domingo, 5 de abril de 2026

De Šarīš al Magreb: sabios jerezanos entre Fez, Ceuta, Salé, Mequinez y Marrakech

Tras regresar esta pasada Semana Santa de un viaje por Fez y Mequinez, y después de haber vuelto a recorrer con calma calles, zocos y espacios que tantas veces aparecen en las fuentes árabes, he sentido la necesidad de volver sobre una idea que, en realidad, ya estaba en los textos: la profunda conexión entre el Jerez andalusí —Šarīš— y el Magreb. Porque, aunque tendamos a mirar hacia Sevilla, Córdoba y otras de las principales urbes de al-Andalus, lo cierto es que ciudades como Fez, Ceuta, Salé, Mequinez o Marrakech formaban parte de un mismo horizonte cultural. Para muchos sabios vinculados a Jerez, la otra orilla no era un mundo lejano, sino una extensión natural de su espacio de formación, trabajo y vida.

Bab Boujloud. Fez

Sabios entre Jerez y el Magreb

Uno de los casos más claros es el de ʿAbd Allāh b. Muḥammad al-Nābulusī al-Magribī, activo hacia 647 H./1249-1250. Natural de Tánger, se formó en Ceuta y en Fez antes de ejercer como cadí en Jerez. Su trayectoria resume perfectamente ese itinerario intelectual entre ambas orillas.

En la misma línea encontramos a ʿAlī b. ʿAbd Allāh al-Matīʿī, que vivió en Fez, pasó a Ceuta y a Sevilla, y terminó sus días como cadí en Jerez, donde murió en 570 H./1174-1175.

Más aún, ʿAlī b. ʿAbd Allāh Ibn Qaṭrāl desarrolló una carrera verdaderamente transregional: fue cadí en Fez, Ceuta, Játiva, Córdoba y Jerez. Vivió entre 563 H./1167-1168 y 651 H./1253-1254, y encarna como pocos la movilidad de los ulemas en época almohade.

También el gran sabio jerezano Abū l-ʿAbbās Aḥmad al-Šarīšī (m. 619 H./1223), autor del célebre comentario de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī, se formó con maestros de Fez y llegó a ejercer como cadí en Ceuta, antes de regresar a Jerez, donde desarrolló su magisterio.

No menos interesante es el caso de ʿAbd al-Raḥmān al-ʿAššāb, médico jerezano que residió en Ceuta y murió hacia 650 H./1252-1253. Su figura recuerda que esta red no fue solo jurídica o religiosa, sino también científica, y que el tránsito entre ambas orillas afectó a distintos ámbitos del saber.

La relación con el norte de África no fue únicamente formativa. Algunos sabios jerezanos desarrollaron su carrera directamente en ciudades magrebíes. Así, Abū l-ʿAbbās Aḥmad b. Muḥammad al-Šarīšī, natural de Jerez, fue cadí de Mequinez y de Salé, donde acabó estableciéndose. Murió a comienzos de 611 H./1214-1215, en plena época almohade.

Bab Mansour. Mequinez

A su entorno pertenece Aḥmad b. Muḥammad al-Šarīšī, Tāŷ al-Dīn, nacido hacia 583 H./1187-1188, probablemente ya en Salé, donde su familia se había asentado. Su trayectoria lo llevó más lejos aún, hasta El Cairo, donde murió en 640 H./1242 tras dedicarse al estudio del sufismo.

El fenómeno no afecta solo a individuos, sino también a linajes completos. Es el caso de Abū ʿAlī al-Šarīšī al-Bakkāy, de origen jerezano pero natural de Salé, que vivió en Marrakech, donde fue considerado uno de sus habitantes más destacados por su religiosidad. Su vida transcurre entre los siglos XII y XIII.

Igualmente, Abū ʿĪsà Yūsuf b. ʿĪsà b. Lubb al-Šarīšī, también vinculado a Salé, forma parte de esa diáspora jerezana asentada en el Magreb.

Una red entre dos orillas

Todo ello permite dibujar una imagen distinta de la habitual. Jerez no aparece como un espacio periférico, sino como un nodo activo dentro de una red que conectaba ambas orillas del Estrecho. Durante la época almohade (siglos XII–XIII), esta red alcanza su máxima intensidad: Fez como centro de formación, Ceuta como puente, Salé y Mequinez como destinos profesionales, y Marrakech como lugar de asentamiento.

No deja de ser significativo que, junto a estas trayectorias humanas, aparezcan también huellas materiales de esa misma conexión, como los dirhemes almohades acuñados en Fez hallados en Jerez, testimonio de un mismo espacio económico y político.

Dirham con ceca Fez

Después de haber caminado estos días por Fez y Mequinez, uno comprende mejor lo que dicen las fuentes. No se trata solo de nombres en diccionarios biográficos, sino de vidas que cruzaron el Estrecho, de maestros que enseñaron a uno y otro lado, de familias que echaron raíces lejos de su lugar de origen.

Lejos de ser una ciudad encerrada en sí misma, Šarīš fue también una ciudad abierta al sur. Y quizá convenga recordarlo: porque, en cierto modo, parte de su historia sigue latiendo todavía al otro lado del Estrecho.