domingo, 25 de enero de 2026

Un fragmento de flauta en hueso con epigrafía de Šarīš (Jerez de la Frontera)

1. La música en al-Andalus

El mundo andalusí fue una civilización profundamente sonora, donde el canto, el ritmo y los instrumentos formaban parte tanto del refinamiento cortesano como de la vida diaria. La música no era un simple entretenimiento: era cultura, identidad y, en muchos casos, una auténtica forma de prestigio social.

Las fuentes árabes medievales —desde los repertorios literarios hasta las biografías de sabios y artistas— muestran que el arte musical ocupaba un lugar destacado en los ambientes urbanos. En palacios, casas acomodadas y reuniones privadas, el canto y la interpretación instrumental acompañaban la poesía, la conversación y el disfrute estético. No es casual que al-Andalus fuese célebre en el Occidente islámico por su gusto musical y por la circulación de estilos y repertorios.

Fig. 1. Fragmento de pintura mural andalusí (siglo XII) con representación de flautista. Museo de Santa Clara la Real (Murcia). Imagen adaptada a partir de fotografía de Ángel M. Felicísimo (Wikimedia Commons, CC BY 2.0)

La investigación musicológica contemporánea ha subrayado, además, que la herencia musical andalusí no se reduce a la dimensión literaria: incluye tradiciones performativas y un repertorio instrumental diverso, documentado en fuentes de distinta lengua y procedencia (árabe, hebrea, romance y latina), cuya transmisión y reinterpretación llega hasta época moderna.

Por su parte, los estudios organológicos han señalado que, aunque en al-Andalus son relativamente escasas las representaciones figurativas por razones culturales y artísticas, sí es posible reconstruir el universo instrumental a partir de la iconografía disponible y, sobre todo, de los testimonios textuales y materiales.

Pero la música no se quedaba encerrada en la élite. También estaba presente en celebraciones, fiestas y espacios populares. En ese contexto, los instrumentos de viento (aerófonos) desempeñaron un papel importante, ya fuera como acompañamiento, como reclamo sonoro en exteriores o como parte de prácticas musicales más sencillas y directas, vinculadas al entorno cotidiano. Desde la arqueología, se han propuesto criterios para identificar aerófonos en el registro material a partir de piezas óseas perforadas, lo que permite integrar hallazgos fragmentarios en un marco comparativo más amplio.

Por ello, la aparición de un fragmento de aerófono en un contexto arqueológico andalusí no es un hallazgo menor: nos conecta con una dimensión sensorial del pasado, con el sonido perdido de una sociedad que no solo construía murallas y mezquitas, sino que también cantaba, tocaba y escuchaba.

Fig. 2. Fragmento de aerófono de hueso, Ronda del Caracol (Jerez de la Frontera), siglos XII–XIII. Fotografía: Museo Arqueológico Municipal de Jerez

2. La pieza: ficha de inventario y contexto arqueológico

En las excavaciones realizadas en Ronda del Caracol (Jerez de la Frontera) en 1999 se documentó una pieza ósea incompleta, registrada con la siguiente ficha:

IG 1495. Jerez de la Frontera. Ronda del Caracol. Excavaciones 1999. Siglos XII–XIII. ¿Cantonera de libro? Hueso. Incompleta. Leyenda epigráfica. Longitud: 5,8 cm / Anchura: 1,6 cm

A primera vista, por su forma alargada y su decoración, el objeto se ha interpretado como un elemento ornamental o de refuerzo. Sin embargo, varios rasgos técnicos invitan a considerar una lectura distinta, como veremos a continuación.

En cuanto a la materia prima, y de acuerdo con la bibliografía comparativa que se cita más abajo, el soporte óseo puede proceder de hueso de ave, probablemente de gran tamaño; en trabajos de referencia se han propuesto incluso huesos de buitre (por ejemplo, huesos largos de alas) como materia prima idónea para aerófonos en la Península Ibérica, por su morfología tubular y su comportamiento acústico.

La pieza conserva una banda epigráfica incisa en escritura cursiva, acompañada de punteados y motivos de relleno característicos. La lectura que mejor se ajusta al trazado visible es la fórmula propiciatoria: al-yumn wa-l-iqbāl (اليُمن والإقبال): “la dicha y la prosperidad”. Se trata de una leyenda breve, repetible y de buen augurio, muy frecuente en la cultura material andalusí, especialmente en cronologías almohades y post-almohades tempranas y mudéjares.

La identificación de la pieza jerezana se refuerza notablemente gracias a un paralelo prácticamente “gemelo”: una flauta de hueso completa conservada en el Museo Arqueológico de Sevilla (fig. 3), decorada con la misma inscripción (al-yumn wa-l-iqbāl) y con un esquema ornamental muy similar (banda epigráfica y cenefas). El paralelismo formal y epigráfico permite proponer que el fragmento de Jerez pertenece a un mismo repertorio de objetos: aerófonos de hueso ornamentados con epigrafía propiciatoria, propios de los siglos XII–XIII.

Fig. 3. Flauta de hueso con inscripción del Museo Arqueológico de Sevilla. Fotografía: Manuel Camacho Moreno: ceres.mcu.es

Un rasgo especialmente relevante del fragmento jerezano es la presencia de perforaciones que parecen atravesar completamente el tubo, dispuestas en dos hileras. Este detalle resulta difícil de explicar si se tratara de un simple elemento decorativo o de encuadernación. En cambio, encaja con naturalidad en el diseño de un instrumento de viento, donde los orificios cumplen funciones de digitación y ajuste sonoro. La doble hilera puede relacionarse con:

a) Digitación en dos planos, para facilitar la colocación de los dedos en un tubo estrecho.  

b) Agujeros secundarios de afinación o ventilación, destinados a ajustar la respuesta acústica o estabilizar el timbre.    

c) Un sistema de digitación más flexible, con combinaciones alternativas de notas.

El carácter pasante de las perforaciones constituye, por tanto, un argumento de peso a favor de la interpretación del objeto como aerófono funcional.

En cuanto al tipo de instrumento, todo apunta a una flauta recta (de bisel) y no a una travesera. Las flautas traveseras se caracterizan por un orificio de embocadura lateral claramente diferenciado, destinado a soplar “de lado”. En cambio, en estos aerófonos de hueso lo habitual es un tubo de soplo directo con perforaciones de digitación. La ausencia de una embocadura lateral evidente, junto al estrecho paralelo sevillano, refuerza la propuesta de que el fragmento jerezano corresponde a una flauta recta decorada con epigrafía.

Por su morfología y por el estrecho paralelo sevillano, el fragmento parece corresponder a una flauta recta de hueso, interpretable dentro del tipo tradicional conocido en castellano como axabeba (flauta andalusí), si bien su conservación incompleta impide una identificación organológica más precisa.

3. Poesía y música: un eco literario en la Šarīš andalusí

Este pequeño fragmento de aerófono no es un objeto aislado, sino una pieza que encaja de forma natural en el paisaje cultural de la Šarīš andalusí de los siglos XII–XIII (fig. 2). Sabemos por la propia literatura que la poesía no se concebía como un arte silencioso, sino como una práctica ligada a la audición, la recitación y el canto, en un ambiente de sociabilidad refinada. En mi trabajo inédito sobre los poemas de Ibn Sahl al-Isrā’īlī al señor taifa de Jerez, se alude precisamente a ese contexto cortesano y urbano, donde el elogio, el vino y la música forman parte de un mismo escenario estético: el poeta compara la generosidad del visir con “el buen vino que se sirve con el canto” (كَرَحِيقٍ عَلَى الغِنَاءِ تُدَارُ). Así, la aparición en Jerez de un aerófono decorado con epigrafía propiciatoria no solo aporta un dato arqueológico: devuelve a la ciudad una huella material de aquel mundo donde poesía y música formaban parte de la experiencia urbana.

La Šarīš medieval no fue únicamente un enclave defensivo o administrativo, sino también un espacio de intensa vida cultural. Las fuentes bio-bibliográficas permiten reconstruir una ciudad donde la enseñanza y la actividad intelectual se desarrollaban tanto en la mezquita aljama como en ámbitos privados cultos, como el maŷlis. No faltan incluso referencias a reuniones espirituales, como las sesiones de un sufí de Jerez mencionado en la tradición biográfica, un tipo de escenario donde la recitación y el componente sonoro debieron de desempeñar un papel esencial.

4. Conclusión: una huella material del sonido en la Jerez andalusí

Aunque hoy se conserve de forma fragmentaria, esta pieza reúne elementos de gran interés: un soporte óseo trabajado con intención estética, una inscripción propiciatoria y una configuración técnica coherente con un instrumento de viento. La fórmula al-yumn wa-l-iqbāl (“la dicha y la prosperidad”) no solo embellecía el objeto, sino que lo cargaba de significado: como si el instrumento, además de emitir música, llevara grabado un deseo de fortuna para quien lo tocara.

En definitiva, el fragmento de Ronda del Caracol parece hablarnos de una dimensión cotidiana y sensorial de la Šarīš medieval: una ciudad donde la cultura se vivía en la palabra recitada, en el maŷlis, en la sociabilidad culta y, probablemente, también en el sonido de instrumentos hoy perdidos. En ese contexto, el aerófono jerezano no es una rareza: es una pequeña evidencia arqueológica de que Jerez también sonaba.

5. Bibliografía

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