En enero de 1188, al salir de Jerez después de la oración de la tarde, el joven al-Būnasī encontró una multitud reunida fuera de las murallas para despedir a Ibn Lubbāl. Cuando evocó aquel entierro en su obra Kanz al-kuttāb, escribió que la ciudad había arrojado afuera a sus habitantes, como si ninguno hubiera querido quedarse en casa. Había muerto uno de sus maestros más respetados, un hombre cuya dedicación a la enseñanza y cuya forma de vivir ayudan a entender el duelo que describe el testigo.
Recreación digital del ambiente de unas exequias fuera de una ciudad andalusí a finales del siglo XII, inspirada en el relato de al-Būnasī. Los personajes y la arquitectura son imaginados; no reproduce una puerta concreta de Jerez
Abū l-Ḥasan Ibn Lubbāl había sido cadí de Jerez, aunque aceptó el cargo a disgusto y, cuando pudo abandonarlo, regresó a la enseñanza. Sus biógrafos lo recuerdan cercano a quienes acudían a aprender y poco inclinado al lujo. Vestía habitualmente una túnica de lana, atendía sus propias necesidades y llevaba él mismo el pan al horno. Estos detalles, que Ibn ʿAbd al-Malik recoge junto a sus conocimientos y sus obras, dibujan a un maestro cuya autoridad se apoyaba en el saber y en una conducta que sus contemporáneos consideraban ejemplar (Ibn ʿAbd al-Malik, 1965, V, pp. 169–171).
Al-Būnasī era todavía un muchacho cuando asistió a sus exequias. Las fecha en el martes 3 de ḏū l-qaʿda del año 583 de la hégira, correspondiente a enero de 1188. Seguimos aquí su testimonio presencial, pues otras fuentes discrepan sobre el año. Después de recordar su juventud y su afición al estudio, cuenta lo que vio al salir de la ciudad (al-Būnasī, 2004, II, p. 819).
فخرجت خارج المدينة بعد صلاة العصر، وهي قد ألقت من فيها من أهلها وساكنيها، واجتمع قاصيها إلى دانيها، والناس بين باكٍ ملء عينيه، ومسترجعٍ عاضٍّ على يديه. وصُلِّي عليه، ثم دُفِن الحلمُ والورعُ معه في قبره، وتعطّل جيدُ الزمان من نظمه ونثره.
Salí de la ciudad después de la oración de la tarde, y aquella había arrojado afuera a cuantos vivían en ella. Allí se congregaron gentes de todas partes; unos lloraban con los ojos llenos de lágrimas y otros pronunciaban el istirŷāʿ mordiéndose las manos. Tras la oración fúnebre, la prudencia y la piedad fueron sepultadas con él, y el tiempo perdió el collar de sus versos y de su prosa.
La imagen de una ciudad que se vacía para acompañar al difunto expresa el reconocimiento público que había alcanzado Ibn Lubbāl. Al-Būnasī reúne en la misma escena a quienes venían de lugares cercanos y apartados. La multitud comparte el duelo, mientras el narrador se detiene en los gestos de quienes lloran y de quienes buscan palabras con las que afrontar la pérdida.
Uno de esos gestos necesita una explicación para el lector actual. El istirŷāʿ consiste en pronunciar, ante una desgracia o una muerte, la fórmula que recoge el Corán en la azora de la Vaca (2:156).
إِنَّا لِلَّهِ وَإِنَّا إِلَيْهِ رَاجِعُونَ
Innā li-Llāhi wa-innā ilayhi rāŷiʿūn
A Dios pertenecemos y a Él hemos de volver
En el pasaje, esas palabras acompañan al dolor de quienes se muerden las manos. El término árabe mustarŷiʿ designa precisamente a quien recita la fórmula, de modo que al-Būnasī nos permite reconocer, dentro de la escena colectiva, una expresión concreta del duelo musulmán. La aceptación religiosa de la muerte aparece junto al llanto y a la aflicción de quienes habían conocido al maestro.
El remate transforma el entierro en una imagen literaria. Con Ibn Lubbāl quedan sepultadas la prudencia y la piedad, mientras el tiempo pierde el adorno de sus versos y de su prosa. El árabe dice literalmente ŷīd al-zamān, «el cuello del tiempo», que queda privado de sus joyas. La traducción mediante el collar intenta conservar esa imagen en castellano. A ella se suma el sentido de naẓm, que designa la composición poética y evoca también la acción de ensartar las cuentas de un collar, frente a naṯr, la prosa, cuyo significado se relaciona con esparcir. La escritura de Ibn Lubbāl aparece así como un adorno que su muerte ha arrebatado al tiempo.
El recuerdo del maestro continuó ligado a su tumba. Ibn ʿAbd al-Malik, después de mencionar la concurrencia a las exequias y los elogios que recibió el difunto, añade una noticia breve que merece atención (1965, V, p. 171).
ولم يزل قبره مزورًا مرجو البركة
Su tumba siguió siendo visitada y de ella se esperaba bendición
La palabra baraka expresa aquí la bendición que los visitantes esperaban obtener en relación con el difunto. La noticia permite hablar de una veneración póstuma acorde con su fama de piedad. Quienes acudían a la sepultura parecían reconocer en Ibn Lubbāl una condición que prolongaba, después de su muerte, el respeto que había suscitado en vida. El biógrafo no describe milagros ni detalla las prácticas de los visitantes, pero sí conserva la razón que los llevaba hasta allí.
Esta veneración puede situarse en un contexto más amplio. Como explica Alberto León-Muñoz, las tumbas de hombres reconocidos por su saber y su piedad llegaron a convertirse en lugares de visita, pues se creía que su bendición podía alcanzar a quienes acudían a ellas. En ocasiones, esos espacios quedaron distinguidos mediante una qubba, un edificio de dimensiones generalmente modestas, de planta cuadrada y cubierto por una cúpula, que cobijaba la sepultura (León-Muñoz, 2017, pp. 121–125).

Recreación digital de una qubba funeraria modesta en un entorno andalusí. Ilustra un tipo de edificio y una posibilidad histórica; no representa la tumba de Ibn Lubbāl, cuyo emplazamiento y aspecto desconocemos
La noticia sobre Ibn Lubbāl invita a preguntarse si su tumba pudo contar con una construcción semejante. Es una posibilidad históricamente plausible, aunque no tenemos indicios suficientes para considerarla probable en su caso. Su austeridad personal no habría impedido que otros hubieran querido señalar o proteger la sepultura tras su muerte. María Antonia Martínez Núñez ha mostrado, además, que las prescripciones de sencillez funeraria coexistieron en al-Andalus con estelas, panteones y mausoleos, también en épocas caracterizadas por discursos religiosos austeros (Martínez Núñez, 2011, pp. 181–182).
Para acercarnos al escenario del entierro contamos con los cementerios islámicos documentados por la arqueología jerezana. Uno se encontraba junto a la Puerta del Real y se extendía por la plaza del Arenal hacia el actual barrio de San Miguel; el otro estaba en el entorno de la Puerta de Santiago, donde se han localizado enterramientos en las calles Muro, Nueva y Taxdirt. Los trabajos del Arenal han permitido estudiar una necrópolis utilizada entre los siglos XI y XIII, mientras que la intervención de Taxdirt documentó sepulturas de época almohade (Barrionuevo Contreras, 2020, pp. 16–20; Macías García, 2017, pp. 840–843; Jiménez-Camino Álvarez, 2022, pp. 2–3).
Ambos espacios ayudan a comprender la salida de la población más allá de las murallas que describe al-Būnasī, aunque el relato no identifica la puerta utilizada ni el cementerio en el que se produjo el entierro. Tampoco Ibn ʿAbd al-Malik menciona una qubba, por lo que desconocemos tanto el emplazamiento concreto de la tumba como su aspecto. La arqueología ofrece el contexto funerario de la ciudad; la fuente escrita conserva el recuerdo de una sepultura visitada.
Con esas noticias podemos entender mejor cuánto significó Ibn Lubbāl para sus paisanos. La sencillez de su vida, el duelo que acompañó su entierro y las visitas posteriores a su tumba componen el recuerdo de un maestro al que Jerez siguió reconociendo después de su muerte. Al-Būnasī, que había buscado en los hombres de ciencia las luces del saber, encontró una imagen para expresar aquella pérdida. El tiempo acababa de quedarse sin el collar de sus versos y de su prosa.
Fuentes y bibliografía
Al-Būnasī (2004), Kanz al-kuttāb wa-muntajab al-ādāb, ed. Hayat Kara, Abu Dabi, al-Maŷmaʿ al-Ṯaqāfī, 2 vols. Pasaje citado en II, p. 819. Consultar
Barrionuevo Contreras, Francisco José (2020), «Nuevos datos sobre la ciudad andalusí de Jerez. Las excavaciones arqueológicas de la Plaza del Arenal (2004–2007)», Revista de Historia de Jerez, 23, pp. 9–47. Consultar
Ibn ʿAbd al-Malik al-Marrākušī (1965), Al-Ḏayl wa-l-takmila li-kitābay al-Mawṣūl wa-l-Ṣila, vol. V, ed. Iḥsān ʿAbbās, Beirut, Dār al-Ṯaqāfa, 2 partes. Biografía de Ibn Lubbāl en pp. 169–171. Consultar
Jiménez-Camino Álvarez, Rafael (2022), «Estela funeraria islámica», La pieza del mes, 22 de octubre de 2022, Jerez de la Frontera, Museo Arqueológico Municipal de Jerez y Asociación de Amigos del Museo, pp. 1–10. Consultar
León-Muñoz, Alberto (2017), «Dios, tumbas y santos. La formación del paisaje devocional en las ciudades de al-Andalus», en Fátima Roldán Castro y M.ª Alejandra Contreras Rey (eds.), Paisajes, espacios y objetos de devoción en el islam, Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, pp. 117–140. Consultar
Macías García, Olga Pilar (2017), «Intervención arqueológica preventiva en la calle Taxdirt n.º 5 en Jerez de la Frontera», Anuario Arqueológico de Andalucía 2008, Sevilla, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, pp. 840–843. Consultar
Martínez Núñez, M.ª Antonia (2011), «Epigrafía funeraria en al-Andalus (siglos IX–XII)», Mélanges de la Casa de Velázquez, 41/1, pp. 181–209. DOI: 10.4000/mcv.3907. Consultar


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