En diversos trabajos ya me he referido al amplio y fértil alfoz en que la ciudad andalusí de Šarīš (Jerez) basaba su prosperidad económica. Gracias a la documentación castellana, conocemos el nombre de muchas de las alquerías y otras poblaciones no mencionadas en las fuentes árabes que conformaron su extenso territorio. Un ejemplo de ello lo vemos en la alquería de origen andalusí de Margalihud, cuyo topónimo y ubicación conocemos gracias a los textos medievales castellanos, y a obras como las de Esteban Rallón y Bartolomé Gutiérrez, del siglo XVIII; o en el caserío de Majarromaque, a orillas del Guadalete, con restos arqueológicos de época musulmana, pero del que sólo tenemos referencias, hasta el momento, en obras cristianas.
Agricultores en una ilustración del Kitāb al-Diryāq. BNF, ms. Arabe 2964
Con todo, los textos árabes corroboran la denominación de algunos de esos topónimos y aportan, además, el de otros que no aparecen en las castellanas. Así, por ejemplo, la obra de Ibn al-Faraḍī, aparte de los de las ciudades de Šidūna, Qalsāna o la propia Šarīš, ciudades principales de la cora de Sidonia durante el califato, nos habla de las alquerías de Qarīša, denominación de la antigua ciudad de Carissa Aurelia, hoy en día un señalado yacimiento arqueológico entre Bornos y Espera, que aparece erróneamente transcrito como Barīša, y que fue el hogar durante un tiempo de Tamīm b. ‛Alā’ b. ‛Āsim al-Tamīmī de Écija (fallecido hacia el año 300=912-3 en Šidūna); Baṭrīya, que se corresponde con Patría, en el término actual de Vejer de la Frontera, y donde vivieron los alfaquíes Abū ‛Umar Yūsuf b. Wahbūn y ‛Alā’ b. ‛Adī; al-Buḥayra (Vejer de la Frontera) lugar de residencia del alfaquí Abū Isḥāq Ibrāhīm b. Qays (m. en 360=971-2); o Asṭah, en las actuales Mesas de Asta, a 4 kilómetros de Jerez, ciudad de nacimiento del jatib y alfaquí ‛Uṯmān b. Sa‛īd b. al-Bišr b. Gālib b. Fayḍ al-Lajmī, que dirigió la oración en su mezquita aljama y en la que murió en 373 (=983-4).
Obras posteriores mencionan otros topónimos del territorio jerezano como Arkuš (Arcos), donde nació, entre otros ulemas, el poeta y lexicógrafo Abu Bakr Ibn al-Fajjār (m. 723=1323-1324); Qal‛at Jawlān (Alcalá de los Gazules), hogar del poeta Abū ‛Imrān Mūsà b. Sālim al-Qal‛ī al-Jawlānī; Būnayna, junto a Karannāna, donde enseñó algún tiempo el ulema sevillano Ibn Sayyid al-Nās (m. 659=1260-1); Ḏuŷŷa (cortijo de Ducha), cuna de Abū Mūsà ‛Īsà b. ‛Abd Allāh al-Lajmī al-Ḏuŷŷī al-Šarīšī; Madīnat Ibn al-Salīm, también llamada simplemente Madīna, la actual Medina Sidonia, secularmente confundida con la ciudad de Šidūna, de donde procede Abū Isḥāq Ibrāhīm Ibn al Bannāʾal-Madīnī; Faysāna (Facinas), en la que supuestamente murió Nuŷaba b. Yaḥyà al-Ru‛aynī al-Išbīlī, de quien también se dice que finó en Birkat o Bakkat Q.m.rat (Beca-Caños de Meca), también del distrito de Jerez según los textos árabes; Būnas/Burnus (¿Cortijo de San José de Prunes/Bornos?) sitio de origen de Ibrāhīm b. ‛Alī al-Būnasī; Rūṭa (Rota), donde se crió Ibrāhīm b. Ŷāmi‛; Šallabar (Jeliver), la localidad de la que fue cadí ‛Alī b. Muḥammad b. ‛Alī al-Ru‛aynī Ibn al-Fajjār al-Išbīlī, ulema y cadí sevillano que el año 615 (=1218-9) estuvo en Jerez aprendiendo de los maestros que cita en su conocido Barnāmaŷ; Šarāna, de la que proceden los Banū l-Murjī; Galyāna, fortaleza que podría corresponderse con la actual Torre Melgarejo, y que dio nombre a los conocidos Llanos de Caulina; o la mencionada Karannāna (Grañina, repartida a los pobladores de Cádiz en 1263) el lugar del que procede la nisba de Abū l-Ḥasan ‛Alī al-Karannānī. Tenemos también testimonio del nombre de un par de lugares junto al Guadalete, descrito por Ibn Sa‛īd como río placentero con jardines y bellos paisajes que diríase compendio del río de Sevilla: una es el marjal o pradera del Brocado (marŷ al-Sundusīya), y la otra Aŷŷāna o al-Ŷāna (tal vez los hoy conocidos como Llanos de La Ina), a la que los poetas jerezanos Ibn Lubbāl e Ibn Giyāt dedicaron sendas casidas; o el del embarcadero de Ṭarbašāna (Trebujena).
La paulatina conquista castellana fue sometiendo y distribuyendo entre particulares y órdenes militares y religiosas las poblaciones de mayor relevancia dentro de la antigua jurisdicción de Šarīš, con sus respectivos y nuevos territorios. Entre los documentos que atestiguan esta división del antiguo alfoz jerezano, contamos con el repartimiento de El Puerto de Santa María, la antigua al-Qanāṭir y Santa María del Puerto, cuyas casas fueron entregadas finalmente a los miembros más destacados del concejo de Cádiz entre enero y noviembre de 1268, junto a las alquerías de Campix, Grañina, Finojera, Poblañina y Fontañina, y las de Bayna, Villarana, Bollullos, Machar Tamarit, Machar Grasul y Casarejos. Otro texto relacionado con el anterior, que confirma la segmentación de la antigua circunscripción jerezana de época andalusí en esa zona, es el referido a la incorporación, también a la comarca de la ciudad de Cádiz, de los concejos de Sanlúcar, Rota, La Puente (la antigua alquería andalusí de Rayḥāna) y Sidonia en noviembre de 1268. El antiguo territorio de esta última, que comprendía las aldeas de Tiros, Barbaina, Parparana, Bonaina, Guadahabaque, Hela, Leyar y la aldea de Los Santos, en la actual sierra de San Cristóbal, entre El Puerto de Santa María y Jerez, se concedió en 1267 a los cien vecinos que poblaron El Portal como lugar estratégico fundado por Alfonso X para la conquista de Jerez. Según el profesor Jiménez López de Eguileta, el término de Sidonia, una vez agregado a Cádiz y, sobre todo, a partir de 1284, cuando lo fue a El Puerto de Santa María, ciudad que había recibido carta de población en 1281, se redujo a la cara meridional de la sierra de San Cristóbal, quedando la septentrional en el de Jerez desde 1269, tras la incorporación de El Portal a su territorio. Otros documentos que confirman cómo la corona castellana redujo aún más el alfoz jerezano por todos sus márgenes son la partición de términos que el 27 de junio de 1269 se estableció entre Medina Sidonia y Jerez, Vejer, Tarifa, Algeciras y Alcalá de los Gazules; y la aprobación de 3 de agosto de 1274 del deslinde de la comarca de Jerez con las de Lebrija y Arcos, que habría sido efectuado en torno a junio o julio de 1269.
Lo que parece fuera de toda duda es que la distribución entre los cristianos del espacio rural jerezano que había quedado dentro de esos márgenes se inició el diez de julio de 1269. Así lo dice la primera partida del libro de repartimiento que Mesa Xinete, copiándola de Espínola, transcribe en su obra histórica de la siguiente manera:
[…] Comprueba lo dicho el instrumento original, de que alcanzó á ver parte el P. Spínola como espresa en su manuscrito, del repartimiento de tierras de esta Ciudad, en que, habiendo el Rey D. Alonso 10, en Sevilla, á 8 de Abril, era 1.307, que es año 1.269, concedido á Jerez, un Barrio franco, como en Sevilla, y su término, demás de las Aldeas de adentro, con los Castillos del Puerto, Rota, Chipiona, Solucar, Evora, Montagut, Trebujena, ó de Givalvin á la mar dice, se comenzó el repartimiento de tierras, cuya primera partida dice: Miércoles, diez días de jullio, era 1.307 (que es año 1.269) fueron hacia las aldeas de Jerez, é partieron los términos dellas, é midieron quantas yungadas había en ellas: Primeramente, comenzamos de facer la aldea de Barruayana, que comienza su término en la carrera que vá de Jerez á Casareya, aldea de Sidonia, la cual alinda con Torroz y Sidonia […].
Tres meses después, el 12 de octubre, Alfonso X ordenaba, mediante una carta emitida en Toledo, que no hubiera en Jerez más de treinta donadíos. Según un cuaderno manuscrito del siglo XIX, redactado por el archivero municipal jerezano Agustín Muñoz y Gómez, estas propiedades eran Almocadén, Pedro Díaz o Hinojosa, Romanina, Casarejos, Montegil, Grañina, Cuervo, Villamarta, Barbaina, Maharromaque, Chillas, Uria, Lanzabota, Pozo de la Horca, Adelfoso, Prunes o Ventosilla, Barja, Bujón, Crespellina, Fuente del Rey, Arana, Zurita, Miramundos, Berlanga, Gédula, Donadío del Obispo de Cádiz, Xara, Mesa de Asta, Cortijo de Montecorto y Monteagudo. En opinión del profesor Martín Gutiérrez, este listado presenta serias dudas, entre ellas la de que el autor no indique cuál fue la fuente de información que utilizó para elaborarla. Además, resulta sospechoso que la mayoría de topónimos apuntados por Muñoz y Gómez sean los de pagos y aldeas de la campiña jerezana existentes en su época; es decir, tal vez el archivero de la ciudad escribía aquello por mera suposición y, simplemente, y a partir de ella, lo que pretendía era retrotraer hacia un pasado lo más glorioso posible los nombres de estos lugares, relacionándolos con el momento de la conquista castellana. No obstante, va a ser el propio Martín Gutiérrez quien reconstruya, a partir de una rigurosa labor de archivo, el poblamiento del alfoz jerezano bajomedieval con la confirmación documental de más de cuarenta aldeas y doce donadíos de los treinta que fueron repartidos por Alfonso X en 1269.
Paisaje de olivos un día nublado en la campiña de Jerez. / Miguel Ángel González
En el siglo XVIII, el citado historiador Mesa Xinete, basándose a buen seguro en la obra de Espínola, aportaba también una enumeración de propiedades, alguno de cuyos topónimos coinciden con los que aparecen en las fuentes árabes y medievales reseñadas, y con el propio Muñoz y Gómez. Así, leemos que
el libro del repartimiento de tierras hace memoria de más de las dichas aldeas, que son las primeras y más inmediatas a Xerez: Barbaina, Torros, Sidonia, Casareia, Plata, Marta, Xarana, Efe, Capirete, Tabajete, Ducha, Espartina, Cardena, Montejil, Mojonblanco, Montana, Romanina, Vicos, Ajibalbín, Burugena, Alcántara, Crespellina, Domenga, Caulina, Macharnudo, Mararocán, Albaladejo, Esparragal, Xara, Trobal, Asta, Monteagudo, y otras muchas oi conocidas con el propio nombre de los pagos de tierra donde existían. Comprendían sus términos los castillos del Puerto, Rota, Chipiona, Solucar, Ébora, Montagut, Trebujena e de Jibralbin a el mar.
Sobre el reparto de Grañina, aldea citada por Muñoz y Gómez, a los pies de Gibalbín, diferente de la alquería homónima del término de El Puerto de Santa María a la que ya hemos aludido, el profesor Emilio Martín encontró la noticia de su partición en las Actas Capitulares jerezanas del año 1505, cuyo contenido se basa en una disputa por delimitación de términos en la que se vieron implicados los concejos de Sevilla, Lebrija y Jerez. En medio de los pleitos, el concejo de esta última, en la persona del escribano público Juan Román, y a petición del de Sevilla, extrajo del arca de los privilegios cinco cuadernos cosidos y escritos en letra antigua sobre pergamino de cuero que, según el propio escribano, eran el Libro de la Diuisión de las Aldeas e Cortijos desta çibdad e de su término. El primer cuaderno tenía el mismo encabezamiento que leemos en Mesa Xinete, y fue copiado en las Actas Capitulares a las que nos referimos, igual que la partida correspondiente a la aldea de Grañina, situada al norte de Jerez, junto a la sierra de Gibalbín, en la que se menciona su extensión y sus propietarios. Existen también datos de la aldea de Santa y del donadío de El Cuadrado, donde heredó el conocido Gonzalo Matheos, “el de los Buenos Fijuelos”, extraídos de la copia de una ejecutoria de hidalguía que, en la actualidad, aún se custodia en la biblioteca de los descendientes de esta familia. Así, leemos en el folio 150 de ese texto cómo en el arca de Cabildo se hallaron
sinco cuadernos de pergamino escritos de letra antigua que decía el uno de ellos un título encima, que decía El Titulo de las Heredades, del qual se sacó la cavesa de los dichos cuadernos con la partida que el dicho licenciado, Alonso Lopez Matheos, en los dichos nombres pidió que se leyese el siguente: “otrosi comenzaron a partir el donadío del Cuadrado en el qual son herederos los donados y seis cavalleros del feudo y trece caballeros ciudadanos y tres clérigos y setenta y quatro pobladores de la collación de San Mateo [...]”, y en la tercera suerte está una partida que dize: “la tercera suerte que ha por linderos en linde de heredad de Hernán Yáñez sobredicho y, de la otra parte, la cañada, y de la otra cabeza el camino de San Lucar sobre dicho, cupo a Gonzalo Matheos el de los Buenos Fijuelos”. Los quales sinco cuadernos y libros del repartimiento de las dichas heredades tienen hasta aquí 64 foxas contadas por mí el presente receptor. Este libro lo mando escribir Alfonso Yañez Adugado, vecino de Xerez, por mandado del Concejo de dicho lugar. Escribiólo todo Aparicio Martín su discípulo y su criado. Acabado el postrimero día del mes de octubre de 1366 de la Hera. Bustillo firma la copia.
Sabemos que los papeles originales del libro del repartimiento rústico estuvieron en poder del concejo jerezano hasta 1588, pues su existencia consta en el acta de la sesión de Cabildo de 19 de agosto, en la que se detalla su entrega al juez de baldíos Diego de Vega, comisionado para la venta de tierras en virtud de una Real Cédula de ese mismo año. En dicho documento, resumido en un manuscrito de finales del siglo XIX que se conserva en la Real Academia de la Historia, y que también parece redactado por el citado archivero municipal Agustín Muñoz y Gómez, se describe el contenido de aquellos papeles, consistente en:
a) Un quaderno en pergamino que el título dize “Amojonamiento de los términos de Juan Flores entre Xerez y Cardela y entre los otros lugares”, escripto en siete fojas con la del signo y primera.
b) Otro escripto en pergamino intitulado “Quaderno doce. Libro del aldea del Portal”, escrito en honze fojas.
c) Otro Quaderno escrito en pergamino intitulado “Libro de las suertes, que son doze. Repartir la tierra”, escrito en veinte y cinco fojas.
d) Otro quaderno escrito en pergamino intitulado “Repartimiento de las eredades”, en veinte y nueve folios, que son dos quadernos cozidos con una cuerda y ambos fazen la dicha suma.
e) Otro quaderno escrito en pergamino intitulado “Libro de las Capellanías de la Mesa Capitular”, escrito en diez y siete fojas.
f) Un libro viejo desencuadernado y desojado y algunas ojas de ellas hechas pedazos que, contado hoja por oja, tuvo trezientas y ocho fojas.
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* Podríamos afirmar que el primer autor que más recientemente prestó atención al repartimiento rústico de Jerez fue Sancho de Sopranis en los párrafos monográficos que escribió en su Historia de Jerez, I, 1964, pp. 38-42, y que, asimismo, sirvieron de base a González Jiménez y González Gómez, 1980, pp. XIX-XXII, para el conciso análisis que le dedican al tema en la introducción a su edición del repartimiento urbano de Jerez. En relación con el estudio del alfoz jerezano, cabe mencionar aquí tanto al profesor Martín Gutiérrez, tal vez el mayor especialista en la campiña de Jerez de época bajomedieval cristiana, y autor de diversos trabajos sobre el tema (1999, 2003a, 2003b, 2004, 2014 o 2015, entre otros), como a los hermanos José y Agustín García Lázaro, 2020 y 2021, los mejores divulgadores del entorno rural de nuestra ciudad entre el lector no versado. Sobre la toponimia de la zona de influencia de Jerez, el intento de García de Diego López, 1972, resulta bastante insatisfactorio, por lo que hasta el momento lo más recomendable es seguir los mencionados trabajos de Martín Gutiérrez, o acercarse a trabajos clásicos, aunque más generales, como los de Asín Palacios, 1944; Pabón, 1950-1953; o Terés Sádaba, 1986, en los que se da la etimología árabe o latina de algunos nombres de lugar de nuestro entorno, entre muchos otros foráneos.
(Texto extraído del artículo de BORREGO SOTO, Miguel Ángel (2023): "Nuevos datos sobre el repartimiento rústico de Jerez a partir de varios manuscritos inéditos", en Revista de Historia de Jerez, nº 26, pp. 261-315)
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