martes, 30 de junio de 2026

Graves acusaciones públicas realizadas en Frontera Radio

En el programa Puerta Real, de Frontera Radio, emitido el martes 30 de junio de 2026, se dio cabida a una serie de declaraciones de Fernando López Vargas-Machuca que considero falsas, injustas y gravemente lesivas para mi honor, para mi trabajo como investigador, para mis publicaciones y, por extensión, para otros investigadores e instituciones vinculadas al estudio de la historia de Jerez, entre ellas el Centro de Estudios Históricos Jerezanos.

Intenté intervenir en directo para responder a esas alusiones, pero no se me dio la posibilidad efectiva de hacerlo. Envié entonces un texto a la emisora, del que se leyó solo una parte, aunque agradezco que al menos se diera lectura parcial a mi respuesta. Sin embargo, considero necesario publicar ahora una versión más completa y ordenada, porque lo dicho en antena no puede quedar sin contestación. Que unas afirmaciones se viertan en una emisora local no les resta gravedad. Más bien al contrario: cuando se cuestiona públicamente la honradez intelectual de una persona, cuando se sugiere que copia o se apropia de ideas ajenas, cuando se desacreditan sus publicaciones o se lanzan insinuaciones sobre otros investigadores, se está dañando una trayectoria profesional y personal ante una audiencia concreta, en una ciudad concreta y en un ámbito académico y cultural concreto. Aunque las alusiones vertidas en el programa se dirigieron principalmente contra mi persona, debo recordar desde el principio que el artículo sobre los espacios de culto de Šarīš, la Jerez andalusí, al que se hizo referencia, está firmado conjuntamente por José María Gutiérrez López y por mí. Por tanto, cualquier acusación relativa a ese trabajo afecta también a la honradez académica de su coautor y a una investigación colectiva más amplia.

Lo primero que debo decir es muy sencillo: rechazo tajantemente que se nos impute plagio, copia o apropiación de ideas ajenas. Aunque en el programa no se empleara en ese momento la palabra “plagio”, sí se sugirió la misma idea de fondo: que nuestro artículo (pp. 38-40) se habría apropiado de análisis o planteamientos de Fernando López Vargas-Machuca relativos a un documento de Diego Moreno Meléndez y a las dimensiones de la antigua aljama jerezana. Esa imputación es falsa. El documento de Diego Moreno Meléndez no pertenece a ningún investigador actual, es una fuente histórica de 1699, conocida, utilizada y citada desde hace décadas. En nuestro artículo, ese testimonio aparece citado expresamente a través de José Luis Repetto Betes y de Esperanza de los Ríos, y además se remite también al propio trabajo de López Vargas-Machuca cuando corresponde. Es decir: no hay ocultación de fuente, no hay apropiación de datos ajenos y no hay copia literal de párrafos o texto alguno. En definitiva, no hay plagio. Debe aclararse, además, que en nuestro artículo no afirmamos en ningún momento que Fernando López Vargas-Machuca desconozca o no maneje el documento de Diego Moreno Meléndez. Esa atribución, que junto a la acusación de plagio, fue realizada por el propio Vargas-Machuca en su blog, en la entrada En Jerez, la vida sigue igual (diciembre 2025), es rotundamente falsa. Lo que hacemos es algo muy distinto: discutir su interpretación de ese testimonio documental y de las dimensiones de la antigua aljama. De hecho, en la nota correspondiente citamos expresamente a Repetto Betes, a Esperanza de los Ríos y también al propio López Vargas-Machuca. No hay ocultación, ni apropiación, ni acusación de desconocimiento por nuestra parte. Lo que sí resulta llamativo es que se nos acuse de copiar o apropiarnos de una idea cuando nuestro aparato crítico es más amplio: el documento de Diego Moreno Meléndez aparece en nuestro trabajo vinculado a Repetto Betes y a Esperanza de los Ríos, y se añade además la referencia al propio López Vargas-Machuca. En su artículo, en cambio, hasta donde he podido comprobar, ese punto se apoya sólo en Repetto Betes, sin remitir en ese pasaje a la obra de Esperanza de los Ríos de 2003, que nosotros, insisto, sí citamos.

Conviene recordar también que yo mismo había mencionado ya públicamente ese documento en una entrada de mi blog en agosto de 2022, mucho antes de la aparición del artículo de López Vargas-Machuca. Allí señalaba, a partir del libro de Esperanza de los Ríos, que Diego Moreno Meléndez indicaba en 1699 que la nave de la epístola de la antigua Iglesia Mayor medía cuarenta varas de largo por siete de ancho. Y allí planteaba ya que ese dato, cotejado con los restos conservados de la galería noroeste y con la destrucción causada por la torre tardogótica, permitía calcular una anchura aproximada de 35 metros para el oratorio principal. Por tanto, repito, no estamos ante un plagio, ni ante una apropiación de ideas, ni ante una acusación nuestra de que López Vargas-Machuca desconociera el documento. Estamos ante una discrepancia interpretativa sobre una fuente histórica conocida y citada. Y las discrepancias historiográficas se resuelven con argumentos, documentos y aparato crítico, no atribuyendo mala fe o deshonestidad académica a quienes sostienen una lectura distinta. Utilizar una fuente histórica, citarla correctamente, convertir medidas antiguas, discutir su interpretación y proponer una lectura diferente de los restos conservados no es plagiar, es investigar. Si alguien sostiene lo contrario, debe hacer algo muy sencillo: señalar públicamente qué frase concreta se ha copiado, de qué página, de qué artículo y qué fuente se ha ocultado. Si no puede hacerlo, lo correcto es rectificar. Nuestro trabajo sobre la mezquita aljama de Jerez no nace del artículo de López Vargas-Machuca. Forma parte de una línea de investigación anterior, colectiva e interdisciplinar, desarrollada desde hace años junto a otros investigadores, con estudio de fuentes árabes, documentación castellana, análisis arqueológico, lectura urbana y revisión crítica de hipótesis previas.

También quiero aclarar otro punto, porque en el transcurso del mismo programa se contó de manera parcial e inexacta la historia de las investigaciones realizadas en la Casa del Abad, historia que está publicada y documentada en nuestro mismo artículo citado más arriba (pp. 31-40). La intervención arqueológica de la plaza de la Encarnación por parte de la arqueóloga Gemma Jurado Fresnadillo, en 2011, abrió una línea de trabajo que, desde 2013, desarrollamos durante dos años Miguel Ángel Borrego Soto, José María Gutiérrez López y Gonzalo Castro Moreno. Aquello no fue una visita casual ni una ocurrencia improvisada: fue una investigación sobre el edificio, sus restos, sus estructuras, su posible aljibe, su sistema hidráulico, su orientación y su relación con la antigua mezquita aljama. Esa línea de trabajo sirvió de base para excavaciones posteriores dirigidas por Gonzalo Castro Moreno y Rafael Jorge Racero entre 2018 y 2019. Por tanto, cualquier relato que omita nombres, altere la secuencia de los hechos o presente como ajeno lo que formaba parte de una investigación colectiva previa es, como mínimo, una narrativa parcial e interesada, más aún cuando procede de quien no participó en aquella investigación y pretende reconstruirla desde fuera, a partir de informaciones indirectas y con una lectura claramente sesgada. Se puede discrepar de nuestras hipótesis, naturalmente. Se puede debatir sobre la Casa del Abad, la aljama, el aljibe, el alminar, el número de naves, la evolución del edificio o la interpretación de los restos. Lo que no se puede hacer es tergiversar la trayectoria de una investigación colectiva y convertir una discusión académica en una descalificación personal.

En el mismo programa se aludió también a mi artículo sobre la etapa fundacional del convento de Santo Domingo y se afirmó que me equivoco al localizar el Llano de San Sebastián, simplificando, de nuevo, lo que escribo, e incluso presentando esa supuesta equivocación en un tono jocoso y despectivo entre algunos participantes del programa, especialmente Fernando López Vargas-Machuca. En ese trabajo explico precisamente la evolución histórica de ese espacio y distingo entre el antiguo Llano de San Sebastián, el posterior Llano de Santo Domingo, la actual Alameda Cristina y la zona que acabó correspondiendo a la plaza Aladro. Esa distinción se apoya en la lectura de fuentes de los siglos XVII y XVIII como Rallón, Agustín Barbas y la documentación conventual. En ese mismo estudio reviso también la hipótesis defendida por Fernando López Vargas-Machuca sobre la supuesta existencia de una qubba, morabito o ribat islámico en Santo Domingo. Y mi conclusión es clara: hasta el momento no existe prueba arqueológica ni documental definitiva de que la primera iglesia dominica se levantara aprovechando una qubba o un ribat situado frente a la Puerta de Sevilla. La tradición antigua habla de una mezquitilla, de un oratorio, de una fortaleza o de una bodega, pero esas noticias son tardías, presentan problemas de localización y deben manejarse con cautela. Además, la documentación que manejo sitúa la iglesia primitiva o bodega en la parte trasera del edificio conventual, detrás del ábside de la nave principal, y no adosada a la nave del Rosario. También señalo que las intervenciones arqueológicas realizadas en el actual convento no han certificado, por ahora, construcciones anteriores al siglo XVII en ese lugar. Y planteo que el edificio representado por Anton van den Wyngaerde, que algunos han querido identificar con un morabito islámico, puede corresponder con más verosimilitud al molino de aceite del convento y a su torre de contrapeso. Todo esto puede discutirse. Para eso está la investigación histórica. Se pueden contrastar fuentes, revisar planos, proponer nuevas lecturas y corregir hipótesis. Pero lo que no se puede hacer es transformar una discrepancia académica en burla, insinuación o acusación personal.

Respecto a Esperanza de los Ríos, presente también como entrevistada en el programa, deseo dejar claro que permaneció al margen de las acusaciones y descalificaciones dirigidas contra mí. Si en el curso del programa se aludió a que estaba “vetada” en Jerez, debo decir, por la parte que me corresponde, que en la Revista de Historia de Jerez, que actualmente dirijo, no ha existido ni existe veto alguno contra ella. Ha publicado cuando ha querido, como también lo ha hecho el propio Fernando López Vargas-Machuca. La revista del Centro de Estudios Históricos Jerezanos ha estado abierta a investigadores de muy distintas sensibilidades, siempre que sus trabajos cumplieran los criterios académicos exigibles.

También rechazo que se me atribuya responsabilidad personal en la salida de Fernando López Vargas-Machuca del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Esa afirmación, expuesta también en el susodicho programa de radio, no responde a la realidad. No fui yo quien decidió expulsarlo, entre otras cosas porque no existió tal expulsión en los términos en que se ha querido presentar. Fue pasado a la condición de supernumerario por parte de la Junta Directiva del CEHJ en el marco de una situación institucional derivada de reiteradas manifestaciones y conflictos con distintos investigadores, dentro y fuera del propio Centro. Posteriormente, fue él quien solicitó la baja voluntaria. Convertir ahora ese proceso en una supuesta responsabilidad personal mía es otra forma de deformar los hechos. El CEHJ no puede convertirse en blanco de descalificaciones cada vez que una discrepancia académica no se resuelve como alguien desea. Tampoco sus investigadores merecen ser desacreditados en bloque por el simple hecho de sostener hipótesis distintas o de revisar críticamente propuestas anteriores. La investigación histórica no avanza mediante descalificaciones personales, sino mediante documentos, argumentos, publicaciones, debate y respeto institucional.

Por todo ello, manifiesto públicamente mi repulsa ante las declaraciones vertidas contra mí. Rechazo la imputación de plagio, copia o apropiación de ideas ajenas; rechazo la tergiversación de mi trabajo; rechazo el intento de presentar como apropiación lo que está citado y discutido; y rechazo que se me atribuyan responsabilidades personales en asuntos institucionales que no responden a la versión difundida. No pido privilegios ni trato de silenciar a nadie. Pido algo mucho más elemental: rigor, pruebas y responsabilidad. Si se afirma que he plagiado, copiado o me he apropiado de ideas ajenas, que se muestre la prueba concreta: página, párrafo y frase copiada. Si se cuestiona una hipótesis, que se haga con argumentos y fuentes. Si se habla de instituciones, que se respeten los hechos. Y si no existen pruebas para sostener una acusación tan grave, lo que procede es rectificar.

Miguel Ángel Borrego Soto


Acceso al podcast completo del programa: https://www.ivoox.com/puerta-real-esperanza-de-los-rios-y-fernando-lopez-audios-mp3_rf_176552953_1.html

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