domingo, 12 de abril de 2026

La Jerez andalusí (Šarīš) a partir del Libro del Repartimiento: 6. La collación de San Marcos

San Marcos conservaba también en el momento del reparto una cantidad notable de huellas andalusíes: hornos, molinos de aceite, antiguas alhóndigas, casas moriscas, corrales, establos, adarves, callejuelas, huerta con alcoba y, sobre todo, la memoria de una gran propiedad que había pertenecido a un tal Adahbi, "alcalde de los moros", tal vez el último cadí de la medina. A ello hay que añadir otro indicio muy expresivo del perfil artesanal de la collación: la existencia de una casa "que fue de jabón", es decir, de una almona o jabonería.

Uno de los rasgos más interesantes del barrio es su carácter productivo, aparte del residencial. El documento menciona varios hornos, lo que indica la existencia, una vez más, de puntos de cocción integrados en la vida cotidiana de la collación, cumpliendo, como en otras zonas de la medina, una función esencial en el abastecimiento del vecindario. A ello se suma la presencia de, por lo menos, un par de molinos de aceite que revelan una infraestructura vinculada a la transformación agrícola, muy importante para comprender el funcionamiento del barrio y de la ciudad. La función comercial o de almacenamiento se confirma con la presencia de antiguas alhóndigas. El repartimiento menciona dos propiedades que lo habían sido, lo que encaja bien con un barrio de tránsito e intensa actividad económica. Comprobamos cómo estos edificios, una vez repartidos entre los nuevos propietarios cristianos, seguían siendo reconocibles, lo que muestra hasta qué punto el paisaje urbano andalusí persistía todavía en la memoria documental.


A ese perfil productivo se suma además otro indicio muy revelador: la presencia en la collación de varios oficios vinculados al trabajo artesanal, entre ellos correeros, zapateros, vaineros, alfayates e incluso un moro tornero. Considerados en conjunto, estos datos apuntan hacia un pequeño mundo de talleres relacionados con la piel, el cuero, la confección y también la manufactura de la madera, precisamente en un sector de la ciudad donde la topografía y la toponimia posteriores siguen conservando huellas significativas, como el nombre de las calles Tornería o Carpintería, en las inmediaciones del antiguo ámbito de las curtidurías de San Salvador. Si, como parece, en San Juan se documentaban ya pellejeros, no resulta aventurado pensar que en San Marcos se prolongara la continuidad de ese mismo tejido artesanal hacia el barrio de Francos, formando una franja urbana especializada en oficios de transformación y abastecimiento cuya raíz podría remontarse, al menos en parte, a la Šarīš andalusí. 

Por su parte, la mencionada jabonería inmediatamente nos recuerda al dato transmitido por al-Dabbī sobre uno de los imames de la mezquita aljama de Jerez, Ibn Ḥaŷŷāŷ al-Šarīšī que poseía una almona de jabón, lo que sugiere que este tipo de actividad no era marginal, sino que podía integrarse en circuitos económicos de cierto nivel dentro de la ciudad andalusí.


Desde el punto de vista del hábitat, el texto menciona repetidamente casas moriscas: tres pares en un punto, cuatro pares en otro, dos parejuelos más en barrio de Francos y otros varios grupos integrados en propiedades complejas. Esta insistencia permite ver con claridad que la casa morisca seguía siendo una realidad material identificable en el momento del reparto. No se había borrado aún la huella de la vivienda andalusí. A ello se añaden corrales, establos y un adarveio, es decir, un pequeño adarve o callejón cerrado, rasgo muy característico del urbanismo islámico presente en otras zonas de la ciudad. La presencia de una callejuela que sale a barrio de Francos refuerza igualmente la impresión de una trama orgánica y heredada, lejos de cualquier ordenación regular.

Uno de los pasajes más valiosos de la collación es el que recuerda las buenas casas que habían pertenecido al mencionado Adahbi, tal vez el último cadí de la Šarīš andalusí. La propiedad era de gran entidad: incluía casas, corrales, una huerta, una alcoba, una casa que fue molino de aceite y varios pares de casas moriscas. Este conjunto resulta extraordinario, porque conserva la memoria no solo de una élite islámica previa, sino también de una forma compleja de organizar la vivienda y la explotación del espacio. La mención de la alcoba, en particular, sugiere un ámbito doméstico de cierto rango o distinción dentro de esa propiedad.

San Marcos muestra también con claridad la superposición entre la herencia andalusí y la reorganización cristiana. Esto se aprecia muy bien en el barrio de Francos, donde se concentran varias casas, corrales y bodegas concedidas a nuevos pobladores privilegiados, pero asentadas claramente sobre una estructura previa ya existente. 

Esta collación permite ver, así, otra cara de la Šarīš conquistada: la de un barrio donde la ciudad islámica seguía viva en sus estructuras económicas, en sus formas de habitación y en la memoria de quienes la habían gobernado. La presencia de una antigua jabonería, además, añade un matiz muy valioso, pues muestra que la actividad artesanal y transformadora del barrio no se reducía al aceite o al pan, sino que incluía también manufacturas como la del jabón, bien conocidas en el Occidente islámico.

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