī acerca de lo que dijo el Profeta Muḥammad a propósito del estornudo: 

Cuando uno de vosotros estornude debe declamar al-ḥamdu li-l-lāh (alabado sea Dios), y el que le desee salud: yarḥamu-ka l-lāh (¡Dios se apiade de ti!), y de nuevo el primero responder [a modo de agradecimiento]: yuhdī-kumu l-lāh wa-yalaḥu bi-l-kum (Dios os guíe por la senda correcta y sea la paz con vosotros).

 Para luego añadir la anécdota siguiente:

 Uno de los relatos más curiosos sobre el estornudo es el de un sufí de mi ciudad que sabía de memoria mucha poesía, y en cuya aula (maŷlis) no se pasaba una idea por alto sin que sobre ella se compusiera un verso. Y sucedió que un hombre estornudó en su presencia y los presentes le desearon salud, pues [antes] él los había bendecido. Y vio el sufí que si él también decía salud debía interrumpir su recitación, lo que no le parecía correcto, pero que, de no hacerlo, estaría cometiendo una falta de piedad y cortesía. Entonces, rogó a sus discipulos que alguno de ellos pusiera en verso este pensamiento. Y dijo el noble visir Abu ῾Amr Ibn Muḥammad [Ibn Giyā al-Šarīšī]:

¡Oh tú que estornudas, salud, pues proclamas la alabanza a Dios!
Ruega con la más pura de las intenciones que perdonemos a nuestro maestro
y dile: ¡mi bendición se dirige a todos los que nos encontramos en tu presencia!
Así, oh señor de la generosidad y del generoso, que Dios honre a tu concurrencia,
y si de ti oímos “salud”, serás por ello digno de alabanza.





domingo, 8 de enero de 2023

La alquería de Šarāna y los Banū l-Murjī (y III)

1.5. Abū l-Hakam ‛Alī b. Muhammad b. ‛Abd al-Malik b. ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad b. al-Husayn b. Kumayl/Kamīl b. ‛Abd al-‛Azīz b. Hārūn al-Lajmī al-Qurtubī al-Išbīlī Ibn al-Murjī

Nació en Córdoba, ciudad en la que su familia se había establecido. En cuanto a la fecha de su venida al mundo, sólo Ibn Dihya la facilita por boca del propio Abū l-Hakam, quien le confesó que lo hizo a finales del año 519 (=enero 1126). Vivió también en Sevilla, donde fue instruido por alguno de sus ulemas.

Entre sus maestros las fuentes señalan a su padre, Abū Bakr Muhammad Ibn al-Murjī, y al primo de éste, Abū Ŷa‛far Ahmad Ibn al-Murjī. Otros de sus preceptores fueron Abū l-Hasan Ibn Mugīt (m. 532=1197-8), Abū l-Qāsim Ibn Ridā (m. 545=1150-1) y Abū ‛Abd Allāh Ibn Makkī. Recibió además la iŷāza de Abū l-Hasan Šurayh Ibn Muhammad y del cadí y tradicionista sevillano Abū Bakr Ibn al-‛Arabī (m. 543=1148).

De sus discípulos conocemos a su hijo, Abū Bakr Muhammad b. ‛Alī, y a Abū Sulaymān Ibn Tawd Allāh (m. 621=1224), a los que concedió la iŷāza en šawwāl del año 579 (=17 enero–14 febrero 1183-4). Otro de sus pupilos destacados fue el valenciano Ibn Dihya, quien oyó de Abū l-Hakam alguna de sus obras y, asimismo, recibió de él la licencia docente junto a su hermano Abū ‛Amr.

Ibn ‛Abd al-Malik lo describe como hombre de amplia sabiduría, conocedor de las bellas letras y versado en ciencia religiosa, orador y secretario virtuoso, visir excelso, magnánimo y de elevada moralidad. Fue quizás su carácter soberbio y orgulloso lo que le hizo perder el favor del califa almohade Abū Ya‛qūb (m. 18 rabī‛ II 580=29 julio 1184), a cuyo servicio estuvo algún tiempo. Cuenta el mismo Ibn ‛Abd al-Malik que durante un asedio a Sevilla –probablemente tras la ofensiva que sufrió la ciudad el año 553 (=1158) por las tropas de Ibn Mardanīš–, Abū Ya‛qūb prohibió a su gente, apostada en un campamento a las afueras de Sevilla, que entrara en ella. Al parecer, Abū l-Hakam hizo caso omiso a esta orden y, desobedeciendo a su señor, penetró en la capital atacada. Tamaña afrenta sólo sirvió para que Abū Ya‛qūb lo destituyera y no lo volviera a admitir en la real cancillería. En fecha desconocida y por motivos que no se especifican, se trasladó a Marraquech y allí murió el año 584 (=1188-9).

De las obras que escribió conocemos dos títulos: Uno de ellos reza Awhām Ibn Qutayba fī l-Ma‛ārif (Infundios de Ibn Qutayba en los Ma‛ārif), obra de la que nos da noticia Ibn Dihya, quien la oyó de su autor. Por lo que deducimos del título, Abū l-Hakam no estaba de acuerdo con muchas de las opiniones que Ibn Qutayba (m. 276=889-90) había vertido en sus Al-Ma‛ārif fī dikr ajbār al-rusūl wa-l-sahāba wa-l-julafā’ (Conocimientos de las tradiciones sobre el Profeta, sus compañeros y los califas que le sucedieron).

El otro es su Istidrāk ‛alà Mu‛ŷam mā ista‛ŷama min asmā’ al-bilād wa-l-mawādi‛ li-l-wazīr Abī ‛Ubayd al-Bakrī (Corrección al Diccionario de los nombres confusos de los países y las localidades del visir Abū ‛Ubayd al-Bakrī). Ibn Dihya dice haber aprendido con el propio Abū l-Hakam esta obra que corrige o aclara alguno de los aspectos del diccionario de Abū ‛Ubayd al-Bakrī (m. 487=1094-5). Este texto, en palabras de Ibn Dihya, contenía unos cuatrocientos nombres o entradas geográficas referentes a muchos de los topónimos que aparecen en libros clásicos y cuya localización y explicación los poetas y sabios andalusíes tenían interés en conocer.



1.6. Abū Bakr Muhammad b. ‛Alī b. Muhammad b. ‛Abd al-Malik b. ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad b. al-Husayn b. Kumayl/Kamīl b. ‛Abd al-‛Azīz b. Hārūn al-Lajmī al-Išbīlī Ibn al-Murjī

Nacido en Sevilla en fecha que desconocemos, aprendió de su padre, Abū l-Hakam ‛Alī y de Abū l-‛Abbās Ibn Sayyid al-Liss. Dice al-Ru‛aynī que las transmisiones de Abū Bakr eran escasas, pero sus discípulos no fueron pocos, destacando entre ellos Abū Ishāq Ibn Muhammad al-Awsī al-Dabbāg, Abū Bakr Ibn Hišām, Abū l-Hasan al-Dabbāŷ, Abū l-Hasan al-Ru‛aynī (m. 666=1268), Abū l-Hakam Ibn Barraŷān, Abū l-Jattāb Ibn Jalīl (m. 652=1254) y su hermano Abū ‛Umar Ibn Jalīl (m. 646=1248-9), Abū ‛Abd Allāh al-Rundī al-Muslahim, Abū l-‛Abbās Ibn ‛Abd al-Mu’min al-Šarīšī (m. 619=1223), autor de un celebrado Šarh Maqāmāt al-Harīrī (Comentario a las Maqāmāt de al-Harīrī) y Abū ‛Amr Hakam b. Ibrāhīm b. Muhammad al-Gassānī.

Calificado como buen poeta, eminente secretario y háfiz de las bellas letras, Abū Bakr cultivó además la prosa y sobresalió por sus conocimientos de lexicografía, retórica y ciencias de la religión. Sirvió a varios califas almohades: junto a su padre en la cancillería de Abū Ya‛qūb Yūsuf (m. 580=1184); posteriormente, a los hijos de éste, Abū Yahyà Ibn Abī Ya‛qūb y Abū Yūsuf Ya‛qūb al-Mansūr (m. 595=1199); y, por último, a Abū ‛Abd Allāh Muhammad al-Nāsir (m. 610=1213).

Mantuvo una estrecha relación con otros secretarios sevillanos, caso de Abū l-Hasan Ibn Zayd o Abū l-‛Abbās Ibn al-Bintuh y, del mismo modo, fue amigo de Abū Muhammad ‛Abd al-Kabīr y de Abū Zayd al-Fāzāzī, quienes le dedicaron numerosos elogios. Murió probablemente en Sevilla, el 11 de rabī‛ II del año 615 (=7 julio 1218). También se da como fecha de su fallecimiento el 616 (=1219-20).

De las numerosas obras que escribió conocemos su Bugyat al-murtabit wa-durrat al-multaqit (Deseo cumplido del que está atado y perla del que recoge), libro dedicado a describir las condiciones y características del caballo. Ibn ‛Abd al-Malik es quien da el título completo de esta obra, escrita para el califa almohade Abū ‛Abd Allāh Muhammad al-Nāsir.

Otro de sus trabajos es el Kitāb hilyat al-adīb fī ijtisār al-Garīb al-musannaf (Libro sobre el ornamento literario, resumen del Tratado temático de los términos extraños). Se trata de un epítome de la obra al-Garīb al-musannaf, de Abū ‛Ubayd al-Qāsim al-Harawī (m. 223=837). Dice al-Ru‛aynī que Abū Bakr se la dedicó al califa Abū Yūsuf Ya‛qūb al-Mansūr antes de que éste subiera al trono, el año 580 (=1184). El mismo al-Ru‛ayni nos facilita la cadena de transmisión de la obra de al-Harawī diciendo que Abū Bakr la recibió, por mediación de su padre, de su abuelo, Muhammad b. ‛Abd al-Malik, quien a su vez la tomó de Abū ‛Ubayd al-Bakrī, éste de Abū Marwān Ibn Hayyān, que la transmitió de Abū ‛Umar Ahmad b. Abī l-Habbāb, que la había recogido de Abū ‛Alī Ismā‛īl b. al-Qāsim al-Bagdādī, éste de Abū Bakr Ibn al-Anbārī, que la recibió de su padre y éste de al-Tūsī, quien la aprendió de su autor, Abū ‛Ubayd al-Qāsim al-Harawī.

Nos han llegado también referencias de su Ijtisār fī Kitāb al-yatīma (Compendio del libro de la perla única), de la que sólo se da el nombre, sin que sepamos nada sobre el contenido de la misma. En cuanto a su poesía, el parecer de los biógrafos es que Abū Bakr era un buen poeta, pero su producción resulta escasa a la luz de lo poco que se ha conservado de él, apenas una casida que dan a conocer Ibn al-Abbār, al-Safadī y al-Suyūtī.



2. Conclusiones

Las biografías de los miembros de esta familia de origen jerezano, los Banū l-Murjī, ponen de manifiesto el papel que éstos jugaron en la historia política y literaria de al-Andalus. Conviene destacar, por tanto la continua presencia de los Banū l-Murjī en las diferentes cancillerías reales entre los siglos XI y XIII, fecha a partir de la cual dejamos de tener noticias acerca de este linaje. En cuanto a las alusiones a la alquería de Jarana, éstas son escasas y se limitan a señalar el origen de estos Banū l-Murjī, sin entrar en descripciones o valoraciones del lugar.

El miembro más sobresaliente de los Banū l-Murjī es, sin duda, Abū Bakr Muhammad b. ‛Abd al-Malik, sobre todo porque alguno de sus versos y un buen número de escritos suyos merecieron la consideración de autores de la talla de Ibn Bassām y al-Isfahānī. En orden de importancia hallamos a su nieto, Abū Bakr Muhammad b. ‛Alī –que fue maestro en Sevilla del afamado comentador de las Maqāmāt de al-Harīrī y gramático, el jerezano Abū l-‛Abbās Ibn ‛Abd al-Mu’min al-Šarīšī (m. 619=1223)– y al padre de aquél, Abū l-Hakam ‛Alī b. Muhammad, de los que nos han llegado algunos fragmentos poéticos y el título de los libros que escribieron. Con todo, no tenemos constancia de ninguna de las risālas que redactarían durante el ejercicio de su oficio como secretarios de los califas almohades. Una de las obras de esta época, recientemente editada y que reúne una importante colección de documentos de visires y escribanos, no los menciona, aunque es pertinente añadir que de ella sólo se conserva el primer volumen de los dos que la componían. Se trata del Kanz al-kuttāb wa-muntajab al-ādāb (Tesoro de los secretarios y fragmentos literarios escogidos) de otro jerezano, Abū Ishāq Ibrāhīm b. Abī l-Hasan 'Alī b. Ahmad b. 'Alī al-Fihrī al-Šarīšī, natural de la alquería de Būnas.

Para saber más:



sábado, 31 de diciembre de 2022

Una qubba a orillas del Guadalete

Según algunos textos (vid. M. Aragón Huerta, BA, 3, pp. 168-172), el famoso sabio ‛Abbās b. Firnās de Ronda (n. 887) fue contemporáneo del cantante iraquí Ziryāb y algunos miembros de su familia, con los que coincidió en diversas ocasiones. Cuenta Elías Terés (“‛Abbās ibn Firnās”, AA, 25, 1960, pp. 247-248) que, en las postrimerías del reinado de ‛Abd al-Raḥmān II, el gobernador de Sidonia por aquellos años, el noble y rico Maḥmūd b. Abī Ŷamīl, mandó construir, a orillas del Guadalete (Wādī Lakka) un pabellón (qubba) adornado con finas pieles y lujosas alfombras, en el que gastó la elevada suma de 500 dinares.

Cuando terminó de erigirlo, preparó un festín al que invitó a los nobles de la cora. Llegaron los invitados, entre los cuales se encontraba un hijo del cantor Ziryāb, y cuando terminaron de comer pasaron al salón de recepciones. Entonces se presentó ‛Abbās b. Firnās, que venía a saludar a Maḥmūd, quien salió a recibirlo, lo abrazó y todos se regocijaron con su llegada. Le sirvieron comida y pasó con todos al salón, donde el hijo de Ziryāb comenzó a cantar:

Cuando no me conmueven las mujeres de la caravana
me emocionan las palomas, arrullándose en los campos.
Con sus arrullos hacen llorar al enamorado,
porque son plañideras, aunque no viertan lágrimas.

Todos los presentes, admirados, hicieron repetir la canción al hijo de Ziryāb, y cuando éste acabó, ‛Abbās b. Firnās tomó en sus manos el laúd y los volvió a cantar, rematándolos con otros dos versos que improvisó en alabanza de su anfitrión, Maḥmūd, gobernador de Sidonia, y que decían así: 

En Maḥmūd he fortalecido mi mano, que estaba desamparada
en una época estéril para la esperanza.
Para la generosidad y la gloria ha construido una qubba
ante la cual los hombres más generosos quedan prosternados.

Al escucharlo, Maḥmūd le dijo a ‛Abbās b. Firnās: ¡Oh Abū l-Qāsim! La cosa más preciosa que me ha proporcionado mi dinero es esta qubba. Yo te la regalo, y también esta vestidura que llevo puesta. Pasaremos pues, el día de hoy, bajo tu hospitalidad en esta qubba. Inmediatamente, pidió otro vestido, entregó a ‛Abbās el que llevaba puesto y continuó así la fiesta. 

En el momento de la despedida, uno de los invitados al banquete, ‛Abd al-Malik b. Ŷahwar, le dijo a ‛Abbās b. Firnās: Abū l-Qāsim, esta qubba no va a servirte a ti para nada, y no tendrás más remedio que venderla; si quieres, yo te la compro por 500 dinares. E Ibn Firnās le respondió: ¡Tuya es!