sábado, 6 de junio de 2026

Traduciendo las Maqāmāt de al-Ḥarīrī

Hace más de quince años dejé pendiente un proyecto que, en su momento, estuvo llamado a ser mi tesis doctoral: la traducción anotada de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī a partir del comentario de Abū l-ʿAbbās Aḥmad b. ʿAbd al-Muʾmin al-Šarīšī, el sabio de Jerez que dedicó una parte esencial de su vida a explicar, palabra por palabra, una de las obras maestras de la prosa árabe.

Como diría el también jerezano y poeta Ibn Lubbāl, ahora que "las canas y la edad ha encorvado mi espalda", he vuelto a aquel viejo empeño. No solo por la fascinación literaria que siguen ejerciendo las Maqāmāt, sino también porque en ellas se cruzan muchos de los caminos que más me interesan: la lengua árabe clásica, el adab, la retórica, la geografía cultural del islam medieval y, de manera muy especial, la presencia de Jerez —Šarīš— en la historia intelectual de al-Andalus.

Al-Šarīšī, un sabio jerezano ante al-Ḥarīrī

Abū l-ʿAbbās Aḥmad b. ʿAbd al-Muʾmin al-Qaysī al-Šarīšī nació en Jerez, probablemente hacia el año 557/1161-1162, aunque algunas fuentes retrasan su nacimiento a 577/1181-1182. Murió también en Jerez el 10 de ḏū l-ḥiŷŷa de 619, correspondiente al 14 de enero de 1223. Fue gramático, lexicógrafo, maestro, hombre de letras y transmisor de obras fundamentales de la cultura árabe.

Su fama se debe, sobre todo, a su Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, es decir, su comentario de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī. Esta obra no surgió en el vacío. Jerez fue uno de los lugares donde circularon y se enseñaron tempranamente las Maqāmāt, gracias a una cadena de transmisión que remontaba hasta el propio al-Ḥarīrī. En ese ambiente intelectual se formó al-Šarīšī, que convirtió el comentario de la obra en una auténtica enciclopedia de lengua, literatura, historia, geografía, genealogías, retórica y poesía.

Según las noticias conservadas, su comentario llegó a tener tres formas: una extensa, de gran desarrollo literario; una mediana, más selectiva; y una breve, centrada sobre todo en los aspectos lingüísticos. La edición que manejo, la de Muḥammad Abū l-Faḍl Ibrāhīm, permite trabajar con esa riqueza acumulada: no estamos ante una simple explicación de palabras difíciles, sino ante una lectura completa del texto desde todos sus ángulos.

Qué quiso hacer al-Šarīšī en su comentario

En el prólogo de su obra, al-Šarīšī explica con claridad su propósito. Antes de comentar, quiso transmitir el texto de las Maqāmāt por vías seguras, corregir sus vocalizaciones, cotejar las palabras con maestros y libros, y reunir cuanto se había dicho antes de él. Reconoce la importancia de comentaristas anteriores, como al-Fanŷadīhī e Ibn Ẓafar, pero declara que su intención es ir más allá. De este modo, su comentario pretende:

  1. aclarar las palabras oscuras o raras;
  2. explicar los sentidos difíciles;
  3. atribuir los dichos, versos y proverbios a sus autores;
  4. identificar lugares y ciudades mencionados en las Maqāmāt;
  5. explicar nombres de personajes, genealogías y referencias históricas;
  6. señalar los procedimientos retóricos del badīʿ, como el taŷnīs, el tarṣīʿ o el juego ornamental de la prosa rimada;
  7. mostrar de dónde proceden ciertas expresiones: aleyas, tradiciones, versos, proverbios o relatos antiguos.

Por eso, traducir a al-Ḥarīrī con al-Šarīšī al lado no consiste simplemente en “buscar palabras en un diccionario”. Es otra cosa: es entrar en el taller de lectura de un sabio andalusí que comenta, discute, corrige, cita, compara, recuerda versos, explica topónimos y va abriendo cada frase como quien abre una pieza de orfebrería.

Una muestra: el primer párrafo de la maqāma I

La primera maqāma recibe el nombre de al-Ṣanʿāniyya, “la de Ṣanʿāʾ”, y comienza con la voz del narrador de al-Ḥarīrī en esta obra, al-Ḥāriṯ b. Hammām:

حَكَى الحَارِثُ بْنُ هَمَّامٍ قَالَ:
لَمَّا اقْتَعَدْتُ غَارِبَ الاغْتِرَابِ، وَأَنَأَتْنِي المَتْرَبَةُ عَنِ الأَتْرَابِ، طَوَّحَتْ بِي طَوَائِحُ الزَّمَنِ إِلَى صَنْعَاءَ اليَمَنِ، فَدَخَلْتُهَا خَاوِيَ الوِفَاضِ، بَادِيَ الإِنْفَاضِ، لَا أَمْلِكُ بُلْغَةً، وَلَا أَجِدُ فِي جِرَابِي مُضْغَةً.

A primera vista, el sentido general parece claro: el narrador cuenta que el destierro, la pobreza y los golpes del tiempo lo llevaron hasta Ṣanʿāʾ, donde entró sin provisiones y sin nada que llevarse a la boca. Pero al-Ḥarīrī no escribe de manera simple. Cada palabra está elegida por su sonoridad, por su rareza, por su valor técnico o por la imagen que arrastra. Y ahí entra al-Šarīšī.

Las glosas de al-Šarīšī

Antes incluso de comentar las palabras del párrafo, al-Šarīšī se detiene en los nombres de los personajes: al-Ḥāriṯ, Hammām y Abū Zayd. Explica que al-Ḥarīrī no los eligió al azar, sino porque eran nombres cargados de sentido. Ḥāriṯ remite al que cultiva o procura ganancia; Hammām, al que se preocupa o se afana; y Abū Zayd puede funcionar como una kunya asociada a la vejez. Así, desde los nombres mismos, la obra queda situada en un juego de significados: el narrador, el pícaro y el paso del tiempo. Después vienen las glosas propiamente dichas para ese primer y breve párrafo:

Expresión de al-Ḥarīrī Explicación de al-Šarīšī Cómo afecta a la traducción
اقْتَعَدْتُ
iqtaʿadtu
Significa “tomé como asiento” o “monté”. Se relaciona con el camello sobre el que se sienta el jinete. Conviene traducir “monté”, conservando la imagen de la cabalgadura.
غَارِب
ġārib
Es la parte delantera de la giba del camello. No basta con “espalda” o “lomo”: la imagen exacta es la “giba”.
الاغْتِرَاب / الغُرْبَة
al-iġtirāb / al-ġurba
Alude al destierro, la extranjería, el alejamiento de la patria. “La giba del destierro” conserva la metáfora original.
أَنَأَتْنِي
anʾatnī
“Me alejó”, “me apartó”. Da fuerza a la idea de separación forzada.
المَتْرَبَة
al-matraba
Pobreza, indigencia. Mejor “la pobreza” o “la indigencia” que una fórmula más neutra.
الأَتْرَاب
al-atrāb
Los iguales, compañeros de edad o condición. “Mis iguales” funciona bien y mantiene la idea social.
طَوَّحَتْ
ṭawwaḥat
Arrojó, lanzó, empujó hacia la perdición. No es un simple “me llevó”: hay violencia del destino.
طَوَائِحُ الزَّمَن
ṭawāʾiḥ al-zaman
Las desgracias, calamidades o vaivenes del tiempo. “Los vaivenes del tiempo” conserva imagen y elegancia.
صَنْعَاء اليَمَن
Ṣanʿāʾ al-Yaman
Ṣanʿāʾ del Yemen. Al-Šarīšī aclara que se especifica “del Yemen” porque existía otra Ṣanʿāʾ vinculada a la zona de Damasco. Posteriormente hace una descripción de la ciudad y nos cuenta cuál era su antiguo nombre, su historia, incluyendo incluso notas antropológicas sobre sus habitantes. La precisión geográfica no es decorativa: evita confusión.
خَاوِي الوِفَاض
ḫāwī al-wifāḍ
Literalmente, “vacío de alforjas”. Wifāḍ son bolsas o alforjas para provisiones, viático; también puede tener otros usos léxicos. “Vacío de alforjas” reproduce la imagen viajera y material de la pobreza.
بَادِي الإِنْفَاض
bādī al-infāḍ
Manifiesto en la falta de provisión; visible en su pobreza. “Manifiesto en mi indigencia” recoge el sentido sin repetir “vacío”.
بُلْغَة
bulġa
Sustento mínimo, provisión suficiente para llegar o mantenerse. “Sustento” o “provisión mínima”.
مُضْغَة
muḍġa
Bocado, algo que se mastica. “Un bocado” es claro y expresivo.
De la glosa a la traducción

Sin el comentario de al-Šarīšī, uno podría traducir el párrafo de forma correcta, pero más plana. Algo así:

“Cuando me alejé de mi tierra y la pobreza me separó de mis compañeros, las desgracias del tiempo me llevaron a Ṣanʿāʾ del Yemen…”

Pero la lectura de al-Šarīšī permite ver que al-Ḥarīrī ha construido una imagen más densa: el narrador monta la giba del destierro, como quien cabalga una bestia áspera; la pobreza no solo lo acompaña, sino que lo aparta de los suyos; el tiempo no lo conduce, sino que lo arroja; y su entrada en la ciudad está marcada por una pobreza visible, casi corporal. Por eso, mi traducción final del párrafo quedaría así:

Relató al-Ḥāriṯ b. Hammām:
Cuando monté la giba del destierro, y la indigencia me alejó de mis iguales, los vaivenes del tiempo me arrojaron hacia Ṣanʿāʾ del Yemen. Entré en ella vacío de alforjas, manifiestamente pobre: no poseía sustento alguno ni encontraba en mi zurrón un bocado.
Por qué merece la pena traducir así

Este pequeño párrafo muestra muy bien el tipo de trabajo que exige al-Ḥarīrī. No se trata solo de pasar del árabe al español, sino de reconstruir una red de imágenes y precisiones léxicas. Cada término tiene una historia; cada metáfora, un cuerpo; cada topónimo, una explicación; cada rareza lingüística, una razón de ser.

Al-Šarīšī no traduce por nosotros, pero nos enseña a leer. Nos obliga a detenernos donde el lector moderno pasaría de largo. Y esa es, precisamente, la riqueza de trabajar con su comentario: convierte la traducción en una forma de arqueología literaria.

En este primer párrafo aparecen ya los tres grandes niveles de su comentario: el filológico, cuando explica palabras como ġārib, matraba, atrāb, ṭawāʾiḥ o wifāḍ; el literario, cuando atiende a la metáfora del destierro como cabalgadura y al ritmo de la prosa rimada; y el geográfico, cuando se detiene en Ṣanʿāʾ del Yemen y en las noticias antiguas sobre su nombre, su fundación y su memoria legendaria.

Traducir las Maqāmāt con al-Šarīšī al lado es, por tanto, regresar a una vieja tarea pendiente, pero también volver a una manera de leer que ya casi hemos perdido: lenta, minuciosa, paciente, llena de palabras raras, de versos citados, de noticias geográficas, de discusiones gramaticales y de amor por la lengua.

Y en esa lentitud —qué le vamos a hacer— está buena parte de su belleza.



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