El llamado Bronce de Lascuta, conservado actualmente en el Museo del Louvre, recoge un decreto del pretor romano Lucio Emilio Paulo mediante el cual se concede la libertad a los servi Hastensium residentes en la turris Lascutana. Este documento establece de forma explícita la dependencia de esta comunidad respecto del territorio de Hasta Regia, cuyo solar se identifica con el yacimiento de Mesas de Asta, en el término municipal de Jerez de la Frontera. Este dato, a menudo insuficientemente valorado, sugiere que la localización de Lascut debe buscarse en el ámbito territorial de Hasta, más que en zonas alejadas de este núcleo.
A este indicio se suma la distribución de hallazgos monetarios de la ceca de Lascut, cuya concentración en la campiña baja del Guadalquivir, especialmente en las proximidades de Mesas de Asta y enclaves como el cerro de Mojón Blanco, refuerza la vinculación de esta comunidad con dicho territorio. Como ha señalado Luis Iglesias García, estos datos apuntan hacia una relación funcional y territorial más estrecha con el entorno hastense que con otros espacios tradicionalmente propuestos.
Las fuentes árabes: Ṣqūṭ y la pervivencia toponímica
Un elemento particularmente relevante lo aportan las fuentes árabes medievales. Autores como Ibn Jaldūn o Ibn Abī Zarʿ mencionan una fortaleza denominada ḥiṣn Ṣqūṭ (حصن سقوط), situada en las proximidades de Šarīš (Jerez) y a una distancia compatible con el entorno de Mesas de Asta.
Esta forma puede interpretarse como la adaptación fonética de un topónimo anterior Lasqūṭ (لسقوط), resultado de la reinterpretación de la consonante inicial como si formara parte del artículo árabe al-, un fenómeno bien conocido en la transmisión de nombres antiguos al árabe medieval.
No deja de resultar sugerente que estas fuentes empleen para este enclave términos como ḥiṣn o burŷ, “fortaleza” o “torre”, que evocan, al menos en el plano conceptual, la turris Lascutana mencionada en el célebre bronce de 189 a. C. Aunque media entre ambos testimonios un amplio arco cronológico y contextos históricos muy distintos, la coincidencia tipológica invita a considerar la posible pervivencia en el paisaje de un hito fortificado cuya memoria toponímica habría experimentado una adaptación progresiva a lo largo del tiempo.
En este tipo de casos, más que una simple coincidencia terminológica, lo que parece aflorar es la persistencia de un mismo hito en el paisaje, cuya denominación se transforma con las lenguas, pero no desaparece con ellas.
La convergencia de estos datos —epigráficos, numismáticos, toponímicos y geográficos— permite plantear la hipótesis de que la antigua Lascut podría situarse en el entorno de Monteagudo, en las proximidades de Mesas de Asta, donde la documentación medieval y la geografía del territorio encajan de manera coherente con las referencias conservadas.
Esta propuesta no pretende ofrecer una solución definitiva, sino señalar una vía de investigación que, a la luz del conjunto de evidencias disponibles, resulta especialmente verosímil en relación con el territorio de Hasta Regia.
Una advertencia metodológica: no forzar las evidencias
En los últimos tiempos se ha intentado hacer converger realidades distintas —Lascut, Lakka e incluso el problema del wādī Lakka— en una única construcción interpretativa levantada en gran medida sobre la lectura de una moneda concreta. La operación, desde luego, tiene un indudable atractivo: es ingeniosa y ofrece la ilusión de resolver de un solo golpe varios problemas distintos. Pero precisamente por eso conviene someterla a examen.
A mi juicio, la cuestión debe plantearse desde una premisa más sobria y más fiel a las fuentes: Lakka y Lascut no tienen por qué identificarse entre sí, ni la resolución de uno de estos problemas obliga a forzar el otro mediante construcciones numismáticas excesivamente dependientes de una lectura concreta.
La hipótesis a la que se alude descansa sobre una pieza conservada en Copenhague, cuya lectura se ha interpretado como LASCVT / LAƆƆ(A) MOPSI. A partir de ahí se propone una cadena interpretativa que incluye la identificación de LAƆƆ(A) con Lacca, la interpretación de MOPSI como cognomen heroico y la reconstrucción de un proceso de sinecismo que explicaría la integración de Lascut en una nueva civitas localizada en la Junta de los Ríos.
El problema es evidente: sobre una única moneda se hace descansar a la vez una lectura epigráfica discutible, una identificación toponímica, una interpretación mitográfica, una reconstrucción jurídico-política y una localización geográfica precisa. Demasiadas inferencias para una base tan limitada.
Más que ante una conclusión impuesta por los datos, nos hallamos ante una reconstrucción posible, pero excesivamente dependiente de que todos sus supuestos funcionen simultáneamente. Si uno solo de ellos falla, el conjunto pierde consistencia.
Lascut y Hasta Regia: un dato firme
Frente a ello, el Bronce de Lascuta sigue proporcionando el dato más sólido de todo el problema: la vinculación explícita de la turris Lascutana con el territorio de Hasta Regia. Este hecho obliga a tomar muy en serio una localización en relación con el ager hastensis, en el entorno de las marismas del Guadalquivir, antes que en zonas alejadas de este núcleo.
La dispersión monetaria en la campiña jerezana refuerza esta interpretación como indicador de circulación en ese espacio, aunque, como es sabido, no permite por sí sola identificar una civitas ni establecer traslaciones de población.
Se ha señalado en ocasiones que la tipología de las monedas de Lascut no encajaría con el entorno de Hasta Regia. Sin embargo, este argumento no resulta concluyente. Es cierto que algunos tipos presentan rasgos singulares —como el elefante—, pero otros se insertan claramente en un repertorio compartido por diversas cecas béticas y del ámbito del Fretum Gaditanum.
Motivos como la divinidad femenina galeada o las espigas cuentan con paralelos bien conocidos en cecas como Carmo, Caura o Lastigi, lo que sitúa a Lascut dentro de un lenguaje monetal meridional amplio, no ajeno al bajo Guadalquivir. La tipología, por tanto, no puede utilizarse como argumento para excluir su localización en el entorno hastense.
Conclusión
En suma, la identificación de Lascut debe abordarse distinguiendo claramente los distintos planos del problema. Por un lado, Lakka, cuya localización puede plantearse en relación con Gibalbín y el wādī Lakka; por otro, Lascut, como comunidad vinculada al territorio de Hasta Regia, cuya posible pervivencia geográfica y toponímica encuentra un encaje especialmente verosímil en el entorno de Monteagudo.
A veces, en historia antigua, las hipótesis más brillantes son también las más engañosas: no porque carezcan de ingenio, sino porque aspiran a explicar demasiado con pruebas demasiado escasas. Frente a ello, una lectura más sobria, apoyada en la convergencia de fuentes, topografía y contexto histórico, suele ofrecer resultados más sólidos.
Bibliografía
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