lunes, 27 de julio de 2026

Cuatro poemas de Ibn Giyāṯ al-Šarīšī

A veces, una glosa aparentemente secundaria conserva más historia que muchas crónicas. Una palabra de al-Ḥarīrī conduce a una anécdota; la anécdota trae consigo unos versos, y estos versos permiten reconstruir una amistad, una tertulia, la circulación de un libro y, finalmente, la visita a un poeta durante la enfermedad que habría de llevarlo a la muerte.


Eso es lo que sucede en el comentario de Abū l-ʿAbbās Aḥmad b. ʿAbd al-Muʾmin al-Šarīšī a la vigesimosegunda de las Maqāmāt de al-Ḥarīrī, la llamada al-Furātiyya. Al explicar las fórmulas que acompañan al estornudo, el comentarista abandona momentáneamente el texto de la maqāma y recuerda varias composiciones de su paisano y contemporáneo Abū ʿAmr Muḥammad b. ʿUbayd Allāh b. Giyāṯ al-Ŷuḏāmī al-Šarīšī, poeta, jurista, hombre de letras y visir vinculado a la vida intelectual de la Jerez almohade.

El pasaje conserva tres poemas en el texto impreso del comentario: uno compuesto para responder en verso a quien estornudaba, otro enviado al propio al-Šarīšī para pedirle el Kitāb al-ʿIqd y un tercero improvisado para agradecer la visita de unos estudiantes durante una enfermedad. Al-Maqqarī, que transmite toda esta sección en su Nafḥ al-ṭīb, añade una noticia aún más valiosa: al-Šarīšī visitó personalmente a Ibn Giyāṯ durante la enfermedad de la que éste murió, acompañado por tres jóvenes discípulos. En aquella ocasión, el anciano poeta pidió un tintero y dictó una cuarta composición.

No estamos, pues, ante versos desprovistos de contexto. Cada poema permanece unido a la circunstancia que lo hizo nacer: una tertulia jerezana, la petición amistosa de un libro, la visita a un enfermo y una despedida junto al lecho de muerte.

Ibn Giyāṯ y al-Šarīšī: dos generaciones de la cultura jerezana

Ibn Giyāṯ nació en el año 536 H. y al-Šarīšī en 557 H. Los separaban, por tanto, unos veintiún años: cuando se produjo la última visita, Ibn Giyāṯ debía de rondar los ochenta y dos u ochenta y tres años lunares, mientras que al-Šarīšī tendría alrededor de sesenta y uno o sesenta y dos. Este último era ya un maestro consagrado acompañado por sus propios discípulos, que visitaba a un hombre de letras perteneciente a una generación anterior.

El propio comentario demuestra que entre ambos existió un trato directo. Ibn Giyāṯ escribió a al-Šarīšī para solicitarle un libro; al-Šarīšī conocía sus composiciones ocasionales y, al final de su vida, acudió a visitarlo. La expresión مُحِبُّكَ — muḥibbuka, «quien te ama» o «tu amigo», empleada por Ibn Giyāṯ en el poema del libro, permite hablar de una relación de afecto y confianza sostenida por la literatura, la enseñanza y el intercambio de textos.

Un sufí de Šarīš y el poema del estornudo

Al-Šarīšī introduce la anécdota diciendo que había «en nuestra ciudad», فِي بَلَدِنَا, un sufí que conocía una enorme cantidad de poesía y encontraba siempre unos versos adecuados para cualquier asunto que surgiera en la conversación. Al-Maqqarī hace explícito el lugar y escribe:

وَكَانَ صُوفِيٌّ بِشَرِيشَ حَافِظًا لِلشِّعْرِ - «Había en Šarīš un sufí que sabía poesía de memoria».

La escena pertenece, por tanto, inequívocamente a la vida cultural del Jerez islámico. En una de aquellas reuniones, un hombre estornudó y los presentes respondieron con la fórmula ritual:

يَرْحَمُكَ اللهُ - «Que Dios tenga misericordia de ti».

El estornudador contestó rogando por ellos. El sufí se encontró entonces ante un curioso dilema: si interrumpía la recitación para cumplir con la fórmula de cortesía, introducía en ella unas palabras ajenas al ritmo poético; pero, si no respondía, faltaba al deber de mostrar benevolencia hacia quien había estornudado. Pidió entonces a los estudiantes que alguno de ellos pusiera en verso todo aquel intercambio, y el visir Abū ʿAmr Ibn Giyāṯ compuso:

يَا عَاطِسًا، يَرْحَمُكَ اللهُ، إِنْ
أَعْلَنْتَ بِالْحَمْدِ عَلَى عَطْسَتِكْ

اُدْعُ لَنَا رَبَّكَ يَغْفِرْ لَنَا،
وَأَخْلِصِ النِّيَّةَ فِي دَعْوَتِكْ

وَقُلْ لَهُ: يَا سَيِّدِي، رَغْبَتِي
حُضُورُ هٰذَا الْجَمْعِ فِي حَضْرَتِكْ

وَأَنْتَ يَا رَبَّ النِّدَاءِ وَالنَّدَى،
بَارَكَ رَبُّ النَّاسِ فِي لَيْلَتِكْ

فَإِنْ يَكُنْ مِنْكَ لَنَا دَعْوَةٌ،
فَأَنْتَ مَحْمُودٌ عَلَى عَوْدَتِكْ

Traducción

¡Oh tú que acabas de estornudar! Que Dios tenga misericordia de ti,
si al estornudar has proclamado su alabanza.

Ruega a tu Señor por nosotros, para que nos perdone,
y formula tu plegaria con intención sincera.

Y dile: «Señor mío, mi deseo
es que esta asamblea se halle en Tu presencia».

Y tú, señor de la invocación y de la generosidad,
que el Señor de los hombres bendiga tu noche.

Y si elevas por nosotros una plegaria,
serás digno de alabanza por ello.

El poema cumple en primer lugar una función práctica: integra dentro del ritmo de la tertulia las fórmulas religiosas relacionadas con el estornudo. El primer verso contiene el tašmīt, la expresión يَرْحَمُكَ اللهُ, que solo debe pronunciarse cuando quien estornuda ha alabado previamente a Dios. En el segundo se le pide que responda con una plegaria sincera por todos los presentes. 

La tercera estrofa eleva inesperadamente la pequeña escena cotidiana. El poeta desea que aquella reunión de amigos y estudiantes pueda comparecer algún día ante la presencia de Dios. La tertulia terrenal se convierte así en anticipo de una reunión futura.

La transmisión presenta algunas variantes. Al-Maqqarī ofrece إِذْ en lugar de إِنْ رَبَّ النَّدَى وَالنَّوَى frente a رَبَّ النِّدَاءِ وَالنَّدَى, y فَإِنْ يَكُنْ مِنْكُمْ لَنَا عَوْدَةٌ frente a فَإِنْ يَكُنْ مِنْكَ لَنَا دَعْوَةٌ. La versión de al-Maqqarī refuerza el juego final con la idea del regreso; la edición del comentario de al-Šarīšī insiste, en cambio, en la plegaria que el estornudador debe formular. Ambas conservan el mismo fondo: la respuesta ritual queda incorporada a la poesía y el hombre que había estornudado vuelve a integrarse armónicamente en la reunión.

Un collar para el cuello de un amante de los libros

El segundo poema ofrece una prueba directa de la relación entre Ibn Giyāṯ y al-Šarīšī. El comentarista lo introduce en primera persona:

وَكَتَبَ إِلَيَّ يَسْتَهْدِينِي كِتَابَ الْعِقْدِ - «Me escribió pidiéndome como regalo el libro del ʿIqd

Ibn Giyāṯ no formuló su petición mediante una nota convencional. La convirtió en una elegante miniatura poética:

أَيَا مَنْ غَدَا سِلْكًا بِجِيدِ مَعَارِفِهِ،
وَمِنْ لَفْظِهِ زَهْرٌ أَنِيقٌ لِقَاطِفِهِ

مُحِبُّكَ أَضْحَى عَاطِلَ الْجِيدِ، فَلْتَجُدْ
بِعِقْدٍ عَلَى لَبَّاتِهِ وَسَوَالِفِهِ

Traducción

Oh, aquel que se ha convertido en hilo
para el cuello de su conocimientos,

y de cuya palabra brotan flores hermosas
para quien se acerca a recogerlas:

quien te ama tiene hoy desnudo el cuello;
sé generoso y adórnalo con un collar

que descanse sobre la parte alta de su pecho
y se extienda alrededor de su garganta.


La petición está construida alrededor del doble significado de الْعِقْد — al-ʿIqd, «el collar» y, al mismo tiempo, título del libro solicitado. Todo el vocabulario pertenece al mismo campo metafórico:

السِّلْك — al-silk es el hilo en que se ensartan las cuentas; الْجِيد — al-ŷīd, el cuello; عَاطِلُ الْجِيد — ʿāṭilu l-ŷīd, quien lleva el cuello desprovisto de collar; اللَّبَّات — al-labbāt, la parte superior del pecho, y السَّوَالِف — al-sawālif, los lados o partes anteriores del cuello. Ibn Giyāṯ se presenta como un amante cuyo cuello se encuentra desnudo porque todavía carece del ʿIqd. Al-Šarīšī podrá engalanarlo si le entrega el volumen.

El texto no desarrolla el título completo del libro. Habla únicamente del Kitāb al-ʿIqd. Es muy probable que se trate del célebre al-ʿIqd al-farīd de Ibn ʿAbd Rabbihi, una de las grandes enciclopedias de adab producidas en al-Andalus. La identificación resulta natural, especialmente en un ambiente literario andalusí donde la obra era conocida simplemente como al-ʿIqd, aunque, mientras no aparezca una mención más explícita, conviene mantenerla como hipótesis muy verosímil. Los versos poseen además un indudable valor biográfico. Ibn Giyāṯ conocía la biblioteca de al-Šarīšī y tenía confianza suficiente para pedirle un libro mediante una composición en la que se define como مُحِبُّكَ, «quien te ama». No estamos ante dos nombres relacionados artificialmente por una fuente tardía, sino ante dos hombres que se escribían y compartían libros.

Las tres fiestas

Al-Šarīšī cuenta a continuación que Ibn Giyāṯ enfermó durante una festividad:

وَتَوَعَّكَ فِي بَعْضِ الْأَعْيَادِ - «Sufrió una indisposición durante una de las fiestas».

Un grupo de estudiantes distinguidos fue a visitarlo. Cuando se dispusieron a marcharse, el poeta improvisó:

لِلَّهِ دَرُّ عِصَابَةٍ أَمْجَادٍ
شَرُفَ النِّدَاءُ بِقَصْدِهِمْ وَالنَّادِي

لَمَّا أَشَارُوا بِالسَّلَامِ وَأَرْبَعُوا
أَنْشَدْتُهُمْ وَصَدَقْتُ فِي الْإِنْشَادِ

فِي الْعِيدِ عُدْتُمْ، وَهْوَ يَوْمُ عَرُوبَةٍ؛
يَا فَرْحَتِي بِثَلَاثَةِ الْأَعْيَادِ

Traducción

¡Qué excelente grupo de hombres nobles!
Con su llegada se ennoblecieron la llamada y la reunión.

Cuando indicaron con el saludo que se despedían
y se detuvieron antes de marcharse,

les recité estos versos
y fui sincero en mi recitación:

en plena fiesta habéis venido a visitarme,
y además hoy es viernes.

¡Qué alegría la mía
al reunir tres fiestas en un solo día!


La gracia de la composición se concentra en el último verso. Las tres fiestas son la festividad religiosa durante la cual tuvo lugar la visita, el viernes —denominado aquí يَوْمُ عَرُوبَة — yawmu ʿArūba, antiguo nombre árabe de ese día— y la llegada de los amigos, convertida por sí misma en una tercera celebración.

Hay también un delicado juego entre الْعِيد — al-ʿīd, «la fiesta», y عُدْتُمْ — ʿudtum, «habéis venido a visitar a un enfermo», del verbo عَادَ الْمَرِيضَ — ʿāda l-marīḍa. La visita prolonga y multiplica la fiesta.

Al-Maqqarī conserva algunas variantes: أَفَاضِلُ أَمْجَادٍ frente a عِصَابَةٌ أَمْجَادٌ, شَرُفَ النَّدِيُّ frente a شَرُفَ النِّدَاءُ, y أَزْمَعُوا, «se dispusieron a partir», en lugar de أَرْبَعُوا, «se detuvieron». Estas lecturas hacen más transparente algún pasaje, aunque para el texto principal hemos mantenido la versión de la edición del comentario. El poema muestra a un Ibn Giyāṯ capaz de improvisar con soltura durante la enfermedad. La visita no se presenta como una obligación social cumplida por unos estudiantes, sino como un acontecimiento que transforma la habitación del enfermo en espacio de celebración.

La enfermedad de la que murió

Tras estas tres piezas, al-Maqqarī reproduce una noticia atribuida expresamente al comentario de las Maqāmāt. Al-Šarīšī habla ahora en primera persona:

قَالَ الشَّرِيشِيُّ فِي شَرْحِ الْمَقَامَاتِ:
وَلَقَدْ زُرْتُهُ فِي مَرَضِهِ الَّذِي تُوُفِّيَ فِيهِ، رَحِمَهُ اللهُ تَعَالَى، أَنَا وَثَلَاثَةُ فِتْيَانٍ مِنَ الطَّلَبَةِ، فَسَأَلَنِي عَنْهُمْ وَعَنْ آبَائِهِمْ. فَلَمَّا أَرَادُوا الِانْصِرَافَ، نَاوَلَ أَحَدَهُمْ مِحْبَرَةً، وَقَالَ لَهُ: اُكْتُبْ. وَأَمْلَى عَلَيْهِ ارْتِجَالًا.

Traducción

Al-Šarīšī dijo en su comentario de las Maqāmāt:

«Yo mismo lo visité durante la enfermedad de la que murió —Dios, exaltado sea, tenga misericordia de él—, acompañado por tres jóvenes estudiantes. Me preguntó por ellos y por sus padres. Cuando se dispusieron a marcharse, entregó a uno de ellos un tintero y le dijo: “Escribe”. Y le dictó improvisadamente lo siguiente».

Esta declaración tiene una importancia biográfica extraordinaria. Al-Šarīšī asegura que conoció personalmente la enfermedad final de Ibn Giyāṯ. No habla de oídas ni reproduce una noticia transmitida por terceros. Estuvo allí, acompañado por tres de sus discípulos, habló con el enfermo y presenció la composición de unos versos.

Ibn Giyāṯ, pese a su estado, conservaba la lucidez. Preguntó quiénes eran aquellos jóvenes y quiénes eran sus padres. Cuando se levantaron para marcharse, quiso dejarles algo por escrito. Entregó el tintero a uno de ellos y le ordenó:

اُكْتُبْ - «Escribe».

Al-Maqqarī transmite a continuación el poema:

ثَلَاثَةُ فِتْيَانٍ يُؤَلِّفُ بَيْنَهُمْ
نَدِيٌّ كَرِيمٌ، لَا أَرَى اللهُ بَيْنَهُمْ

تَشَابَهَ خَلْقٌ مِنْهُمْ وَخَلِيقَةٌ،
فَإِنْ قُلْتَ: أَيْنَ الْحُسْنُ؟ فَانْظُرْهُ أَيْنَ هُمْ

وَزَيَّنَهُمْ أُسْتَاذُهُمْ إِذْ غَدَا لَهُمْ
مُعَلِّمَ آيَاتٍ، فَتَمَّمَ زَيْنَهُمْ

فَإِنْ خِفْتَ مِنْ عَيْنٍ، فَفِي الْكُلِّ فَلْتَقُلْ:
وَقَى اللهُ رَبُّ النَّاسِ لِلْكُلِّ عَيْنَهُمْ

Traducción aproximada

Tres jóvenes a quienes reúne
una noble tertulia... Que Dios no me haga ver [mal alguno] entre ellos.

Se parecen en su figura y en su carácter;
si preguntas dónde está la hermosura, mírala allí donde ellos estén.

Los ha embellecido su maestro, que se ha convertido para ellos
en instructor de aleyas y ha completado así su ornamento.

Y, si temes para ellos los efectos de una mirada, di por todos:
«Que Dios, Señor de los hombres, preserve sus ojos».

El texto presenta alteraciones evidentes en su transmisión. El segundo hemistiquio del primer verso, لَا أَرَى اللهُ بَيْنَهُمْ, ha llegado gramaticalmente incompleto: parece faltar el objeto de la invocación. El sentido probable es «que Dios no me haga ver mal, separación o discordia entre ellos», pero no conviene restituir en el texto árabe una palabra que los testimonios conservados no ofrecen.

También el último hemistiquio, وَقَى اللهُ رَبُّ النَّاسِ لِلْكُلِّ عَيْنَهُمْ, resulta duro y podría haber sufrido alguna alteración. El contexto muestra, sin embargo, que se trata de una fórmula protectora contra el mal de ojo, provocado por la belleza y las cualidades de los tres muchachos.

El segundo verso elogia su doble semejanza. خَلْق — jalq designa la forma exterior; خَلِيقَة — jalīqa, el carácter. Los tres jóvenes comparten, por tanto, belleza física y virtud moral. Quien pregunte dónde se encuentra la hermosura solo tiene que mirar allí donde ellos están.

Especial importancia tiene el verso:

وَزَيَّنَهُمْ أُسْتَاذُهُمْ - «Y los embelleció su maestro».

Ese أُسْتَاذ — ustāḏ parece ser el propio al-Šarīšī. Él había acudido acompañado por los tres estudiantes y era quien podía explicar a Ibn Giyāṯ quiénes eran y quiénes eran sus familias. El poeta elogia así delante de los discípulos al maestro que los había formado. Se trata de una inferencia muy probable, aunque el verso no mencione expresamente su nombre.

La expresión مُعَلِّمَ آيَاتٍ — muʿallima āyātin puede referirse a la enseñanza coránica, pero también contribuye a presentar a al-Šarīšī como transmisor de signos, textos y saberes. La belleza natural de los jóvenes quedaba completada por la educación recibida de su maestro.

El poema parece ser una de las últimas composiciones de Ibn Giyāṯ cuya circunstancia conocemos. Fue dictado durante la enfermedad mortal, ante al-Šarīšī y tres jóvenes discípulos.


La cronología: una corrección necesaria

La noticia obliga a revisar con cuidado la fecha de muerte de Ibn Giyāṯ. En su Tuḥfat al-qādim, Ibn al-Abbār afirma con claridad:

تُوُفِّيَ أَوَّلَ سَنَةِ تِسْعَ عَشْرَةَ وَسِتِّمِائَةٍ - «Murió al comienzo del año 619 H.».

Sin embargo, en la Takmila, aunque el propio Ibn al-Abbār precisa que fue en Ḏū l-Ḥiŷŷa de 619 H., añade una versión de Ibn Fartūn que sitúa el fallecimiento en los primeros diez días de Muḥarram de 620 H. La misma noticia fija su nacimiento en 536 H.

Al-Šarīšī murió también en 619 H., concretamente en el mes de Ḏū l-Ḥiŷŷa, que corresponde ya a los últimos días de 1222 y comienzos de 1223.

Por tanto, una cosa es segura: Ibn Giyāṯ hubo de morir antes que al-Šarīšī. El comentarista afirma haberlo visitado durante la enfermedad de la que murió y redactó después la noticia en pasado. La datación de Ibn Fartūn en Muḥarram de 620 H., posterior a la muerte de al-Šarīšī, resulta incompatible con ese testimonio directo.

La fecha transmitida por Tuḥfat al-qādim —comienzos de 619 H., aproximadamente en 1222— encaja sin dificultad. También sería posible una muerte en Ḏū l-Ḥiŷŷa de 619, siempre que Ibn Giyāṯ hubiera fallecido antes que al-Šarīšī dentro de ese mismo mes. Como desconocemos el día preciso de la muerte de ambos, esa posibilidad no puede descartarse por completo.

El pasaje del comentario no es, por tanto, únicamente una fuente poética. Aporta un dato interno decisivo para establecer la secuencia de las muertes de ambos autores y corregir una de las variantes transmitidas por la tradición biográfica.

El poeta anciano y el maestro acompañado por sus discípulos

La diferencia de edad ayuda a comprender la escena. Ibn Giyāṯ, nacido en 536 H., era unos veintiún años mayor que al-Šarīšī, nacido en 557. Durante aquella visita, el primero rondaba ya los ochenta y tres años lunares. El segundo se acercaba a los sesenta y dos y se encontraba rodeado por una nueva generación de estudiantes. En aquella habitación coincidieron, por tanto, tres edades de la cultura literaria de Šarīš: el anciano poeta y visir próximo a la muerte; el maestro maduro que conservaría sus palabras, y los tres muchachos que aprendían junto a él. 

Ibn Giyāṯ preguntó por los jóvenes y por sus padres. El detalle revela que no se limitó a recibirlos pasivamente: quiso saber quiénes eran y a qué familias pertenecían. Después elogió su apariencia, su carácter y la educación que recibían. El poema funciona así como una pequeña ceremonia de transmisión. El anciano reconoce al maestro y a sus discípulos; el maestro conserva los versos del anciano, y uno de los estudiantes los fija por escrito.

¿Poemas inéditos?

Estas cuatro piezas no son inéditas en sentido material absoluto. Tres aparecen en el comentario impreso de al-Šarīšī, de las cuales, la que ilustra la anécdota del estornudo ya había sido publicada y traducida por el que esto suscribe. Las cuatro fueron reproducidas posteriormente por al-Maqqarī. No han permanecido ocultas en un manuscrito desconocido. Conviene añadir una particularidad textual. La edición moderna consultada del comentario de al-Šarīšī conserva los tres primeros poemas, pero, inmediatamente después, vuelve al relato de la maqāma. El cuarto poema lo ofrece al-Maqqarī asegurando expresamente que procede del comentario de al-Šarīšī. Es posible que utilizara una versión más extensa, otro manuscrito o una recensión distinta de la transmitida por la edición moderna. Este hecho convierte la noticia en un testimonio importante también para la historia textual del comentario.

Libros, amistad y memoria en la Šarīš almohade

Los cuatro poemas con circunstanciales, es decir, no celebran victorias militares ni describen palacios. Un hombre estornuda en una tertulia; un lector desea que su amigo le preste un libro; unos estudiantes visitan a un enfermo durante una fiesta, y tres jóvenes acompañan a su maestro hasta el lecho de un poeta anciano. Precisamente por eso poseen un valor extraordinario. Gracias a ellos sabemos que en el Jerez de comienzos del siglo XIII había reuniones en las que sufíes, poetas y estudiantes jugaban a resolver en verso cualquier incidente de la conversación. Sabemos que los libros circulaban entre amigos y que podían solicitarse mediante poemas construidos sobre sus títulos. Sabemos que la visita al enfermo se convertía en ocasión para improvisar y que un maestro acudía acompañado por sus discípulos a casa de un escritor perteneciente a una generación anterior.

También conocemos mejor la relación entre Ibn Giyāṯ y al-Šarīšī. El primero le pidió un libro y lo llamó implícitamente amigo; el segundo reunió sus versos y lo visitó durante su enfermedad final. No parece excesivo hablar de compañerismo y amistad literaria, siempre que se entienda que estas palabras proceden de la suma de varios indicios: la correspondencia, el intercambio de libros, la familiaridad personal y la presencia junto al lecho de muerte.

Epílogo: «Escribe»

De toda la noticia queda una imagen particularmente poderosa. Ibn Giyāṯ, muy anciano y enfermo, contempla a los tres muchachos que han venido a visitarlo junto a al-Šarīšī. Les pregunta sus nombres y los de sus padres. Cuando se disponen a salir, toma un tintero y se lo entrega a uno de ellos.

Le dice únicamente:

اُكْتُبْ - «Escribe».

El joven obedece. Al-Šarīšī escucha. El anciano poeta dicta. Ibn Giyāṯ moriría poco después. Al-Šarīšī, que conservaría el recuerdo de la visita, fallecería también antes de concluir el año 619 H. Pero el muchacho salió de aquella habitación llevando consigo los versos. 

Ocho siglos más tarde, aún podemos leerlos gracias a esa frágil cadena: la voz de un poeta que se apagaba, la mano de un discípulo que la plasmó por escrito y la memoria de un maestro jerezano que no quiso que aquella escena cayera en el olvido.


Bibliografía empleada

Borrego Soto, Miguel Ángel, «Poetas del Jerez islámico», Al-Andalus Magreb, 15 (2008), pp. 41–78, especialmente pp. 45–47.

Al-Maqqarī, Aḥmad b. Muḥammad, Nafḥ al-ṭīb min guṣn al-Andalus al-raṭīb, ed. Iḥsān ʿAbbās, 8 vols., Beirut, Dār Ṣādir, 1968, IV, pp. 235-236.

Al-Šarīšī, Abū l-ʿAbbās Aḥmad b. ʿAbd al-Muʾmin, Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, ed. Muḥammad Abū l-Faḍl Ibrāhīm, 5 vols., Beirut, al-Maktaba al-ʿAṣriyya, 1413/1992, II, p. 136.


Derechos de autor y forma de cita

Los poemas originales de Ibn Giyāṯ pertenecen al dominio público. La traducción castellana, la introducción, las notas y la selección y presentación de los materiales incluidos en esta entrada son obra de Miguel Ángel Borrego Soto.

© Miguel Ángel Borrego Soto, Jerez de la Frontera, 2026. Todos los derechos reservados.

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Los fragmentos citados con fines docentes o de investigación deberán ir acompañados de la correspondiente referencia de autoría y procedencia.

Forma recomendada de cita:

Borrego Soto, Miguel Ángel. «Cuatro poemas de Ibn Giyāṯ al-Šarīšī». ŠARĪŠ ŠIḎŪNA.Datos para la historia de la ciudad andalusí de Jerez de la Frontera, 27 de julio de 2026 [https://alandalusjerez.blogspot.com/2026/07/cuatro-poemas-de-ibn-giyat-al-sarisi.htm] (consulta: [día] de [mes] de [año]).

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