La collación de San Juan ofrece una imagen especialmente compleja de la Jerez andalusí heredada por los castellanos. Si, por ejemplo, y como ya hemos reiterado, San Salvador aparece como el gran núcleo político y religioso de la antigua aljama, o San Lucas como el barrio central de la ciudad aún con una mezquita en uso, San Juan será un barrio donde conviven casas moriscas, mezquitas menores, hornos, alhóndigas y, sobre todo, una intensa actividad artesanal particularmente visible en el llamado barrio de francos. Todo ello dibuja una collación densamente urbanizada, en la que la fisonomía islámica seguía siendo todavía muy reconocible en el momento del reparto.
El carácter urbano y económico de la collación se advierte también en su infraestructura de abastecimiento y trabajo. El documento menciona una alhóndiga en el primer tramo del barrio, luego menciona otras alhóndigas y, más adelante, una más en ruinas en el momento del reparto. A ello se añaden hornos, bodegas, corrales y otros espacios auxiliares. San Juan conservaba, por tanto, una parte sustancial del equipamiento económico de la ciudad: almacenamiento, molienda, cocción y dependencias ligadas a la producción y al abastecimiento cotidianos.
La collación muestra además un tejido doméstico muy funcional, con corrales, corralejos, establos, bodegas e incluso huertas. La vivienda no aparece separada del trabajo ni del almacenamiento, sino integrada en una economía cotidiana intensamente urbana. También llama la atención la reiteración continua de calles y linderos, señal de una trama viaria densa y bien articulada, lejos de la imagen de un espacio residual o periférico.
Uno de los rasgos más llamativos de San Juan es también la presencia explícita de moros con carta del rey. El texto menciona, entre otros, a Abuzeyte Alharrar, Habiby ben Habil, Abdalla Xumiçini, Yuçaf Amidu, Mahomad Amudo y Çorayda. En varios casos se registran además casas compradas a moros que gozaban de reconocimiento jurídico por parte de la Corona. Esto demuestra que en San Juan la continuidad mudéjar no era residual ni anecdótica, sino perfectamente visible todavía en el momento del reparto. La conquista no había borrado de golpe la población islámica, sino que esta subsistía dentro de un nuevo marco de dominación cristiana.
Especial interés tiene también la relación del barrio con el sistema defensivo de la ciudad. El reparto menciona el muro y alude a una puerta, lo que permite pensar que, al menos una parte de la collación, se articulaba en contacto con el recinto murado. Parece muy verosímil identificar esa puerta con la que después sería conocida como puerta de Santiago o de las Siete Puertas, cuya conexión con la actual calle Francos resulta especialmente sugerente. Esa hipótesis encaja bien con la presencia dentro de San Juan del llamado barrio de francos, que probablemente ocuparía una parte de esa vía, mientras que otros tramos corresponderían ya a las collaciones de San Marcos y San Dionisio. No deja de ser una inferencia topográfica, pero me parece una de las más plausibles para reconstruir este sector del Jerez bajomedieval. En el exterior de esa puerta de la muralla se encontraba uno de los dos cementerios de la ciudad islámica. El otro se situaba junto a la puerta del Real, que daba acceso a la collación de San Dionisio.
Mención aparte merece el barrio de francos. En este sector de la collación se concentran nuevos pobladores, propietarios y artesanos, pero lo más interesante es que ese barrio no surge sobre un vacío, sino sobre un soporte claramente andalusí: casas moriscas, corrales, bodegas y una importante concentración de oficios. Destaca especialmente la presencia de varios pellejeros instalados en ese barrio. No se documentan aquí tenerías propiamente dichas, que parecen corresponder al ámbito de San Salvador, como ya vimos, pero sí un sector vinculado al trabajo y comercialización del cuero ya tratado. Esa concentración profesional permite pensar que los pellejeros cristianos heredaron un espacio urbano que ya en época andalusí debió de estar asociado a oficios semejantes. Si se quisiera proponer un nombre árabe hipotético para ese entorno artesanal, cabría pensar en una ḥārat al-jarrāzīn (حارة الخرازين), es decir, un “barrio de los pellejeros”, o incluso en un sūq al-jarrāzīn (سوق الخرازين), un “zoco de los pellejeros”. Y dado que en la collación se menciona además una mezquita cercana a ese mismo entorno, tampoco sería imposible imaginar una masŷid al-jarrāzīn (مسجد الخرازين), una hipotética “mezquita de los pellejeros”. Naturalmente, no se trata de nombres documentados para Jerez, sino de una reconstrucción verosímil a partir de la topografía social y artesanal que deja entrever el Repartimiento.
Quizá esa sea la mejor forma de definir la collación de San Juan: no como un barrio marginal ni como un simple apéndice de la ciudad, sino como un espacio de transición especialmente denso, donde la herencia andalusí y la reorganización cristiana conviven de forma visible en cada calle, en cada casa y en cada equipamiento urbano. Su contacto con el muro, su probable articulación a partir de la posteriormente conocida como puerta de Santiago y la prolongación del barrio de francos hacia parte de la actual calle Francos, una de las principales arterias de la medina de entonces, convierten además a San Juan en una pieza clave para reconstruir la fisonomía del sector noroccidental de la ciudad medieval.

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