domingo, 8 de enero de 2023

La alquería de Šarāna y los Banū l-Murjī (y III)

1.5. Abū l-Hakam ‛Alī b. Muhammad b. ‛Abd al-Malik b. ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad b. al-Husayn b. Kumayl/Kamīl b. ‛Abd al-‛Azīz b. Hārūn al-Lajmī al-Qurtubī al-Išbīlī Ibn al-Murjī

Nació en Córdoba, ciudad en la que su familia se había establecido. En cuanto a la fecha de su venida al mundo, sólo Ibn Dihya la facilita por boca del propio Abū l-Hakam, quien le confesó que lo hizo a finales del año 519 (=enero 1126). Vivió también en Sevilla, donde fue instruido por alguno de sus ulemas.

Entre sus maestros las fuentes señalan a su padre, Abū Bakr Muhammad Ibn al-Murjī, y al primo de éste, Abū Ŷa‛far Ahmad Ibn al-Murjī. Otros de sus preceptores fueron Abū l-Hasan Ibn Mugīt (m. 532=1197-8), Abū l-Qāsim Ibn Ridā (m. 545=1150-1) y Abū ‛Abd Allāh Ibn Makkī. Recibió además la iŷāza de Abū l-Hasan Šurayh Ibn Muhammad y del cadí y tradicionista sevillano Abū Bakr Ibn al-‛Arabī (m. 543=1148).

De sus discípulos conocemos a su hijo, Abū Bakr Muhammad b. ‛Alī, y a Abū Sulaymān Ibn Tawd Allāh (m. 621=1224), a los que concedió la iŷāza en šawwāl del año 579 (=17 enero–14 febrero 1183-4). Otro de sus pupilos destacados fue el valenciano Ibn Dihya, quien oyó de Abū l-Hakam alguna de sus obras y, asimismo, recibió de él la licencia docente junto a su hermano Abū ‛Amr.

Ibn ‛Abd al-Malik lo describe como hombre de amplia sabiduría, conocedor de las bellas letras y versado en ciencia religiosa, orador y secretario virtuoso, visir excelso, magnánimo y de elevada moralidad. Fue quizás su carácter soberbio y orgulloso lo que le hizo perder el favor del califa almohade Abū Ya‛qūb (m. 18 rabī‛ II 580=29 julio 1184), a cuyo servicio estuvo algún tiempo. Cuenta el mismo Ibn ‛Abd al-Malik que durante un asedio a Sevilla –probablemente tras la ofensiva que sufrió la ciudad el año 553 (=1158) por las tropas de Ibn Mardanīš–, Abū Ya‛qūb prohibió a su gente, apostada en un campamento a las afueras de Sevilla, que entrara en ella. Al parecer, Abū l-Hakam hizo caso omiso a esta orden y, desobedeciendo a su señor, penetró en la capital atacada. Tamaña afrenta sólo sirvió para que Abū Ya‛qūb lo destituyera y no lo volviera a admitir en la real cancillería. En fecha desconocida y por motivos que no se especifican, se trasladó a Marraquech y allí murió el año 584 (=1188-9).

De las obras que escribió conocemos dos títulos: Uno de ellos reza Awhām Ibn Qutayba fī l-Ma‛ārif (Infundios de Ibn Qutayba en los Ma‛ārif), obra de la que nos da noticia Ibn Dihya, quien la oyó de su autor. Por lo que deducimos del título, Abū l-Hakam no estaba de acuerdo con muchas de las opiniones que Ibn Qutayba (m. 276=889-90) había vertido en sus Al-Ma‛ārif fī dikr ajbār al-rusūl wa-l-sahāba wa-l-julafā’ (Conocimientos de las tradiciones sobre el Profeta, sus compañeros y los califas que le sucedieron).

El otro es su Istidrāk ‛alà Mu‛ŷam mā ista‛ŷama min asmā’ al-bilād wa-l-mawādi‛ li-l-wazīr Abī ‛Ubayd al-Bakrī (Corrección al Diccionario de los nombres confusos de los países y las localidades del visir Abū ‛Ubayd al-Bakrī). Ibn Dihya dice haber aprendido con el propio Abū l-Hakam esta obra que corrige o aclara alguno de los aspectos del diccionario de Abū ‛Ubayd al-Bakrī (m. 487=1094-5). Este texto, en palabras de Ibn Dihya, contenía unos cuatrocientos nombres o entradas geográficas referentes a muchos de los topónimos que aparecen en libros clásicos y cuya localización y explicación los poetas y sabios andalusíes tenían interés en conocer.



1.6. Abū Bakr Muhammad b. ‛Alī b. Muhammad b. ‛Abd al-Malik b. ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad b. al-Husayn b. Kumayl/Kamīl b. ‛Abd al-‛Azīz b. Hārūn al-Lajmī al-Išbīlī Ibn al-Murjī

Nacido en Sevilla en fecha que desconocemos, aprendió de su padre, Abū l-Hakam ‛Alī y de Abū l-‛Abbās Ibn Sayyid al-Liss. Dice al-Ru‛aynī que las transmisiones de Abū Bakr eran escasas, pero sus discípulos no fueron pocos, destacando entre ellos Abū Ishāq Ibn Muhammad al-Awsī al-Dabbāg, Abū Bakr Ibn Hišām, Abū l-Hasan al-Dabbāŷ, Abū l-Hasan al-Ru‛aynī (m. 666=1268), Abū l-Hakam Ibn Barraŷān, Abū l-Jattāb Ibn Jalīl (m. 652=1254) y su hermano Abū ‛Umar Ibn Jalīl (m. 646=1248-9), Abū ‛Abd Allāh al-Rundī al-Muslahim, Abū l-‛Abbās Ibn ‛Abd al-Mu’min al-Šarīšī (m. 619=1223), autor de un celebrado Šarh Maqāmāt al-Harīrī (Comentario a las Maqāmāt de al-Harīrī) y Abū ‛Amr Hakam b. Ibrāhīm b. Muhammad al-Gassānī.

Calificado como buen poeta, eminente secretario y háfiz de las bellas letras, Abū Bakr cultivó además la prosa y sobresalió por sus conocimientos de lexicografía, retórica y ciencias de la religión. Sirvió a varios califas almohades: junto a su padre en la cancillería de Abū Ya‛qūb Yūsuf (m. 580=1184); posteriormente, a los hijos de éste, Abū Yahyà Ibn Abī Ya‛qūb y Abū Yūsuf Ya‛qūb al-Mansūr (m. 595=1199); y, por último, a Abū ‛Abd Allāh Muhammad al-Nāsir (m. 610=1213).

Mantuvo una estrecha relación con otros secretarios sevillanos, caso de Abū l-Hasan Ibn Zayd o Abū l-‛Abbās Ibn al-Bintuh y, del mismo modo, fue amigo de Abū Muhammad ‛Abd al-Kabīr y de Abū Zayd al-Fāzāzī, quienes le dedicaron numerosos elogios. Murió probablemente en Sevilla, el 11 de rabī‛ II del año 615 (=7 julio 1218). También se da como fecha de su fallecimiento el 616 (=1219-20).

De las numerosas obras que escribió conocemos su Bugyat al-murtabit wa-durrat al-multaqit (Deseo cumplido del que está atado y perla del que recoge), libro dedicado a describir las condiciones y características del caballo. Ibn ‛Abd al-Malik es quien da el título completo de esta obra, escrita para el califa almohade Abū ‛Abd Allāh Muhammad al-Nāsir.

Otro de sus trabajos es el Kitāb hilyat al-adīb fī ijtisār al-Garīb al-musannaf (Libro sobre el ornamento literario, resumen del Tratado temático de los términos extraños). Se trata de un epítome de la obra al-Garīb al-musannaf, de Abū ‛Ubayd al-Qāsim al-Harawī (m. 223=837). Dice al-Ru‛aynī que Abū Bakr se la dedicó al califa Abū Yūsuf Ya‛qūb al-Mansūr antes de que éste subiera al trono, el año 580 (=1184). El mismo al-Ru‛ayni nos facilita la cadena de transmisión de la obra de al-Harawī diciendo que Abū Bakr la recibió, por mediación de su padre, de su abuelo, Muhammad b. ‛Abd al-Malik, quien a su vez la tomó de Abū ‛Ubayd al-Bakrī, éste de Abū Marwān Ibn Hayyān, que la transmitió de Abū ‛Umar Ahmad b. Abī l-Habbāb, que la había recogido de Abū ‛Alī Ismā‛īl b. al-Qāsim al-Bagdādī, éste de Abū Bakr Ibn al-Anbārī, que la recibió de su padre y éste de al-Tūsī, quien la aprendió de su autor, Abū ‛Ubayd al-Qāsim al-Harawī.

Nos han llegado también referencias de su Ijtisār fī Kitāb al-yatīma (Compendio del libro de la perla única), de la que sólo se da el nombre, sin que sepamos nada sobre el contenido de la misma. En cuanto a su poesía, el parecer de los biógrafos es que Abū Bakr era un buen poeta, pero su producción resulta escasa a la luz de lo poco que se ha conservado de él, apenas una casida que dan a conocer Ibn al-Abbār, al-Safadī y al-Suyūtī.



2. Conclusiones

Las biografías de los miembros de esta familia de origen jerezano, los Banū l-Murjī, ponen de manifiesto el papel que éstos jugaron en la historia política y literaria de al-Andalus. Conviene destacar, por tanto la continua presencia de los Banū l-Murjī en las diferentes cancillerías reales entre los siglos XI y XIII, fecha a partir de la cual dejamos de tener noticias acerca de este linaje. En cuanto a las alusiones a la alquería de Jarana, éstas son escasas y se limitan a señalar el origen de estos Banū l-Murjī, sin entrar en descripciones o valoraciones del lugar.

El miembro más sobresaliente de los Banū l-Murjī es, sin duda, Abū Bakr Muhammad b. ‛Abd al-Malik, sobre todo porque alguno de sus versos y un buen número de escritos suyos merecieron la consideración de autores de la talla de Ibn Bassām y al-Isfahānī. En orden de importancia hallamos a su nieto, Abū Bakr Muhammad b. ‛Alī –que fue maestro en Sevilla del afamado comentador de las Maqāmāt de al-Harīrī y gramático, el jerezano Abū l-‛Abbās Ibn ‛Abd al-Mu’min al-Šarīšī (m. 619=1223)– y al padre de aquél, Abū l-Hakam ‛Alī b. Muhammad, de los que nos han llegado algunos fragmentos poéticos y el título de los libros que escribieron. Con todo, no tenemos constancia de ninguna de las risālas que redactarían durante el ejercicio de su oficio como secretarios de los califas almohades. Una de las obras de esta época, recientemente editada y que reúne una importante colección de documentos de visires y escribanos, no los menciona, aunque es pertinente añadir que de ella sólo se conserva el primer volumen de los dos que la componían. Se trata del Kanz al-kuttāb wa-muntajab al-ādāb (Tesoro de los secretarios y fragmentos literarios escogidos) de otro jerezano, Abū Ishāq Ibrāhīm b. Abī l-Hasan 'Alī b. Ahmad b. 'Alī al-Fihrī al-Šarīšī, natural de la alquería de Būnas.

Para saber más:



sábado, 31 de diciembre de 2022

Una qubba a orillas del Guadalete

Según algunos textos (vid. M. Aragón Huerta, BA, 3, pp. 168-172), el famoso sabio ‛Abbās b. Firnās de Ronda (n. 887) fue contemporáneo del cantante iraquí Ziryāb y algunos miembros de su familia, con los que coincidió en diversas ocasiones. Cuenta Elías Terés (“‛Abbās ibn Firnās”, AA, 25, 1960, pp. 247-248) que, en las postrimerías del reinado de ‛Abd al-Raḥmān II, el gobernador de Sidonia por aquellos años, el noble y rico Maḥmūd b. Abī Ŷamīl, mandó construir, a orillas del Guadalete (Wādī Lakka) un pabellón (qubba) adornado con finas pieles y lujosas alfombras, en el que gastó la elevada suma de 500 dinares.

Cuando terminó de erigirlo, preparó un festín al que invitó a los nobles de la cora. Llegaron los invitados, entre los cuales se encontraba un hijo del cantor Ziryāb, y cuando terminaron de comer pasaron al salón de recepciones. Entonces se presentó ‛Abbās b. Firnās, que venía a saludar a Maḥmūd, quien salió a recibirlo, lo abrazó y todos se regocijaron con su llegada. Le sirvieron comida y pasó con todos al salón, donde el hijo de Ziryāb comenzó a cantar:

Cuando no me conmueven las mujeres de la caravana
me emocionan las palomas, arrullándose en los campos.
Con sus arrullos hacen llorar al enamorado,
porque son plañideras, aunque no viertan lágrimas.

Todos los presentes, admirados, hicieron repetir la canción al hijo de Ziryāb, y cuando éste acabó, ‛Abbās b. Firnās tomó en sus manos el laúd y los volvió a cantar, rematándolos con otros dos versos que improvisó en alabanza de su anfitrión, Maḥmūd, gobernador de Sidonia, y que decían así: 

En Maḥmūd he fortalecido mi mano, que estaba desamparada
en una época estéril para la esperanza.
Para la generosidad y la gloria ha construido una qubba
ante la cual los hombres más generosos quedan prosternados.

Al escucharlo, Maḥmūd le dijo a ‛Abbās b. Firnās: ¡Oh Abū l-Qāsim! La cosa más preciosa que me ha proporcionado mi dinero es esta qubba. Yo te la regalo, y también esta vestidura que llevo puesta. Pasaremos pues, el día de hoy, bajo tu hospitalidad en esta qubba. Inmediatamente, pidió otro vestido, entregó a ‛Abbās el que llevaba puesto y continuó así la fiesta. 

En el momento de la despedida, uno de los invitados al banquete, ‛Abd al-Malik b. Ŷahwar, le dijo a ‛Abbās b. Firnās: Abū l-Qāsim, esta qubba no va a servirte a ti para nada, y no tendrás más remedio que venderla; si quieres, yo te la compro por 500 dinares. E Ibn Firnās le respondió: ¡Tuya es!

martes, 20 de diciembre de 2022

La alquería de Šarāna y los Banū l-Murjī (II)

1.3. Abū Bakr Muhammad b. ‛Abd al-Malik b. ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad b. al-Husayn b. Kumayl/Kamīl b. ‛Abd al-‛Azīz b. Hārūn al-Lajmī al-Išbīlī Ibn al-Murjī.

Nació en Sevilla el mes de Safar del año 468 (=15 septiembre-13 octubre 1075), como se señala en la mayor parte de sus semblanzas. Con todo, Ibn Sa‛īd afirma que la alquería de Jarana está “adornada” con la biografía de este personaje. Es cierto que su abuelo y su padre, como ya hemos apuntado, proceden de la citada población, pero el origen sevillano de Abū Bakr Ibn al-Murjī parece fuera de toda duda.

Durante su infancia se trasladó con su familia a Córdoba, ciudad en la que, según Ibn Bassām e Ibn Sa‛īd, aún habitaba el año 494 (=1100-1). Allí se formó con maestros de la talla de Abū l-Husayn Ibn Sarrāŷ, a quien estuvo muy unido, y de Abū ‛Alī al-Gassānī (m. 498=1104-5), con el que leyó el Kitāb al-Dalā’il (libro de las pruebas) de Qāsim b. Zānib al-Saraqustī. Otros de sus preceptores fueron Abū l-Walīd al-‛Utbī, Abū ‛Ubayd al-Bakrī e Ibn Faraŷ, quien le concedió la iŷāza.


Su encuentro en Murcia con Abū ‛Alī al-Sadafī, del que también aprenderá y transmitirá, facilitó su entrada en la cancillería del gobernador almorávide de Córdoba, el jefe Lamtūna Abū ‛Abd Allāh Muhammad b. al-Hāŷŷ, primo del emir Yūsuf b. Tāšufīn. Según Ibn al-Abbār, Abū Bakr contó también con el favor del máximo dirigente de la cancillería cordobesa del momento, el célebre secretario, poeta y lexicógrafo Abū ‛Abd Allāh Ibn Abī l-Jisāl (m. 540=1146). Este vínculo se verá momentáneamente interrumpido el año 500 (=1106), cuando ‛Alī b. Yūsuf b. Tāšufīn sucede en el trono a su padre y Abū ‛Abd Allāh Muhammad b. al-Hāŷŷ, contrario a esta nueva autoridad, no acude a la toma de posesión del nuevo emir. Este hecho provocó, entre otras cosas, la destitución de Ibn al-Hāŷŷ y la huida de Abū Bakr Ibn al-Murjī hacia algún lugar al Este de al-Andalus, junto a su mentor Abū ‛Alī al-Sadafī. De allí no regresaría hasta la definitiva reconciliación de ‛Alī b. Yūsuf y Abū ‛Abd Allāh Ibn al-Hāŷŷ, poco tiempo después. Tras la ruptura de las tensiones, Ibn al-Hāŷŷ recibió el gobierno de la ciudad de Fez y, posteriormente, el de otros puntos del Magreb y al-Andalus, como Valencia y Zaragoza. En esta labor participará como secretario Abū Bakr Ibn al-Murjī, quien acompañará a su señor hasta el año 508 (=1114-5), fecha de la muerte de éste en la localidad de al-Pūrt –cuyo significado en árabe, afirma Ibn al-Abbār, es al-bāb (La Puerta). 

La formación que Abū Bakr Ibn al-Murjī recibió había hecho de él un hombre estudioso, háfiz de las bellas letras y experto en lengua, genealogía y el arte de la poesía. Entre sus discípulos se cuentan Abū l-Hakam ‛Alī Ibn al-Murjī, hijo suyo, Abū l-Walīd Ibn Jayra, Abū Bakr Ibn Jayr (m. 575=1179), Abū Ŷa‛far Ibn Madā’, Abū Muhammad Ibn ‛Ubayd Allāh, Abū Ishāq Ibn Farqad y otros que con él leyeron y fueron instruidos en las ciencias en las que Abū Bakr sobresalía.

Su óbito tuvo lugar en Córdoba la noche del lunes 17 de dū l-hiŷŷa del 536 (=13 julio 1142), a la edad de 70 años lunares. Fue enterrado en el cementerio de Umm Salama de la capital cordobesa, y Abū l-Hakam recitó la oración fúnebre por el alma de su padre. De los numerosos testigos que acudieron a sus exequias, Ibn al-Abbār distingue a otro de los líderes Lamtūna, Abū Muhammad Abū l-Zubayr Ibn ‛Umar al-Lamtūnī, gobernador de Córdoba en aquellos días.

De su obra poética conservamos algunas casidas, varias de las cuales fueron transmitidas por su propio hijo, Abū l-Hakam ‛Alī. También se conservan algunos versos que el destacado visir y poeta Abū Muhammad Ibn ‛Abdūn de Évora (m. 527=1132-3) dedicó a los Banū l-Murjī. En cuanto a su prosa, Ibn Bassām reúne una considerable antología de epístolas y escritos dirigidos por Abū Bakr a los personajes más destacados del momento. Los fragmentos más señalados podemos leerlos también en otros autores como Ibn Sa‛īd, Ibn Jāqān o al-Iîfahānī.

1.4. Abū Ŷa‛far Ahmad b. Muhammad b. ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad b. al-Husayn b. Kumayl/Kamīl b. ‛Abd al-‛Azīz b. Hārūn al-Lajmī al-Išbīlī Ibn al-Murjī

Primo por parte de padre de Abū Bakr Muhammad, nació en Sevilla en fecha que desconocemos, aunque pronto se asentaría en Córdoba junto al resto de los Banū l-Murjī. En cuanto a su nombre, Ibn Jayr es el que aporta más datos sobre la genealogía de este personaje, sin facilitarla íntegra. No obstante, ha sido posible completarla una vez más con los datos de sus familiares. Ibn Dihya es el único que alude a la condición de visir (al-wazīr al-kabīr) de Abū Ŷa‛far, aunque lamentablemente no tenemos constancia de los emires o gobernantes a los que pudo servir. El resto de semblanzas coincide en destacar, sobre todo, su condición de alfaquí y tradicionista. De este modo, dice Ibn al-Abbār que, en un texto que copió de Abū ‛Alī al-Sadafī, el háfiz Abū l-Ŷayyānī afirmaba que nadie, de al-Andalus a La Meca, superaba a Abū Ŷa‛far Ibn ‛Abd al-‛Azīz y a Abū Bakr Ibn Mufawwaz en esos campos.

De sus maestros en Córdoba sobresalen Abū ‛Alī Husayn b. Muhammad al-Gassānī (m. 498=1104-5), Abū l-Haŷŷāŷ al-A‛lam (m. 476=1083-4) y Abū Marwān Ibn Sarrāŷ. Entre sus discípulos se menciona a su sobrino, Abū l-Hakam ‛Alī b. Muhammad, a Abū Bakr Ibn Jayr y a Abū l-Qāsim Ibn Baškuwāl (m. 578=1183). Mediante iŷāza transmitió de él Abū ‛Alī Ibn Sukkara, como nos da a conocer Ibn al-Abbār a través de Ibn Jayr, quien añade que aquél había aprendido al dictado de Abū Ŷa‛far.

El año de su muerte es el 533 (=1138-9), fecha de la que Ibn al-Abbār discrepa afirmando que Abū Ŷa‛far finó el 523 (=1128-9), algo poco probable si tenemos en cuenta la noticia que proporciona Ibn Baškuwāl sobre este hecho y según la cual Abū Ŷa‛far fue enterrado en el cementerio cordobés de Umm Salama el 22 de rabī‛ I del 533 (=domingo 27 noviembre 1138). Su óbito había tenido lugar dos días antes, la noche del viernes 20 (=25 noviembre 1138).

lunes, 7 de noviembre de 2022

La alquería de Šarāna y los Banū l-Murjī (I)

A la hora de elaborar una semblanza de los miembros de la familia de secretarios de los Banū ‛Abd al-‛Azīz, más conocida por los Banū l-Murjī, debemos tratar también de la cora de Sidonia (Šidūna) y, en particular, de la alquería de Šarāna, perteneciente al distrito o jurisdicción de Jerez (Šarīš).

Las primeras referencias a esta población aparecen en el siglo XII, más concretamente en la Dajīra de Ibn Bassām (m. 542=1147), donde se cuenta que, en los albores de los reinos de taifas y el ocaso del poder de los Banū ‛Āmir, el epónimo de los Banū l-Murjī y cabecilla de la fitna en la zona, ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad Ibn al-Murjī (vid. 1.1.), se refugió en una aldea (day‛a) de su propiedad que dependía de madīnat Šidūna (la ciudad de Sidonia). Ibn Bassām no facilita el nombre de este lugar, al que sitúa próximo a la ciudad de Sidonia; si embargo, los autores posteriores, que se basan directa o indirectamente en la Dajīra, lo identifican con Šarāna.

En el siglo XIII Ibn Dihya (m. 633=1235) la menciona como alquería de Jerez (qarya min qurà Šarīš), y lugar de procedencia de la familia de Abū l-Hakam ‛Alī Ibn al-Murjī (vid. 1.5.); también Ibn al-Abbār (m. 658=1260) se expresa en semejantes términos (qaryat Šarīš) en su biografía de Abū Ŷa‛far Ahmad Ibn al-Murjī (vid. 1.4.), aunque no la cite en la de Abū Bakr Muhammad b. ‛Abd al-Mālik Ibn al-Murjī (vid. 1.3.); e Ibn Sa‛īd (m. 685=1286), en su reseña sobre este mismo personaje, vuelve a denominarla de igual manera (min qurà madīnat Šarīš).

Llama del mismo modo la atención que el vocablo empleado por Ibn Bassām, day‛a, difiera del generalizado qarya del resto de las fuentes. El significado de ambas palabras es prácticamente equivalente, pero quizás tengamos que entender que, en los años que describe Ibn Bassām –principios del siglo XI–, Jarana no fuera más que una finca o caserío propiedad del susodicho ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad Ibn al-Murjī, cuyo origen podría remontarse a una antigua villa romana.

En la actual provincia de Cádiz, dos topónimos podrían corresponderse con este término que aparece en las fuentes árabes: uno es el Barrio Jarana, pedanía de Puerto Real, a unos 20 kilómetros de Jerez, identificación que propone el profesor Juan Abellán basándose en la información que proporciona el Mugrib de Ibn Sa‛īd; y el otro, la antigua alquería de Jarana que Laureano Aguilar sitúa, acertadamente, en los cerros de Cápita y Mojón Blanco, donde la localiza el deslinde de los términos de Lebrija, Arcos, Medina Sidonia y Jerez, realizado en 1274 por Alfonso Hernández, hijo de Alfonso X.

Cortijo de Cápita
Fotografía: Entorno a Jerez (hnos. García Lázaro)

No conocemos la fecha de entrada en al-Andalus de los Banū l-Murjī. Su nisba al-Lajmī remonta los orígenes de este linaje a la tribu árabe qahtānī de Lajm, cuyos primeros contingentes debieron de llegar a la Península en el siglo VIII, con Mūsà b. Nusayr. Los árabes yemeníes, entre los que se incluyen los lajmíes, ocuparon sobre todo el Sudoeste del territorio andalusí, y en la cora de Sidonia fueron numerosos. La Ŷamhara de Ibn Hazm corrobora este hecho cuando afirma que la casa de Lajm en al-Andalus, es Sidonia, Algeciras y Sevilla. Sin embargo, en su nómina de personajes pertenecientes a esta genealogía, no aparecen referencias de los Banū l-Murjī, a los que, no obstante, sí se refiere en nota Elías Terés en su versión de la obra del cordobés, citando a Ibn Bassām e Ibn Sa‛īd.

La noble ascendencia de los Banū l-Murjī los ayudó a mantenerse siempre cercanos al poder, bien al servicio de los Banū ‛Abbād –también lajmíes– a mediados del siglo XI, bien al de almorávides y almohades durante el XII y el XIII. Aunque la mayoría de las semblanzas coinciden en vocalizar su šuhra como Ibn al-Murjī, Ibn Dihya, basándose en una supuesta autoridad gramatical, explica que la lectura correcta debe ser Ibn al-Murjà, con fatha la jā’. Ésta podría ser, efectivamente, la manera acertada de leer su nombre, y más si tenemos en cuenta que Ibn Dihya conoció bien a uno de ellos, Abū l-Hakam ‛Alī Ibn al-Murjī, con el que aprendió y al que frecuentó, hasta el punto de asistir a su entierro. Ibn al-Abbār, por su parte, escribe Ibn al-Mawjī en su relación de Ahmad b. Muhammad Ibn al-Murjī, error debido, con toda seguridad, a un desliz de transmisión o copia del propio autor, o del editor del manuscrito, que confunde la rā’ con la wāw.

1.1. ¿Abū l-Asbag? Abd al-Azīz b. Muhammad b. al-Husayn b. Kumayl/Kamīl b. Abd al-Azīz b. Hārūn al-Lajmī Ibn al-Murjī

La aldea de Jarana, lugar de procedencia de los Banū l-Murjī, pertenecía a este ‛Abd al-‛Azīz b. Muhammad Ibn al-Murjī quien, como vimos, se guareció en ella durante la fitna anterior a los reinos de Taifas. Cuenta Ibn Bassām que uno de los jefes beréberes victoriosos –tal vez de la tribu zanāta de los Banū Birzāl– lo llevó hasta Carmona cuando reclamó para sí dicha población, que tomó con la ayuda de aquél. El vínculo de los lajmíes con esta ciudad queda de manifiesto en la Ŷamhara de Ibn Hazm, en la que se habla del visir lajmí Muhammad b. Ibrāhīm b. Haŷŷāŷ, que se vio obligado a desalojarla). ‛Abd al-‛Azīz entraría al servicio de los birzālíes hasta el 459 (=1066-7), año en el que otro lajmí, al-Mu‛tadid Ibn ‛Abbād de Sevilla le arrebató Carmona a su régulo, al-‛Izz o al-‛Azīz b. Muhammad al-Birzālī. No tenemos más noticias ni referencias sobre este Ibn al-Murjī, que debió de morir hacia la segunda mitad del siglo XI.

1.2. Abū Marwān Abd al-Malik b. Abd al-Azīz b. Muhammad b. al-Husayn b. Kumayl/Kamīl b. Abd al-Azīz b. Hārūn al-Lajmī Ibn al-Murjī

Hijo del personaje anterior, nació probablemente en Jarana a mediados del siglo XI, aunque según Ibn Bassām se crió en Carmona bajo el dominio de los Banū Birzāl. Doble visir (dū l-wizāratayn) y secretario, desconocemos cualquier información directa acerca de su nombre, nasab o lugares de nacimiento y muerte. De todas formas, y como sucede con su padre, gracias a los datos que proporcionan las biografías de su progenie podemos reconstruir fielmente los primeros y, al mismo tiempo, acercarnos a las fechas y ciudades en las que vivió. El mismo Ibn Bassām nos facilita su kunya, Abū Marwān.

Afirma Ibn Sa‛īd que ‛Abd al-Malik ejerció como secretario de Abū Nasr al-Fath al-Mamūn (m. 484=1091-2) –hijo de Muhammad b. ‛Abbād al-Mu‛tamid– en Córdoba. Años antes, ‛Abd al-Malik ya había servido a los Banū ‛Abbād en Sevilla –a la que se había trasladado tras la toma de Carmona por éstos– durante los últimos momentos del reinado de al-Mu‛tadid (m. 461=1069) y los inicios del gobierno de al-Mu‛tamid (m. 487=1095). Fue en esta ciudad donde nacieron su hijo, Abū Bakr Muhammad, y su sobrino, Abū Ŷa‛far Ahmad. El definitivo traslado y asentamiento en Córdoba de los Banū l-Murjī parece incuestionable, pues allí residió y murió Abū Bakr Muhammad, y en ella nació el nieto de ‛Abd al-Malik, Abū l-Hakam ‛Alī, a finales del 519 (=1126). De otras actividades de ‛Abd al-Malik sabemos que fue maestro y que tuvo como discípulo a su citado vástago, Muhammad. Sobre su muerte no hay noticia alguna, pero es probable que tuviera lugar en Córdoba a principios del siglo XII.




(continuará)

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domingo, 30 de octubre de 2022

Abū Mūsà al-Ḏuŷŷī al-Šarīšī, poeta de Ducha

Abū Mūsà ʽĪsà b. ʽAbd Allāh al-Lajmī al-Ḏuŷŷī al-Šarīšī fue un poeta y maestro jerezano natural de Ḏuŷŷa, alquería que al-Ruʽaynī (Barnāmaŷ, 212, nº 112) sitúa en el distrito de Jerez y que se corresponde con el actual Cortijo de Ducha, a unos cuatro kilómetros al norte de la ciudad, en las cercanías del aeropuerto. Debió de nacer hacia la segunda mitad del siglo XII. 

Pago de Ducha. Mapa de los viñedos del marco de Jerez (1897)

El propio Al-Ruʽaynī nos dice que se lo encontró en diversas ciudades, entre ellas Sevilla y Jerez, donde frecuentaba diferentes tertulias literarias. Concretamente, en el año 1218-9, era cadí de Šallabar, población de la jurisdicción de Jerez, entre ésta y Morón. Según Ibn ʽAskar (Ikmāl, 327-8), se estableció también en Málaga, de la que luego partió, sin que sepamos las fechas. Afirma Ibn al-Abbār (Tuḥfa, 248, nº 109) que aún estaba vivo en el momento de redactar su semblanza, lo que nos indica que debió de fallecer a mediados del siglo XIII.

De sus posibles maestros, el único nombre que nos ha llegado es el de Abū Isḥāq al-Zawālī, citado por Ibn ʽAbd al-Malik (Ḏayl, V, 497-8, nº 910) en la biografía de nuestro personaje. En cuanto a sus discípulos, sólo se da noticia de Abū l-Qāsim ʽAbd al-Karīm  b. ʽImrān y de Abū l-Ḥasan al-Ruʽaynī.

Se conservan fragmentos de varias de sus casidas, la mayoría descriptivas, aunque al-Ruʽaynī afirma que sus versos adoptaban forma de zéjel, estrofa que, al parecer, dominaba. Conocemos también dos interesantes episodios protagonizados por este personaje. El primero de ellos nos lo acerca Ibn al-Abbār, de nuevo en la Tuḥfa, y en él relata que al-Duŷŷī fue azotado por orden del cadí de su ciudad debido a la perfidia de su lengua y a su codicia por los bienes ajenos. Al parecer, gustaba de recitar versos malsonantes y obscenos.


La segunda anécdota, más extensa, la encontramos en los Ikmāl de Ibn ʽAskar e Ibn Jamīs, en los términos siguientes:


Mi tío materno –Dios lo tenga en su gloria– me refirió lo que sigue:

Me contó Abū Mūsà al-Ḏuŷŷī: Oí un día un poema de estilo jafaŷī en el que un verso acerca de un caballo decía:

La mano de la naturaleza lo forjó a hierro y fuego,
utilizando para ello oro y plata.

El verso me gustó y lo repetí en mi mente al tiempo que estudiaba un asunto sobre la ciencia de los uṣūl al-dīn (fundamentos de la religión). Aquella noche me fui a la cama y vi en sueños a un hombre a quien tomé por uno de los cuatro Califas [Ortodoxos] –Dios les conceda su don–. Mis conjeturas se vieron pronto confirmadas, pues aquel hombre era ʽAlī b. Abī Ṭālib –Dios lo premie–. Me acerqué a él y me apresuré a saludarlo, pero me hizo un desaire que me amedrentó un tanto, por lo que me presenté y me dirigí a él con palabras corteses, y fue entonces cuando me respondió:

- ¿Cómo se te ha ocurrido recitar “la mano de la naturaleza lo forjó a hierro y fuego” mientras estudiabas los uṣūl?

Y le respondí:

- ¡Oh Príncipe de los Creyentes!, porque el poeta lo transmitió de esta forma.

Y me replicó:

- ¡Ah! ¿Y tú te consideras poeta? ¿Acaso no es más correcto decir “la mano del Omnipotente lo forjó con su poder”?

Y le dije:

- Por Dios que este verso está mejor ahora, pues en él aparece un taŷnīs (paronomasia) sobre el Creador, y eso es de buen estilo.

Y me contestó:

- ¡Bien dicho! No lo recites, si no es de esta manera. Y entonces, me desperté.

En cuanto a sus casidas, Ibn al-Abbār escoge, entre otros, este fragmento (metro basīṭ, rima -ab):

 

Me dijeron: ¿Bebes después que ya tienes canas?
–Es por una extraordinaria circunstancia
–respondí– [que se da] en el hijo de la uva (=vino).
–Pues los años me han movido los dientes
y yo me bebo el vino, como buen parroquiano, para que [con él] se fortalezca el oro que ya se ha fundido.



BORREGO SOTO, Miguel Ángel. 2012. AL-DUŶŶĪ, ABŪ MŪSÀ. Biblioteca de al-Andalus, vol. 1, Jorge Lirola Delgado y José Miguel Puerta Víl-chez (dirs.), Fundación Ibn Tufayl de Estudios Árabes, Almería, págs. 336-337.

sábado, 29 de octubre de 2022

Ulemas en la ciudad califal de Jerez

Hasta la época del Califato no empezamos a conocer los nombres de los primeros ulemas o sabios que habitaron Jerez. Es en ese momento cuando las biografías de alfaquíes o juristas aumentan en los repertorios bio-bibliográficos, sobre todo las de aquellos relacionados con núcleos de incipiente formación como Jerez. Muchos de estos ulemas eran designados directamente desde Córdoba, probablemente con la idea de consolidar o, al menos, procurar la difusión y aplicación del derecho islámico en las nuevas poblaciones. Uno de estos sabios jerezanos fue Abū Razīn, maestro de origen bereber venerado por sus paisanos. Experto en cuestiones jurídicas (masāʼil al-fiqh), desempeñó el cargo de muftí en varias localidades de la cora, entre ellas su ciudad natal, Šiḏūna, y Jerez, en la que residió, enseñó y murió en el año 947-8.

Ataifor califal procedente de Plaza Belén, Jerez de la Frontera

Otro buen ejemplo de lo que decimos lo encarna Abū Ayyūb Sulaymān al-Šiḏūnī, personaje nacido en Šiḏūna el año 912-3, que viajó a Oriente y, a su regreso, el 948-9, fue nombrado jatib de Jerez por el califa al-Ḥakam II, cargo que desempeñó hasta su muerte, en 982. En su periplo por tierras orientales acompañó a su hermano, Abū ʽUmar Yūsuf (m. 993-4), hombre de letras y predicador en Qalsāna –otra población de la cora– también por encargo califal. Ambos comenzaron en Jerez su formación en la doctrina malikí de la mano de Abū Razīn, con el que estudiaron la Mudawwana (La Recopilación) de Saḥnūn (m. 854-5). Ibn al-Faraḍī añade al respecto la sincera confesión que le hizo Abū ʽUmar acerca de la débil transmisión que Abū Razīn le había hecho de esta obra, tal vez debido a las escasas dotes que este maestro tenía como tradicionista. En Córdoba, escucharon a Muḥammad b. ʽAbd Allāh b. ʽAbd al-Malik b. Ayman, Qāsim b. Aṣbag, al-Ḥasan b. Saʽd, ʽAbd Allāh b. Yūnus, Muḥammad b. Muḥammad b. ʽAbd al-Salīm al-Jušanī, Abū ʽUmar b. al-Šāma y Muḥammad b. ʽUmar b. Lubāba. Trasladados a Oriente, en una travesía que les llevó diez años por Egipto, Yedda y La Meca, tuvieron ocasión de aprender el Muwwaṭṭaʼ (El camino allanado) de Mālik (m. 795), el Kitāb al-Umm (Libro de los Principios) de al-Šāfiʽī (m. 820), y la obra exegética de Muḥammad b. Ŷarīr al-Ṭabarī (m. 923), que darían a conocer en al-Andalus a su vuelta.


El marcado cariz religioso del ambiente social y erudito de Jerez en el siglo X es incuestionable. A Córdoba y Oriente, que son los centros religiosos y culturales del momento, acuden a adquirir ciencia y formación literaria los alfaquíes de todo al-Andalus, incluidos los jerezanos arriba reseñados y otros ilustres habitantes de la Jerez de aquella época, como Abū l-Manāzil Firās b. Aḥmad al-Majzūmī (que aún vivía el 935-6) o Abū Muḥammad Ibn Abī ʽAwsaŷa (m. hacia 986-7).

Sin embargo, entre leyes y aleyas, al menos tres miembros de la élite jurídica y piadosa de la ciudad dedicaron parte de su tiempo a la poesía. Se trata de Abū l-Ḥakam Munḏir al-Šiḏūnī, natural de Šiḏūna y afincado en Jerez, ciudad en la que murió el 945-6; y dos miembros de una misma familia, los Banū l-Majzūm: el alfaquí Abū Jālid Yazīd b. Asbāṭ, que dirigió la oración en Jerez hasta su muerte, y su hijo Abū Yazīd Asbāṭ b. Yazīd, que relevó en el cargo a su padre y falleció a finales del año 1002. Fueron años de auge para Jerez, derivados de la bonanza económica de la región en tiempos de al-Ḥakam II (m. 976).

domingo, 23 de octubre de 2022

Las fuentes árabes y el templo del Hércules Gaditano

¿Avalan las fuentes árabes la teoría de la ubicación del mítico templo de Hércules en la Punta del Boquerón, a orillas del actual caño de Sancti Petri, y no en otras localizaciones?

Dos de ellas, ambas del siglo XIV, pero basadas en textos de geógrafos e historiadores anteriores, apoyan las afirmaciones que sobre este famoso edificio hiciera Estrabón (ss. I a. C. – I d. C.). Según este autor (Geografía, III, 5), los gaditanos ocupaban una isla no mucho mayor de cien estadios de longitud (aproximadamente 18 km) y sólo un estadio (180 m) de anchura en algunos de sus lados, y en cuyo extremo oriental, por donde la isla tocaba más de cerca el continente, se situaba el santuario de Gades o Heracleo, a unas 12 millas de la ciudad, ubicada en el extremo occidental.

Punta del Boquerón (San Fernando, Cádiz)

Afirma Ceán Bermúdez (1832, p. 227) que en ese lugar, llamado hoy en día Punta del Boquerón, frente al islote de Sancti Petri, se descubrieron los cimientos y paredones del templo tras una extraordinaria bajamar ocurrida el año 1730, hecho que se repetiría años más tarde, en 1748, y que aprovecharon los curiosos para extraer de las ruinas del edificio fragmentos de estatuas y otras antiguallas. Este suceso puede precisarse mejor leyendo la carta que el 
erudito cordobés Lope Francisco Gutiérrez de los Ríos y Morales (1705-1742) escribió a su amigo Pedro Leonardo de Villacevallos, según la cual, sabemos que la citada resaca se produjo a causa del terremoto de Marruecos de 1731 y dejó el fondo marino al descubierto en las inmediaciones de la isla de Sancti Petri y la Punta del Boquerón. Gracias a ello, pudieron verse muros, pavimentos de mármol, patios, fragmentos de estatuas, etc.

A pesar de estas evidencias, y de que durante décadas y de manera casi unánime se mantuvo la idea de emplazar el templo de Hércules en el islote de Sancti Petri, pues se pensaba que en época de Estrabón estaba unido a la isla de Gades, las investigaciones paleogeográficas del litoral gaditano indicaban, hace ya dos décadas, que aquél ya estaba separado de Gades desde el Neolítico (Arteaga et alii, 2001). Por ello, lo más lógico era pensar en la Punta del Boquerón, extremo más próximo al continente, como el lugar idóneo de la localización primitiva del edificio, lo que coincidiría con las indicaciones de Estrabón al respecto (Frutos Reyes y Muñoz Vicente, 2004, 17-18, 29 ss.) y con los restos arqueológicos hallados a mediados del siglo XVIII tras aquella extraordinaria bajamar.

Este punto geográfico aparece denominado como estrecho o desembocadura de Šant Bāṭar o Šant Bīṭar (Sancti Petri) por los autores árabes al-Zuhrī y al-Idrīsī, respectivamente. El primero de ellos afirma, además, que era allí donde el Guadalete (Wādī Lakka) vertía sus aguas al Océano. Según otros autores, como el anónimo del Ḏikr bilād al-Andalus y el geógrafo al-Ḥimyārī, era en ese mismo lugar donde se situaban una antigua fortaleza y una gran iglesia (kanīsa la denominan ambos autores).

Efectivamente, leemos en al-Ḥimyārī, al igual que hacíamos en Estrabón, que Cádiz era una isla cuya longitud, de sur a norte, era de doce millas, por una de ancho. En uno de sus extremos o cabos (ṭaraf), continúa este autor, se encontraban las ruinas de una fortaleza construida por los antiguos, como demostraban sus restos, y junto a ella, una iglesia conocida por Šant Bīṭar (San Pedro, ¿tal vez el templo del Hércules Gaditano reutilizado?) y a la que, según el propio al-Ḥimyārī, los cristianos acudían con gran devoción, suponemos que no en el siglo XIV, fecha de redacción de estas obras, sino en la de aquéllas en las que se basaron, tal vez de los siglos X-XI o incluso anteriores (no olvidemos tampoco que la palabra kanīsa podría tener la acepción, en este contexto, de "templo"). Estas afirmaciones las corrobora el Ḏikr bilād al-Andalus cuando menciona, también, a esa fortaleza y a la "gran iglesia” de Šant Bīṭar, en ese mismo punto geográfico de la actual Punta del Boquerón, donde desembocan las aguas del caño de Sancti Petri.

Todos estos datos, por tanto, parecen descartar la ubicación del Heracleo Gaditano en el islote de Sancti Petri o en el lejano Cerro de los Mártires, donde se le ha querido trasladar recientemente (Monterroso Checa, 2021), a pesar de que allí, como en la primera de las localizaciones, los restos arqueológicos no hayan aportado material compatible con la existencia de un santuario de las características del Heracleo.

Recreación del templo del Hércules gaditano por García Bellido (1968)

De este modo, los textos clásicos y árabes que describen aquel lugar, y las evidencias materiales que han ido apareciendo en todo el entorno de la Punta del Boquerón (Corzo Sánchez, 2005; Sáez Romero, Montero Fernández, Díaz Rodríguez, 2005; Sáez Romero, Carrero Ramírez, 2018; Higueras-Milena Castellano, 2020)  podrían indicar que es allí donde se levantaba el templo del Hércules gaditano, tal vez transformado y reutilizado como iglesia por la población cristiana del entorno, según parece deducirse de la lectura de los textos árabes, y donde arqueólogos y geógrafos habrán de seguir buscando su exacta ubicación.