Hace más de quince años dejé pendiente un proyecto que, en su momento, estuvo llamado a ser mi tesis doctoral: la traducción anotada de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī a partir del comentario de Abū l-ʿAbbās Aḥmad b. ʿAbd al-Muʾmin al-Šarīšī, el sabio de Jerez que dedicó una parte esencial de su vida a explicar, palabra por palabra, una de las obras maestras de la prosa árabe.
Como diría el también jerezano y poeta Ibn Lubbāl, ahora que "las canas y la edad ha encorvado mi espalda", he vuelto a aquel viejo empeño. No solo por la fascinación literaria que siguen ejerciendo las Maqāmāt, sino también porque en ellas se cruzan muchos de los caminos que más me interesan: la lengua árabe clásica, el adab, la retórica, la geografía cultural del islam medieval y, de manera muy especial, la presencia de Jerez —Šarīš— en la historia intelectual de al-Andalus.
Abū l-ʿAbbās Aḥmad b. ʿAbd al-Muʾmin al-Qaysī al-Šarīšī nació en Jerez, probablemente hacia el año 557/1161-1162, aunque algunas fuentes retrasan su nacimiento a 577/1181-1182. Murió también en Jerez el 10 de ḏū l-ḥiŷŷa de 619, correspondiente al 14 de enero de 1223. Fue gramático, lexicógrafo, maestro, hombre de letras y transmisor de obras fundamentales de la cultura árabe.
Su fama se debe, sobre todo, a su Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, es decir, su comentario de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī. Esta obra no surgió en el vacío. Jerez fue uno de los lugares donde circularon y se enseñaron tempranamente las Maqāmāt, gracias a una cadena de transmisión que remontaba hasta el propio al-Ḥarīrī. En ese ambiente intelectual se formó al-Šarīšī, que convirtió el comentario de la obra en una auténtica enciclopedia de lengua, literatura, historia, geografía, genealogías, retórica y poesía.
Según las noticias conservadas, su comentario llegó a tener tres formas: una extensa, de gran desarrollo literario; una mediana, más selectiva; y una breve, centrada sobre todo en los aspectos lingüísticos. La edición que manejo, la de Muḥammad Abū l-Faḍl Ibrāhīm, permite trabajar con esa riqueza acumulada: no estamos ante una simple explicación de palabras difíciles, sino ante una lectura completa del texto desde todos sus ángulos.
En el prólogo de su obra, al-Šarīšī explica con claridad su propósito. Antes de comentar, quiso transmitir el texto de las Maqāmāt por vías seguras, corregir sus vocalizaciones, cotejar las palabras con maestros y libros, y reunir cuanto se había dicho antes de él. Reconoce la importancia de comentaristas anteriores, como al-Fanŷadīhī e Ibn Ẓafar, pero declara que su intención es ir más allá. De este modo, su comentario pretende:
- aclarar las palabras oscuras o raras;
- explicar los sentidos difíciles;
- atribuir los dichos, versos y proverbios a sus autores;
- identificar lugares y ciudades mencionados en las Maqāmāt;
- explicar nombres de personajes, genealogías y referencias históricas;
- señalar los procedimientos retóricos del badīʿ, como el taŷnīs, el tarṣīʿ o el juego ornamental de la prosa rimada;
- mostrar de dónde proceden ciertas expresiones: aleyas, tradiciones, versos, proverbios o relatos antiguos.
Por eso, traducir a al-Ḥarīrī con al-Šarīšī al lado no consiste simplemente en “buscar palabras en un diccionario”. Es otra cosa: es entrar en el taller de lectura de un sabio andalusí que comenta, discute, corrige, cita, compara, recuerda versos, explica topónimos y va abriendo cada frase como quien abre una pieza de orfebrería.
La primera maqāma recibe el nombre de al-Ṣanʿāniyya, “la de Ṣanʿāʾ”, y comienza con la voz del narrador de al-Ḥarīrī en esta obra, al-Ḥāriṯ b. Hammām:
لَمَّا اقْتَعَدْتُ غَارِبَ الاغْتِرَابِ، وَأَنَأَتْنِي المَتْرَبَةُ عَنِ الأَتْرَابِ، طَوَّحَتْ بِي طَوَائِحُ الزَّمَنِ إِلَى صَنْعَاءَ اليَمَنِ، فَدَخَلْتُهَا خَاوِيَ الوِفَاضِ، بَادِيَ الإِنْفَاضِ، لَا أَمْلِكُ بُلْغَةً، وَلَا أَجِدُ فِي جِرَابِي مُضْغَةً.
A primera vista, el sentido general parece claro: el narrador cuenta que el destierro, la pobreza y los golpes del tiempo lo llevaron hasta Ṣanʿāʾ, donde entró sin provisiones y sin nada que llevarse a la boca. Pero al-Ḥarīrī no escribe de manera simple. Cada palabra está elegida por su sonoridad, por su rareza, por su valor técnico o por la imagen que arrastra. Y ahí entra al-Šarīšī.
Antes incluso de comentar las palabras del párrafo, al-Šarīšī se detiene en los nombres de los personajes: al-Ḥāriṯ, Hammām y Abū Zayd. Explica que al-Ḥarīrī no los eligió al azar, sino porque eran nombres cargados de sentido. Ḥāriṯ remite al que cultiva o procura ganancia; Hammām, al que se preocupa o se afana; y Abū Zayd puede funcionar como una kunya asociada a la vejez. Así, desde los nombres mismos, la obra queda situada en un juego de significados: el narrador, el pícaro y el paso del tiempo. Después vienen las glosas propiamente dichas para ese primer y breve párrafo:
| Expresión de al-Ḥarīrī | Explicación de al-Šarīšī | Cómo afecta a la traducción |
|---|---|---|
اقْتَعَدْتُ iqtaʿadtu |
Significa “tomé como asiento” o “monté”. Se relaciona con el camello sobre el que se sienta el jinete. | Conviene traducir “monté”, conservando la imagen de la cabalgadura. |
غَارِب ġārib |
Es la parte delantera de la giba del camello. | No basta con “espalda” o “lomo”: la imagen exacta es la “giba”. |
الاغْتِرَاب / الغُرْبَة al-iġtirāb / al-ġurba |
Alude al destierro, la extranjería, el alejamiento de la patria. | “La giba del destierro” conserva la metáfora original. |
أَنَأَتْنِي anʾatnī |
“Me alejó”, “me apartó”. | Da fuerza a la idea de separación forzada. |
المَتْرَبَة al-matraba |
Pobreza, indigencia. | Mejor “la pobreza” o “la indigencia” que una fórmula más neutra. |
الأَتْرَاب al-atrāb |
Los iguales, compañeros de edad o condición. | “Mis iguales” funciona bien y mantiene la idea social. |
طَوَّحَتْ ṭawwaḥat |
Arrojó, lanzó, empujó hacia la perdición. | No es un simple “me llevó”: hay violencia del destino. |
طَوَائِحُ الزَّمَن ṭawāʾiḥ al-zaman |
Las desgracias, calamidades o vaivenes del tiempo. | “Los vaivenes del tiempo” conserva imagen y elegancia. |
صَنْعَاء اليَمَن Ṣanʿāʾ al-Yaman |
Ṣanʿāʾ del Yemen. Al-Šarīšī aclara que se especifica “del Yemen” porque existía otra Ṣanʿāʾ vinculada a la zona de Damasco. Posteriormente hace una descripción de la ciudad y nos cuenta cuál era su antiguo nombre, su historia, incluyendo incluso notas antropológicas sobre sus habitantes. | La precisión geográfica no es decorativa: evita confusión. |
خَاوِي الوِفَاض ḫāwī al-wifāḍ |
Literalmente, “vacío de alforjas”. Wifāḍ son bolsas o alforjas para provisiones, viático; también puede tener otros usos léxicos. | “Vacío de alforjas” reproduce la imagen viajera y material de la pobreza. |
بَادِي الإِنْفَاض bādī al-infāḍ |
Manifiesto en la falta de provisión; visible en su pobreza. | “Manifiesto en mi indigencia” recoge el sentido sin repetir “vacío”. |
بُلْغَة bulġa |
Sustento mínimo, provisión suficiente para llegar o mantenerse. | “Sustento” o “provisión mínima”. |
مُضْغَة muḍġa |
Bocado, algo que se mastica. | “Un bocado” es claro y expresivo. |
Sin el comentario de al-Šarīšī, uno podría traducir el párrafo de forma correcta, pero más plana. Algo así:
“Cuando me alejé de mi tierra y la pobreza me separó de mis compañeros, las desgracias del tiempo me llevaron a Ṣanʿāʾ del Yemen…”
Pero la lectura de al-Šarīšī permite ver que al-Ḥarīrī ha construido una imagen más densa: el narrador monta la giba del destierro, como quien cabalga una bestia áspera; la pobreza no solo lo acompaña, sino que lo aparta de los suyos; el tiempo no lo conduce, sino que lo arroja; y su entrada en la ciudad está marcada por una pobreza visible, casi corporal. Por eso, mi traducción final del párrafo quedaría así:
Relató al-Ḥāriṯ b. Hammām:Cuando monté la giba del destierro, y la indigencia me alejó de mis iguales, los vaivenes del tiempo me arrojaron hacia Ṣanʿāʾ del Yemen. Entré en ella vacío de alforjas, manifiestamente pobre: no poseía sustento alguno ni encontraba en mi zurrón un bocado.
Este pequeño párrafo muestra muy bien el tipo de trabajo que exige al-Ḥarīrī. No se trata solo de pasar del árabe al español, sino de reconstruir una red de imágenes y precisiones léxicas. Cada término tiene una historia; cada metáfora, un cuerpo; cada topónimo, una explicación; cada rareza lingüística, una razón de ser.
Al-Šarīšī no traduce por nosotros, pero nos enseña a leer. Nos obliga a detenernos donde el lector moderno pasaría de largo. Y esa es, precisamente, la riqueza de trabajar con su comentario: convierte la traducción en una forma de arqueología literaria.
En este primer párrafo aparecen ya los tres grandes niveles de su comentario: el filológico, cuando explica palabras como ġārib, matraba, atrāb, ṭawāʾiḥ o wifāḍ; el literario, cuando atiende a la metáfora del destierro como cabalgadura y al ritmo de la prosa rimada; y el geográfico, cuando se detiene en Ṣanʿāʾ del Yemen y en las noticias antiguas sobre su nombre, su fundación y su memoria legendaria.
Traducir las Maqāmāt con al-Šarīšī al lado es, por tanto, regresar a una vieja tarea pendiente, pero también volver a una manera de leer que ya casi hemos perdido: lenta, minuciosa, paciente, llena de palabras raras, de versos citados, de noticias geográficas, de discusiones gramaticales y de amor por la lengua.
Y en esa lentitud —qué le vamos a hacer— está buena parte de su belleza.
